default

Reformas tributarias: caldo de ortigas



Recientemente, un distinguido abogado, de quien fui profesor en la Universidad de Panamá, el miércoles 21 de mayo del año que decurre, en vísperas de la gran marcha contra el hambre y la desesperación, escribió un artículo al que intituló: "Tributemos para combatir el hambre" y en él se dedica, violentando algunas normas elementales de respeto y objetividad, a intentar contradecir mi ensayo correspondiente a la edición del domingo 18 del presente mes: "Marchando contra el hambre y la desesperación".
Algo que me resulta importante destacar es lo siguiente: ¿quién es mi contradictor? Pues nada más y nada menos que el asesor de la Dirección General de Ingresos del Ministerio de Economía y Finanzas que, al parecer, se sintió lastimado cuando tomamos participación en el programa Ante La Prensa, que dirige el destacado abogado y periodista Lic. Julio Miller. En esa programación destruí, in voice, todos y cada uno de los argumentos que esbozó el precitado abogado -flatus voces-y que ahora, según he leído, vuelve a repetir los mismos que expresó en el citado programa de televisión. Fue ese mismo abogado, autor del ensayo en el que despotrica de las realidades del pueblo panameño, quien amenazó a nuestro hermano Ramiro Guerra, luego que intervino en la televisión, diciéndole en tono amenazante "Usted sí tiene que pagar el 5% porque tiene mucho dinero". ¡Vaya manera de tratar a los demás y, peor aún, con qué tipo de increpaciones! ¡Ojalá Ramiro tuviera "mucho" dinero!
Dice el Lic. Elías Solís, quien me llama profesor, pero que no me respeta dado que pone en mi boca y en mi pluma cosas que nunca he dicho, dado que según él yo escribí que la Ley 61 de 26 de diciembre de 2002 "es la causa del hambre y de la desesperación de nuestra gente", que "mi apreciado profesor carece de objetividad al exponer sus argumentos contra la nueva ordenanza", que "no es cierto que la reforma haya disminuido el poder adquisitivo de la canasta básica de los alimentos del pueblo panameño", que "por eso todos debemos promover la cultura tributaria en lugar desorientar a la población únicamente para proteger intereses personales". Como se advierte, pues, son expresiones de grueso calibre las que mi exalumno profiere en mi contra y que en este escrito, de modo muy sucinto, destruiré por sospechosas, parciales, carentes de objetividad, aunque existen sobradas razones, además de las que expondré a renglón seguido, que me permiten desmentirlo.
Recuerde usted, querido y apreciado abogado, lo que le señalé en la televisión al advertirle "Ha tomado en cuenta usted cuál es el escenario económico, la realidad del pueblo panameño, en el que se insertan esas reformas tributarias que yo he calificado de perversas?" "Sabe usted cuántos son los cientos de miles de panameños que pasan hambre y desesperación en nuestro país? ¿Sabe usted cuáles son los altos niveles de desempleo que hay en Panamá? ¿Conoce cuántos panameños, a diario, se acuestan con hambre entre tanto usted duerme lleno y en gran confort? Sin embargo, a cada pregunta mía, usted parecía estar autoprogramado para contestar como cuando niños solíamos repetir aprendidas estrofas de poesías. Por el contrario, me esquivaba y se mostraba ajeno con mis argumentos. Fue por eso, licenciado Solís, que le dije que había que cuidarse del análisis lógico formalista, porque era meramente apariencial; es decir, falsario, al decir del célebre epistemólogo Karl Popper.
