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Regalo de Navidad presidencial


Todos los hombres buenos, para este adviento de Navidad, que recordamos y llevamos en lo más profundo de nuestros corazones el mensaje redentor del Mesías y la concreta posibilidad de ser salvos por su infinita y divina gracia, tras el sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, siempre estamos pensando, conforme a nuestras limitaciones económicas y muy a pesar de ellas, entregar un presente a familiares, amigos y aún a aquellos extraños que, en el algún momento y de modo ocasional, pudimos haber tratado -periodiqueros o voceadores, vendedores de revistas, expendedores en almacenes, vendedores de frituras, limpiabotas, billeteros, vendedores de bollos, etc.
A nadie se le ocurriría hacer regalos ofensivos, que siembran tristeza o dolor por parte de quienes lo reciben. Nadie podría considerar, cristianamente, entregar regalos que llevan envuelto el sufrimiento, la agonía y la aflicción. Quien tal cosa ose hacer tiene el alma mala, el corazón entenebrecido por el poder y la maldad y cuando no, por la insuficiencia de toda espiritualidad. Los regalos que se esperan sean hechos en esta Navidad deben portar alegría, jolgorio, felicidad, fiesta, armonía, cordialidad, generar un ambiente de alegría sin par.
Todos estamos en condiciones de dar. No se trata de cuánto o del valor de lo que desprendidamente se entrega, sino de la intención positiva de que al dar un regalo, "un engañito" a alguien, lo estamos haciendo de corazón y sin mayor interés que advertir la alegría radiante que se produce en nuestro ser al ver la cara de felicidad por parte de quien recibe el presente.
Días atrás, contrastando con el espíritu navideño, pero de manera negativa, la Presidenta de la República, Doña Mireya Moscoso, en entrevista concedida a los diversos medios de comunicación social, declaró que no hay marcha atrás en el incremento de las tarifas de la energía eléctrica y respecto a las de la telefonía, aún es incierto en qué quedaría todo este bochorno en donde ya se advierte que todo eventual incremento genera un especial agravio para la telefonía social, la propia de las comunidad rurales -sectores campesinos, indígenas, interioranos, etc.- y que todos estos sectores tendrán que adecuar sus planes tarifarios a la de B/11.00 y unos centavos más mensuales. ¡Vaya lindo regalo navideño!
La noticia ha causado gran desconcierto en la población panameña, sobre todo la de los sectores y estratos más humildes. Como se comprenderá, se sigue cuestionando si dicho servicio de comunicación es o no un servicio público y de ser todavía así, por qué es que estamos a la voluntad de la empresa Cables & Wirless; de ser así qué hace el Estado con el alto porcentaje de las acciones que tiene en dicha empresa y que se sostiene que dicha empresa sigue ostentando una naturaleza jurídica mixta. En realidad todo esto traduce una incapacidad manifiesta por parte de las autoridades, entre ellas la del Ente Regulador, que nada dice, nada oye, nada sabe ni nada hace.
La Presidenta, por su parte, muestra frialdad espantosa, un poco importa, frente a los sectores sociales que se comprometió defender, tutelar y proteger.
Ha sido una gran mentira eso de "Gobierno para los pobres". Como se sabe, en nuestro país, cada día es mayor la brecha entre los millones de pobres y los cientos de ricos que acumulan riquezas a costillas de los más necesitados. Con Mireya Moscoso ha nacido una nueva clase de potentados, millonarios, ricos, que antes de ejercer el gobierno nada tenían en sus arcas personales. Se habla, incluso, de la existencia de clanes que dirigen y orquestan planes en el gobierno y son quienes determinan qué se hace y qué no hacer frente a determinadas políticas económicas que exigen y demandan toma de decisiones inmediatas, máxime cuando se ven eventualmente afectados sus intereses.
El regalo, pues, que se le anuncia a la nación entera traduce o profundiza el trauma que hemos venido padeciendo desde hace años y que vino a acentuarse con el nuevo gobierno, el que ejerce Moscoso. Se trata de una auténtica perversión en la que, insistimos, es evidente la frialdad con que el Gobierno escucha los clamores populares y las ansias de justicia y de progreso de los pobres de este país.
Recientemente, la nación entera se llenó de luto, de mucha tristeza, con la muerte inesperada de tres tiernas vidas. Yo sostuve, ante ese hecho y al momento en que mi hermano Ramiro y yo presentamos la denuncia por el delito de homicidio culposo omisivo en contra del Ministro de Obras Públicas, de los directivos y representantes de la empresa mejicana PYCSA, que "una terrible especie de gusanos barrenadores estaban acabando con los cimientos de la Patria, con los derechos humanos, que nadie escuchaba ni prestaba atención a los pobres". Y nos mantenemos en lo dicho, ya q ue todo esto genera un ambiente de solaz y de tristeza sin límites, máxime cuando vemos por la televisión a padres y madres llorar, inconsolablemente, la pérdida irreparable, insustituible, de sus amantísimos hijos. Sólo quien se pueda atrever a calzar las sandalias del pescador podrá comprender toda esta lamentable situación.
También advertimos, ante el despacho de la Procuraduría General de la República, que es menester que todos los panameños nos unamos en franca alianza de solidaridad por los pobres y necesitados de esta nación. Hay que exigir responsabilidad y entender, como dijo el Presidente Toledo en Perú, "...o pagamos la deuda externa o toleramos los contratos de UNION FENOSA, o nuestro pueblo se muere de hambre".
De eso se trata, señores del gobierno, entender que nunca jamás la tan cacareada seguridad jurídica podrá estar por encima de todo un pueblo y de su gente que anhela vivir digna y decorosamente -derecho de los pueblos al desarrollo individual y social-; a tener mejores niveles y condiciones de vida; a que sus hijos, hombres y mujeres puedan mantener un nivel de vida decente y atendiendo a la dignidad humana. Lo dicho por la Presidenta traduce un poco importa, una indiferencia, simple y sencillamente, "que los pobres se jodan".
Pero en todas estas causas, siempre al lado de los pobres y con ayuda de ellos, allí estará Poder Social Siglo XXI, defendiendo lo que Dios manda: ¡A los pobres!

101 años de Panamá América

 
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