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Reforma constitucional


Sentí gran intranquilidad al enterarme de que la Asamblea Nacional le había otorgado poderes extraordinarios al Presidente de la república. 

Esta intranquilidad vino de la sensación intuitiva de que hay algo chocante en que una función que fue delegada a un grupo de representantes de los ciudadanos fuese re-delegada a un individuo. Esta intranquilidad vino de que a unos cuantos grados de latitud al sur de nosotros un presidente, legalmente elegido, ha utilizado estos poderes extraordinarios para llevar a un país entero al borde del despeñadero. Esta intranquilidad se agrava cuando me entero de que lo actuado es perfectamente legal, según lo estipulado por nuestra Constitución Política.

Al reconocer el principio de los derechos individuales, pero no aplicarlos en su totalidad, vivimos constantemente en un precario estado de transición entre la dictadura y la libertad individual.  ¿Cómo es que un gobierno vecino ha logrado "legalmente" llevar un país entero al borde del abismo? ¿Podría pasar en Panamá?

Tenebrosamente, nuestra Constitución Nacional permite que el gobierno reemplace los derechos del hombre con "los derechos de la masas" o los intereses de algunos individuos.

A diario veo opiniones vertidas sobre lo que el "gobierno tiene que hacer" para mejorar tal o cual cosa, pero el titular de todos los días debería ser: "Nuestra Constitución No Subordina El Gobierno a los Ciudadanos".

Nuestra Constitución actual da un cheque en blanco sobre nuestras vidas al gobierno de turno.  Nuestra Constitución institucionaliza la creencia de que otros tienen derecho a disponer azarosamente de nuestra persona y bienes, de que la voluntad de la mayoría es omnipotente; de que la fuerza física de las armas y del número puede sustituir a la justicia y la verdad. 

Bajo esa Constitución vivimos precariamente en un Estado donde puede ocurrir la inversión final: donde el gobierno se halla en libertad de hacer lo que le plazca, mientras que los ciudadanos solamente pueden actuar si se les da permiso.

Me parece estéril opinar sobre ejemplos específico cuando nuestros fundamentos están podridos. 

Solamente lograremos claridad de objetivos y tranquilidad cuando se reforme la Constitución, de tal manera que tengamos un sistema que no dé oportunidad ni excusa legal alguna para que pueda desarrollarse una tiranía.  Esto únicamente puede resultar de una Constitución que instruya a los gobernantes en cuanto a sus deberes, delimite y constriña los poderes del gobierno, y cree un verdadero sistema de contención y equilibrio.

Para que mejore el país
Espero que en este año 2008 las cosas de verdad mejoren para todos nosotros, porque en Panamá necesitamos cambios muy profundos y sólo con la verdad por delante y exponiendo la corrupción los podremos lograr.  

Atentamente,
Luis Rubén Paz Mollah
Comerciante

101 años de Panamá América

 
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