Nosotros, merced a la lógica propia de las realidades, de esa que se conoce en filosofía como la lógica material, es que hemos venido basando y dando a conocer las "perversidades" de la Ley 61 de diciembre 26 de 2002. Usted, defenestrando toda la realidad de nuestro pueblo, de sus miserias, angustias y aflicciones, soslayó tratar en su extenso escrito cuestiones básicas que son a la esencia de la injusticia de la precitada ley como veremos a continuación:
a. Más impuestos para el pueblo panameño: es mentira que los que ganan menos de B/.800.00 mensuales son beneficiados con dicha ley. Sí, cierto es que no tienen que pagar el impuesto sobre la renta, pero de la suma que se les exonera tienen que pagar, a diario, constante y permanentemente, el cinco por ciento (5%) del impuesto selectivo al consumo y el 5% al momento de solicitar los servicios de las profesiones, artes, técnicas y oficios liberales, violentándose lo normado en el artículo 40 de la Constitución Nacional que prohíbe, tajante y determinantemente, que dichas profesiones y oficios , en lo que toca a su ejercicio, puedan ser objeto de gravamen, impuesto, tasa o contribución alguna. Su análisis de que tienen a su disposición B/.55.00 que antes no tenían y que para gastar esa suma habría que ganar B/.1,100.00 resulta falso, pues quienes ganan una u otra suma, para su conocimiento ilustre abogado, gastan cinco veces más de la suma que usted refiere o señala. ¡Qué eufemista es usted al señalar que sólo disponen de un 5%!, y le pregunto: ¿Dónde quedan los gastos escolares, los otros impuestos, cobros, tasas y descuentos que se hacen al trabajador y funcionario panameños, tales como: seguro educativo, impuestos a las personas naturales y jurídicas, impuestos aeroportuarios, a las exportaciones y a las importaciones, las cuotas en los colegios públicos y privados para la realización de actividades, el impuesto a la recolección de la basura, las tasas por el servicio del agua, los costos de la telefonía y la energía eléctrica, etc.? En realidad, licenciado Solís, le pregunto, ¿en qué país vive usted? Por alguna razón recuerdo la obra Alicia en el País de las Maravillas y, también, por alguna razón, la relaciono con usted. Hay que saber y oler a pueblo para comprender por qué las reformas tributarias han causado tanto malestar al pueblo de esta nación.
b. Los nuevos tributos no son equitativos: no puede haber o existir equidad alguna allí en donde prima y reina, se soberanea, la injusticia social. ¿Cómo puede afirmar que hay que tributar para luchar y acabar contra el hambre?, si todos sabemos que los gobiernos latinoamericanos son especialistas, salvos contadas excepciones, en no redistribuir los ingresos de las finanzas de los Estados en bien de los pueblos. Por esa razón le advertí que no podíamos hablar de cultura tributaria cuando los que pagan impuestos están cansados de ver cómo se dilapidan los dineros del erario público. ¿Cómo explica usted la exoneración hecha por el gobierno a la empresa Panama Ports, a la Hutchinson, ambas empresas portuarias? ¿Cómo justifica usted los altos gastos de representación en que incurren las delegaciones oficiales ampliadas -todos los amiguitos quieren ir- que se hacen al extranjero y, como si fuera poco, en primera clase? ¿Cómo explica usted que la deuda pública se haya incrementado en más de mil millones de dólares en menos de las dos terceras partes del ejercicio del poder político que lleva el gobierno actual? Por eso pregunto, ¿en qué país vive usted? ¡Conteste, si es que puede!
c. Una nueva versión de la Gestapo o de la KGB?. Esto a propósito de la Dirección General de Ingresos que, conforme a la ley de las reformas tributarias, no requiere autorización u orden alguna de autoridad judicial competente para entrar, ingresar, penetrar, invadir o requerir a un establecimiento de persona natural o jurídica pretextando las cobranzas de los impuestos o tributos de la nación. Ello, como es harto sabido, violenta la Constitución Nacional que en su artículo 29 prescribe la prohibición de violentar la correspondencia y demás documentos privados sin que medie orden de autoridad judicial competente y, conforme ha dicho la Corte, precisando el punto específico que se desea sea objeto de la inspección ocular o judicial.
Finalmente, quiero dejar consignada una cuestión de orden: no somos tan ingenuos como para considerar que las reformas tributarias son la causa de la pobreza y de la miseria de nuestra gente, lo que sí es válido es que las mismas se constituyen en una concausa que agrava esa miseria y esa pobreza. Relea mi artículo, pues no hice la aseveración que usted transcribe.
No peco, por otra parte, de falta de objetividad. Ese sí es el error en el que incurre, abierta y dolosamente usted. Por eso es que no me causa extrañeza alguna que su artículo lo publica en un día en que precisamente el pueblo se dispone salir a las calles para protestar contra las injusticias de esa ley inconstitucional y perversa. La canasta básica de los panameños, señor abogado, sí se ha visto reducida. Piense en esto: ¿Lo que ayer se compraba con un dólar puede comprarse hoy? ¡De seguro que no!, pues si no se dispone de los cinco centavos adicionales del 5%, como diría puro pueblo "se fregó el paseo". "Se jodió el mandao".
De esta manera, apreciado licenciado Solís, respondo a su ensayo y termino diciéndole, junto a Michelle Foucault: el saber es poder. Úselo en beneficio de nuestra gente y no en contra de ella. Al decir de Sócrates: Háblame para conocerte; y como dice Cristo: por sus dichos los conoceréis. Espero que no hayan heridas a la susceptibilidad, sino que veamos la cuestión en el plano eminentemente profesional, analítico e inteligente.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América