Reflexiones sobre el sector salud
Terminó el paro médico, pero las causas fundamentales que lo motivaron aún están por resolverse.
Debo reconocer que durante ese período mantuve repetidas comunicaciones informales con personajes involucrados. Yo no sé si la información conciliadora llegó a donde tenía que llegar, pero de que había en ambos sectores elementos que apostaban a la tercera guerra mundial, es algo innegable. Gracias a Dios al final del camino se impuso la cordura.
Detrás de toda la marejada de declaraciones yacían los tres puntos controversiales básicos. Era de justicia un aumento salarial para un grupo de profesionales que dedican largos años para prepararse y estar en capacidad de atender a sus semejantes. Recordemos lo que dice la vieja historia: cuando el paciente está moribundo somos más queridos que un santo. Al mejorarse, somos hombres; y, al pasar la cuenta por nuestros servicios, somos hijos del demonio.
Otro de los temas álgidos es el relacionado a la creación de mecanismos expeditos para la utilización de los recursos del Estado a través de consejos, patronatos, ONGs, etc. El problema radica en que en el ejercicio del diario acontecer, una mano misteriosa, como decía Adam Smith, no ha guiado la administración de estas entidades hacia el bien común, sino para conceder opíparos contratos a compañías recién creadas que se ganan los concursos o licitaciones de manera transparente, o se nombren por selección a individuos predefinidos no por su experiencia, títulos o capacidad.
El tercer tópico de discordia es el nuevo Sistema Público de Salud, salido de las entrañas de la mesa de concertación por parto distócico. Hay en este anteproyecto aseveraciones que demandarán una tonelada de paciencia para poder consensuar la redacción final.
Lo relativo a los escalafones gremiales, si el Estado certificará o evaluará la idoneidad profesional, pero sin tener que regalarle dineros de nuestros aspirantes a una entidad extranjera y sin derecho a réplica. Si será la CSS o el MINSA el que asumirá finalmente luego de las etapas previas de Coordinación e Integración, la Provisión de los Servicios de Salud para todos los panameños y con qué plata se pagarán estos gastos. Si el Estado asumirá el deber que tiene con todos los panameños o persistirá en la neoliberal y recurrente idea de achacarle todo al Programa de Enfermedad de la CSS.
Como vemos, el año 2008 estará lleno de retos. En la medida en que nadie se crea dueño de la verdad y en atreverse a dar un paso atrás para reconocer sus propios errores, así avanzaremos en la senda del desarrollo integral, convencidos de lo que nos repetía Juan Pablo II: ?Hay Justicia para todos o no habrá paz para nadie?.