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Reflexiones de un torrijista


Anoche tuve un sueño. Soñé que vivía en un país con pobreza creciente, un país engañado e inestable y con ideales muertos, un país totalmente vacío. Anoche tuve un sueño y quise despertar. Ya en la realidad y reflexionando al respecto, me doy cuenta de cuán afortunado soy al vivir en un país como Panamá. A casi treinta años de haber nacido en una época totalmente distinta, nacido en el proceso revolucionario, aquel proceso que muchos recuerdan, un proceso construido con una línea nacionalista y populista que abrió los ojos a los panameños sobre el concepto de soberanía nacional. Nací, crecí y estudié con ese proceso. Hoy, con metas claras sobre lo que quiero para mi futuro, puedo escoger nuevamente a quien, por los próximos cuatro años, dirigirá los destinos de mi país. Es ahí donde me pregunto: ¿Por qué escoger un candidato cuyo ego y deseos de gobernar lo llevan a echar mano de partidos casi obsoletos para, según su plan publicitario y deseos de posicionarse en la mente de los panameños más humildes, enarbolarse como abanderado de todos los hombres y mujeres desempleados del país, a quienes en sus años de vida cuasi pública, nunca miró?
Por otro lado, ¿Por qué votar por una persona cuyo status social da todas las posibilidades conocidas de superación y aún así no las aprovechó? En este punto concluyo: Mi inteligencia me impide ejercer mi derecho a votar por alguien que sabe menos que yo. ¡Yo no boto mi voto!
Con todas estas interrogantes y pensando en los cuatro años perdidos después de una invasión, a mi juicio injusta e injustificada, comparo el antes con el después, las necesidades de hoy con las alternativas propuestas y me doy cuenta que sí hay una propuesta coherente y con sentido, una propuesta joven y capaz. Una propuesta estudiada y seria, sin ambigüedades. Meditando me doy cuenta que el hombre ha muerto, pero la idea sigue viva todavía. El torrijismo es un ideal, una línea. El candidato que avala esta propuesta, su hijo, hoy ha retomado su trabajo, el trabajo encaminado a escuchar el clamor popular y el sentir de un pueblo, el candidato ha recogido la bandera y está delante de nosotros y ahí estará, con mi voto y el de todos los panameños conscientes que desean y quieren un gobierno justo y capaz.
Esto lo digo con la certeza de que él sabe lo que su apellido significa y tiene claro que lo que su padre quiso para él, aún hoy lo quiere para su pueblo. Con esto le digo a quienes han tratado de sepultar poco a poco, los ideales torrijistas. A los que le pesa, todavía hoy en día el fantasma torrijista. A los que han tratado de convertir la imagen del torrijismo, en la imagen de una dictadura. A todos los que se engañan y no aceptan que en todo el tiempo que duro el proceso se beneficiaron directa e indirectamente, a los que no quieren reconocer, sufren amnesia colectiva o no quieren recordar, les digo: "No coman cuento, no se equivoquen, aquí en Panamá, hay torrijismo para rato". Quizás hubo situaciones adversas y confusas, causadas por personas con pensamientos erróneos, equivocadas, es normal, hasta en las mejores familias y hasta en los más grandes estados pasa.
Torrijos y su ideal siguen vivos, hoy más que nunca en mi generación y en aquellas que siguen, que solo conocen de él su historia. Por esto y por todo lo anterior estamos seguros que su herencia hace bien al país y ese bien hoy esta encaminado a crear una "Nueva Nación".

101 años de Panamá América

 
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