Reflexiones sobre la crisis de Ecuador
El politólogo ecuatoriano Carlos de La Torre formula unas reflexiones sobre la reciente crisis ecuatoriana que debieran ser tomadas en cuenta por otros gobernantes. Considera el estudioso que las tácticas utilizadas contra Jamil Mahuad han repetido el patrón conspirativo utilizado para derrocar al expresidente Abdalá Bucaram.
La primera secuencia de la crisis empieza cuando el gobierno intenta poner en práctica el ajuste estructural que reclaman las IFIs, es decir reducir el déficit fiscal, eliminar subsidios a los combustibles, en una palabra, sincerar los costos reales de la economía porque el Estado ecuatoriano está hundido por la acumulación del proteccionismo.
A partir de ese momento estallan las protestas populares, paros de transportistas, huelgas de trabajadores estatales, cadenas de marchas callejeras en Guayaquil y Quito, movilización de grupos indígenas reclamando derechos estampados en la Constitución, pero sin financiamiento por el deterioro del ingreso. Simultáneamente los grupos políticos parlamentarios - de mayoría contraria al presidente de la República - ingresan a un período de cabildeos para ganarse la buena voluntad de los protestantes proletarios y presionar al Organo Ejecutivo. Finalmente las maniobras y protestas se enardecen, el país se ve envuelto en turbulencias sin fin y el gobierno concluye cediendo a la presión de los agitadores y descongela lo que antes congeló en materia de precios de productos de consumo popular .
La reiteración de la estrategia ha paralizado las reformas fiscales y Ecuador se interna cada vez más en una ciénaga de desestabilización política, quiebras de bancos y aumento de los hoyos fiscales. En el intento de reflotar el país sudamericano, han fracasado populistas, socialcristianos y otras tendencias.
Asevera finalmente el politólogo que los partidos no tienen alternativas para romper el círculo vicioso de la crisis. Sin embargo, tendrá que encontrarla Ecuador para hallar una salida o enfrentar el riesgo de ver agravar su situación a niveles de explosión terminal.
La primera secuencia de la crisis empieza cuando el gobierno intenta poner en práctica el ajuste estructural que reclaman las IFIs, es decir reducir el déficit fiscal, eliminar subsidios a los combustibles, en una palabra, sincerar los costos reales de la economía porque el Estado ecuatoriano está hundido por la acumulación del proteccionismo.
A partir de ese momento estallan las protestas populares, paros de transportistas, huelgas de trabajadores estatales, cadenas de marchas callejeras en Guayaquil y Quito, movilización de grupos indígenas reclamando derechos estampados en la Constitución, pero sin financiamiento por el deterioro del ingreso. Simultáneamente los grupos políticos parlamentarios - de mayoría contraria al presidente de la República - ingresan a un período de cabildeos para ganarse la buena voluntad de los protestantes proletarios y presionar al Organo Ejecutivo. Finalmente las maniobras y protestas se enardecen, el país se ve envuelto en turbulencias sin fin y el gobierno concluye cediendo a la presión de los agitadores y descongela lo que antes congeló en materia de precios de productos de consumo popular .
La reiteración de la estrategia ha paralizado las reformas fiscales y Ecuador se interna cada vez más en una ciénaga de desestabilización política, quiebras de bancos y aumento de los hoyos fiscales. En el intento de reflotar el país sudamericano, han fracasado populistas, socialcristianos y otras tendencias.
Asevera finalmente el politólogo que los partidos no tienen alternativas para romper el círculo vicioso de la crisis. Sin embargo, tendrá que encontrarla Ecuador para hallar una salida o enfrentar el riesgo de ver agravar su situación a niveles de explosión terminal.