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Reflexiones en torno al Canal (II)


No tengo duda alguna respecto a que el Canal y sus muy valiosas inmediaciones fueron tratados, durante los 86 años de administración norteamericana, fundamentalmente como poderosa herramienta militar dentro de la geopolítica global.
Salvo la actividad mercantil en los puertos de Balboa y Cristóbal, los Estados Unidos de América no gestaron operaciones lucrativas que apuntalaran la famosa consigna "funnel of the world commerce" - embudo del comercio mundial - de que hacía gala la antigua Zona del Canal.
Los preciados sitios de Howard, Kobbe, Rodman, Amador, Albrook, Corozal y Clayton - por citar algunas de las áreas del sector Pacífico - junto a Gulick, Sherman, France Field y Davis como contrapartes afines en la costa del Caribe, se utilizaron únicamente para acomodar los distintos cuerpos que conforman aún la maquinaria bélica norteamericana.
El motivo para construir un tercer juego de esclusas en el Canal de Panamá no fue otro que la necesidad de habilitar la vía para que transitaran los buques de guerra estadounidenses que sobrepasaban las especificaciones existentes. Dicho asunto - que se abandonó luego de invertir en campo más de 75 millones de dólares - aparece detallado dentro de las crónicas de la Secretaría de Guerra de 1931, tal y como consta en el Reporte del Gobernador de aquel entonces en la Ley Pública 280, primera sesión del 79 Congreso, estudio del Canal Istmico de 1947, anexo 6, parte 2.
Dicho lo anterior vuelvo a destacar que las adecuaciones que demanda el Canal no son otras que los ensanches previstos, las adiciones electrónicas para navegar en sitios críticos, su oportuno mantenimiento, la preservación racional de los embalses existentes y una administración creativa que se dedique a implantar prontamente actividades afines a las que ofrece ya la ruta panameña.
¿Cómo pueden entonces justificar la inversión de una descomunal suma de dinero quienes avalan el extemporáneo proyecto para construir un tercer juego de esclusas - venga el financiamiento, esquemas, estudios y propuestas del país que quieran - si su sola amortización comprometerá los más críticos años que tendrá que afrontar la República de Panamá como administrador absoluto de la vía interoceánica y sus potenciales riquezas paralelas?
A manera de ejemplo, recuerdo que el oleoducto transístmico funcionó de maravilla durante los años que trasegó petróleo del Pacífico al Caribe. Los gigantes de doscientas y tantas mil toneladas anclaron en ambas costas panameñas, nunca cruzaron el Canal y generaron muchísimo dinero al Estado y sus socios extranjeros.
Cualquiera empresa naviera que desee utilizar los servicios de la vía deberá regirse por las normas de tamaño existentes. De exceder las especificaciones Panamax tendrá dos opciones a seguir: traslada su mercancía de un mar al otro a través de las nuevas, más expeditas y mucho menos costosas facilidades que brinde nuestro país en el futuro o, simplemente, ordena navegar sus buques por el Cabo de Hornos hasta llegar a puerto en otro continente.
Así de sencilla tendrá que ser la política de servicio que el Estado panameño deberá implantar férreamente, primero para beneficio nuestro, y luego para conveniencia del mundo entero.
Ya es hora que empecemos a ver al Canal, no como centro único y donde giran prisioneros los destinos nacionales, sino como otro elemento unido a las muchas ventajas que ofrezca la República de Panamá para desarrollar un excelente esquema comercial entre ella y el resto de las naciones del planeta.

101 años de Panamá América

 
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