Reflexiones sobre dos hechos históricos
I- Somos unos convencidos que al Dr. Belisario Porras, no se le puede regatear la impronta que tuvo en el proceso histórico de la Constitución de nuestro ser e identidad nacional. El hecho de que haya adversado el evento separatista de 1903, no le quita sus quilates de buen patriota y nacionalista. Una lectura, sin apasionamientos ni subjetivismos infundados, de los motivos que lo llevaron a asumir la posición mencionada, daba cuenta de que era un hombre que anhelaba ver a su patria, libre de injerencias tutelas extranjeras y en particular, la estadounidense. Percibió y sintió, que sobre la separación, gravitaba el Leviatan del imperialismo norteamericano y su preocupación central giraba en torno a la eventual mediatización de la República que estaba por nacer. Tuvo toda la razón para pensar de esa manera. Recordemos que ya para el inicio del siglo XX, los Estados Unidos había consolidado su predominio extraterritorial. En ese sentido, sus temores estaban debidamente fundados.
La potencia norteamericana tenía los ojos puestos sobre nuestro territorio. El Dr. Porras no se equivocó. Sin embargo, la certeza de sus juicios críticos, no puede ser interpretadas, en el sentido, de que los líderes del movimiento de 1903 se equivocaron. Conscientes de las aspiraciones independentistas del pueblo panameño, también eran conscientes de las limitaciones que imponían la realidad internacional. Actuaron de manera pragmática, teniendo como objetivo, la República, legando para la futuras generaciones de panameños, la continuidad de la lucha por el perfeccionamiento del Estado Nacional. Pretender analizar lo que hubiera ocurrido, de no darse la independencia en las condiciones referidas, sería caer en el campo de la especulación.
II- Sirva de marco metodológico -interpretativo, arriba expuesto, para hacer justicia a una generación de jóvenes estudiantes, que durante la coyuntura del debate que precedió a la firma de los Tratados Torrijos Carter, enarboló el planteamiento del rechazo de los acuerdos binacionales. Hay algunos estudiosos del tema que consideran la posición de un sector importante del movimiento estudiantil de la época, como desacertada y antihistórica. Cuando aluden a grupos estudiantiles como el Guaykucho y el Frente Estudiantil Revolucionario, lo hacen despectivamente, con todo tipo de adjetivaciones, perdiendo de vista, que este enfoque es unilateral y mecanista y huérfano de toda dialéctica, para entender la coyuntura in comento.
Cierto es que dichas organizaciones adversaron los Tratados Torrijos Carter, posición que se centró en un eje plenamente patriótico y nacionalista. Les preocupaba el hecho de la continuidad de las bases militares en el territorio nacional. Todo el arsenal ideopolítico, se resumía en la consigna ¡Bases no!, objetivo estratégico, que sigue teniendo vigencia, hasta no ver salir el último soldado de nuestro territorio nacional. En aquella ocasión, los militares y las fuerzas políticas aliadas, caracterizaron dicha posición como la del "todo o nada". Sin embargo, hoy hay que observar los hechos y las posiciones encontradas, sin los subjetivismos y apasionamientos propios del debate tratadil de la época. Tal vez, sin proponérselo, esa generación de estudiantes y organizaciones estudiantiles, coadyuvaron en la realización del tratado posible. En una ocasión, le escuché decir al Dr. Rómulo Escobar Bethancurt, que las negociaciones con los norteamericanos, se pusieron difíciles, dada la intransigencia de éstos últimos en ceder posiciones a la causa panameña, y que hasta cierto grado, gracias a la actividad patriótica y de masas de los estudiantes y de grupos como el Camilo Torres, Guaykucho, FER y la Liga Socialista Revolucionaria, lograron persuadir a los negociadores norteamericanos, de que un fracaso de las negociaciones era peligroso, ya que la oposición radical, tendía a crecer y prender entre las masas.
El ilustre hombre de leyes y fogoso político, no dejaba de tener razón. La presión del movimiento de masas fue un factor importante en el proceso de negociaciones de los Tratados Torrijos Carter.
