Reformas, tributos y Caja
MUCHOS COMENTARIOS se han suscitado con motivo de las leyes para establecer nuevos tributos, por una parte, y por la otra, salvar del hundimiento a la Caja de Seguro Social. El Gobierno preparó para ello un plan que hace poco publicó. Acto seguido, invitó a la comunidad a participar para considerarlo este lunes y martes, a fin de enviarlo luego a la Asamblea Nacional para someterlo a primer debate el miércoles.
Sensatamente se han alzado voces para decir que una ley o leyes tan importantes no pueden dictarse tan apresuradamente, opinión que compartimos.
Si tan solo podrá participar el pueblo en discusiones de las mismas durante dos días, tendremos que convenir en que muy poco es lo que se logrará. El escenario será uno de encendidas discusiones y pocas conclusiones. El presidente de la comisión revisora, Asamblea-pueblo, en un momento dado podría decir que no hay más tiempo para seguir discutiendo y declarará cerrado el ciclo. Entonces, el paquete se remitirá, ipso facto, a la Asamblea Nacional. Para ello se convocaría a sesiones extraordinarias.
Lo sensato sería esperar a que el nuevo período de sesiones se haya abierto a fin de someterle el proyecto a los señores diputados para su consideración. Pero pagar ahora por dichas sesiones, sería casi una burla y una gran contradicción. Si estamos todos procurado salvar la situación de la CSS y dispuestos a dar lo que con justicia y ordenadamente se deba dar para lograrlo, resultaría irritante que se derroche dinero para pagar a los señores diputados por reunirse en sesiones extraordinarias.
En el caso de que de todos modos se decidiera efectuar sesiones extraordinarias, debiera ello hacerse sin pago alguno. Si los diputados son verdaderamente íntegros y patriotas, deben estar dispuestos a sesionar gratuitamente. El momento no está para que hablemos de cuotas de sacrificio sino de cuotas para beneficio.
Cobrar dentro de las actuales circunstancias de desesperación económica sería tan inmoral como insensato, tal cual exigirle a un náufrago que pague si es que quiere que los rescaten de las procelosas aguas en que está a punto de perecer.
El apuro ya está dejando y dejará muy mal sabor entre la gran mayoría de nuestros conciudadanos porque, además, engendra una terrible duda sobre las sanas intenciones del gobierno.
Creemos que las declaraciones del Presidente de la República, por más que aparenten ser sinceras, se enmarcan en un inadecuado ambiente de imposición. Se están dejando abiertas las puertas para una "paquetazo", o sea que, a plena luz del día, las reformas se pasen a tambor batiente.
Sensatamente se han alzado voces para decir que una ley o leyes tan importantes no pueden dictarse tan apresuradamente, opinión que compartimos.
Si tan solo podrá participar el pueblo en discusiones de las mismas durante dos días, tendremos que convenir en que muy poco es lo que se logrará. El escenario será uno de encendidas discusiones y pocas conclusiones. El presidente de la comisión revisora, Asamblea-pueblo, en un momento dado podría decir que no hay más tiempo para seguir discutiendo y declarará cerrado el ciclo. Entonces, el paquete se remitirá, ipso facto, a la Asamblea Nacional. Para ello se convocaría a sesiones extraordinarias.
Lo sensato sería esperar a que el nuevo período de sesiones se haya abierto a fin de someterle el proyecto a los señores diputados para su consideración. Pero pagar ahora por dichas sesiones, sería casi una burla y una gran contradicción. Si estamos todos procurado salvar la situación de la CSS y dispuestos a dar lo que con justicia y ordenadamente se deba dar para lograrlo, resultaría irritante que se derroche dinero para pagar a los señores diputados por reunirse en sesiones extraordinarias.
En el caso de que de todos modos se decidiera efectuar sesiones extraordinarias, debiera ello hacerse sin pago alguno. Si los diputados son verdaderamente íntegros y patriotas, deben estar dispuestos a sesionar gratuitamente. El momento no está para que hablemos de cuotas de sacrificio sino de cuotas para beneficio.
Cobrar dentro de las actuales circunstancias de desesperación económica sería tan inmoral como insensato, tal cual exigirle a un náufrago que pague si es que quiere que los rescaten de las procelosas aguas en que está a punto de perecer.
El apuro ya está dejando y dejará muy mal sabor entre la gran mayoría de nuestros conciudadanos porque, además, engendra una terrible duda sobre las sanas intenciones del gobierno.
Creemos que las declaraciones del Presidente de la República, por más que aparenten ser sinceras, se enmarcan en un inadecuado ambiente de imposición. Se están dejando abiertas las puertas para una "paquetazo", o sea que, a plena luz del día, las reformas se pasen a tambor batiente.