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Reformemos nuestras cabezas, después la Constitución


Vamos a abordar el tema, muy difundido en los últimos meses, sobre las reformas constitucionales. Un "nueva Constitución" es reclamada por diversos sectores de sociedad panameña como una necesidad para el país y por ello se propone la "quinta papeleta" de manera que en los comicios mayo de 2004 la población decida al respecto. Hay quienes proponen la constituyente como mecanismo para la "nueva Constitución" aun cuando no está consignada en el artículo 308. En efecto, existen dos vías de reformas: (a) A través de dos legislaturas de una misma Asamblea. Esta fórmula exige que cumplido con este requisito, se realice un referéndum. (b) A través de dos Asambleas distintas. Aquí no dejamos de reconocer el temor y la incredibilidad de cambios efectivos y de fondo si de la actual (o futura) Asamblea Legislativa dependen. De esto son conscientes, incluso, quienes adversan la propuesta del FORO 2020 (quinta papeleta) debido a la confusión que podría darse en el proceso electoral convocado específicamente para la escogencia del presidente y vicepresidentes; los alcaldes, legisladores y representantes de corregimientos.
Un hecho es cierto. Si de historia constitucional se trata un espacio importante lo representan los recambios de una u otra forma de dominación política y, en menor grado, la democratización del país. La democracia, los derechos sociales e individuales, han ido a pasos de tortuga ante la falta de cultura política de la clase dirigente. Y sabemos que en ausencia de una cultura política y visión real de equidad fracasa la mejor constitución del mundo. En efecto, las hojas de papel soportan lo que se escriba, habría que ver las cabezas que han de llevarlas adelante, respetarla y hacerla respetar.
La primera constitución se promulga en febrero de 1904; tres décadas y media después, en el mandato de Arnulfo Arias, se aprueba la segunda Constitución Política, la de 1941. La nueva carta fundamental no era ajena a la realidad en las relaciones de Panamá con los Estados Unidos (desaparece el artículo 136 referente al derecho a la intervención), además de expresar los cambios evidentes en la vida política y en el régimen institucional panameño. Sin embargo, razones políticas van a explicar que a solo cinco años se apruebe la tercera Constitución, la de 1946, gracias a la Asamblea Constituyente que surge, no por consenso, sino por la situación de facto reinante.
Es cierto que la Constitución de 1946, por algunos considerada la mejor, nace del poder constituyente. Este mecanismo no estaba, como tampoco hoy, en la constitución de 1941. Fue producto de la situación de crisis política y disposición de un sector de la clase gobernante de hacerlo a través de esa vía. ¿Cuál era esa situación de crisis política? De 1944 hasta mediado de 1945 se había conformado una Junta de Gobierno integrada por Ricardo Adolfo de la Guardia, Francisco Arias Paredes y Domingo Díaz. Imperaba cierto "vacío" desde la caída de Arnulfo Arias en 1941 por lo que la Junta tomó las siguientes decisiones: Revocó la Constitución de 1941, disolvieron la Asamblea de Diputados y convocaron elecciones a la Asamblea Constituyente. La Constitución de 1946 surge de esas circunstancias.
Otro hecho es cierto. La Asamblea Constituyente transgredió sus poderes: Actuó electoralmente al escoger a Enrique A. Jiménez como presidente; extendió su periodo hasta 1948 cuando debió culminar dos años antes. No conforme con esto, una vez realizadas las elecciones de aquel año en la que se elige a Domingo Díaz, intentó reasumir poderes constituyentes anulando -sin éxito al no contar con el visto bueno de la jefatura de la policía, las elecciones y tratando de imponer en la presidencia a Enrique Obarrio, cuñado del coronel Remón Cantera. El fallecimiento de Domingo Díaz, electo con fraude según los adversarios, abrió otro periodo de crisis que incluyó el reconteo de los votos y llegada de Arnulfo Arias como el verdadero ganador de las elecciones de 1948.
La caída de Arnulfo Arias, por segunda vez, y el vínculo que ello tuvo con el intento de retornar a la Constitución de 1941 es conocido. Una decisión como esa parecía afectar intereses políticos, por ello aglutinó a diversos sectores con la activa participación de los comandantes de la policía. La Constitución de 1946 se mantuvo vigente hasta 1972 cuando, en razón del golpe de Estado Militar de 1968, se promulga la cuarta Constitución Política con una nueva orientación. Absolutista, para unos; militarista, para otros, la verdad es que se modifica de manera radical el sistema político panameño e inicia una nueva visión del panorama constitucional panameño. No se pueden negar, aun de los válidos cuestionamiento de algunos de los artículos, los avances en materia de los derechos sociales y representación política.
Para finales de los años del setenta los cambios en el contexto político eran evidentes. En 1978 los militares anuncian el repliegue a los cuarteles. Una nueva forma de "vida política" daría inicio con la "reapertura" de los partidos proscritos desde 1969. Es en este contexto, de rearticulación de las fuerzas políticas, que se hacen posibles las reformas constitucionales de 1978. Esas reformas, sin embargo, parecían insuficientes para aquellos que habían iniciado un cuestionamiento al modelo imperante desde los setenta. Los administradores del momento también concertaban con la necesidad de impulsar la revisión constitucional. Nace así, un tanto en la orbita del consenso, la Comisión Revisora y Referéndum que dio como resultado los cambios de 1983.
Entre 1984, con la elección de Ardito Barleta y 1989, la Constitución --en muchos de sus apartados, no era más que "hojas de papel". En 1992, con Guillermo Endara, se plantea una nueva revisión. La invasión norteamericana había inyectado suero al antimilitarista. El referéndum, sin embargo, arrojó un "NO" mayoritario que acabó con las pretensiones reformistas. Dos años después, ahora en la presidencia de Ernesto Pérez Balladares, se impulsan y aprueban las reformas de 1994 destacándose aquella norma hacia futuro de "Panamá no tendrá ejercito" y creándose un título sobre el Canal, entre otras cosas.
Como podemos ver el tema constitucional ha sido una constante en los cien años de república. Las experiencias no han sido las mejores, pero esa ha sido la realidad. Hoy, es correcto decir, que Panamá requiere de cambios constitucionales aunque también es necesario -y quizás más urgente, el cambio en las cabezas de la clase política que nos dirige. Solo así, con algo de cultura política y actitudes de democracia verdadera, construiremos el país que todos queremos.

101 años de Panamá América

 
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