Lo anterior no significa que hubo algún tipo de contubernio entre los estudiantes, sus líderes y el gobierno de la época. Todo lo contrario, las contradicciones fueron agudas. Los grupos estudiantiles mencionados estaban convencidos de que el Tratados Torrijos Carter era inconveniente y presionaban en dirección a su no aprobación. Nadie puede ni podrá cuestionarles, que sus motivaciones no estaban imbuidas de un sentido patriótico y nacionalista. Como se diría en dialéctica histórica, las contradicciones abrieron cauce a una síntesis histórica. El Tratado Torrijos Carter y la consigna, ¡Bases no!, sigue siendo un objetivo, hasta tanto se desmantele todo el andamiaje militar norteamericano de nuestro territorio nacional.
La potencia norteamericana tenía los ojos puestos sobre nuestro territorio. El Dr. Porras no se equivocó. Sin embargo, la certeza de sus juicios críticos, no puede ser interpretadas, en el sentido, de que los líderes del movimiento de 1903 se equivocaron. Conscientes de las aspiraciones independentistas del pueblo panameño, también eran conscientes de las limitaciones que imponían la realidad internacional. Actuaron de manera pragmática, teniendo como objetivo, la República, legando para la futuras generaciones de panameños, la continuidad de la lucha por el perfeccionamiento del Estado Nacional. Pretender analizar lo que hubiera ocurrido, de no darse la independencia en las condiciones referidas, sería caer en el campo de la especulación.
II- Sirva de marco metodológico -interpretativo, arriba expuesto, para hacer justicia a una generación de jóvenes estudiantes, que durante la coyuntura del debate que precedió a la firma de los Tratados Torrijos Carter, enarboló el planteamiento del rechazo de los acuerdos binacionales. Hay algunos estudiosos del tema que consideran la posición de un sector importante del movimiento estudiantil de la época, como desacertada y antihistórica. Cuando aluden a grupos estudiantiles como el Guaykucho y el Frente Estudiantil Revolucionario, lo hacen despectivamente, con todo tipo de adjetivaciones, perdiendo de vista, que este enfoque es unilateral y mecanista y huérfano de toda dialéctica, para entender la coyuntura in comento.
Cierto es que dichas organizaciones adversaron los Tratados Torrijos Carter, posición que se centró en un eje plenamente patriótico y nacionalista. Les preocupaba el hecho de la continuidad de las bases militares en el territorio nacional. Todo el arsenal ideopolítico, se resumía en la consigna ¡Bases no!, objetivo estratégico, que sigue teniendo vigencia, hasta no ver salir el último soldado de nuestro territorio nacional. En aquella ocasión, los militares y las fuerzas políticas aliadas, caracterizaron dicha posición como la del "todo o nada". Sin embargo, hoy hay que observar los hechos y las posiciones encontradas, sin los subjetivismos y apasionamientos propios del debate tratadil de la época. Tal vez, sin proponérselo, esa generación de estudiantes y organizaciones estudiantiles, coadyuvaron en la realización del tratado posible. En una ocasión, le escuché decir al Dr. Rómulo Escobar Bethancurt, que las negociaciones con los norteamericanos, se pusieron difíciles, dada la intransigencia de éstos últimos en ceder posiciones a la causa panameña, y que hasta cierto grado, gracias a la actividad patriótica y de masas de los estudiantes y de grupos como el Camilo Torres, Guaykucho, FER y la Liga Socialista Revolucionaria, lograron persuadir a los negociadores norteamericanos, de que un fracaso de las negociaciones era peligroso, ya que la oposición radical, tendía a crecer y prender entre las masas.
El ilustre hombre de leyes y fogoso político, no dejaba de tener razón. La presión del movimiento de masas fue un factor importante en el proceso de negociaciones de los Tratados Torrijos Carter.
Lo anterior no significa que hubo algún tipo de contubernio entre los estudiantes, sus líderes y el gobierno de la época. Todo lo contrario, las contradicciones fueron agudas. Los grupos estudiantiles mencionados estaban convencidos de que el Tratados Torrijos Carter era inconveniente y presionaban en dirección a su no aprobación. Nadie puede ni podrá cuestionarles, que sus motivaciones no estaban imbuidas de un sentido patriótico y nacionalista. Como se diría en dialéctica histórica, las contradicciones abrieron cauce a una síntesis histórica. El Tratado Torrijos Carter y la consigna, ¡Bases no!, sigue siendo un objetivo, hasta tanto se desmantele todo el andamiaje militar norteamericano de nuestro territorio nacional.