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¿Regalos de Navidad?


LA NAVIDAD es, en la mayoría de los países, la ocasión para los intercambios de regalos. Para los niños se ha convertido en la fecha más esperada, como lo fue antes la Epifanía o Día de Reyes, también por los juguetes, regalos y demás obsequios que son objeto. Sin embargo, para la población panameña el rosario de anuncios del Gobierno hacen de las Navidades, una vez más, el umbral de un nuevo año que será muy difícil para la mayoría de los hogares.
En efecto, Panamá sigue entre los primeros países de América Latina con la más desigual distribución de riqueza; un país donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Las cifras del desempleo, de delitos, de reclusos, continúan en aumento de la mano de la corrupción y de la impunidad que se ha apoderado de nuestra sociedad y nos distancia de un verdadero Estado de Derecho.
Es en medio de ese panorama que el Gobierno, con la asistencia técnica de "expertos" en mercadeo de imagen, propaganda, publicidad y de la mayoría de las publicitarias y medios de comunicación (luego de imponernos nuevos parches a la constitución militarista), ha adelantado algunos de los "regalos" que nos tiene para que los panameños veamos desmejorar -aún más- nuestra calidad de vida, someter nuestra dignidad a las necesidades de una burocracia estatal parasitaria y ver nuestras libertades depender cada día más de un sin fin de normas antidemocráticas y antipopulares.
El regalo de la ampliación del Canal, preparado por los "neozonians" de la Autoridad del Canal de Panamá, el que por cierto, aún no terminan de envolvernoslo; pero ya están los magistrados del Tribunal Electoral bailando con ellos la danza de los millones que les representará el referéndum primero y la ampliación después.
Asistimos, indefensos, a los repetidos anuncios, charlas y declaraciones en fin "la propaganda" de que: "el Programa de Maternidad y Enfermedad de la Caja de Seguro Social colapsará dentro de un año"; que "los Programas de Riesgos Profesionales; el de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM, que financia las jubilaciones) y el de Administración colapsarán en 7, 8 y 10 años respectivamente"; que "si no se hacen los ajustes, el sistema de seguridad social quebrará definitivamente en el 2014, con una deuda de 14 mil millones".
También, con ese rostro de envidiable inocencia, nos anuncian reformas tributarias y fiscales que afectarán gravemente el bolsillo de las grandes mayorías, dado que los que pagamos impuestos somos los que menos tenemos, pero pagamos muchísimo más de los que más tienen. Claro que las mismas no vienen solas: seguirán los aumentos del costo de la gasolina y el diesel, el de las comunicaciones, de los peajes en los corredores, de las matrículas, de la tasa de la basura, del agua y sobre todo, el aumento de la tarifa de la energía eléctrica -cortesía del Ente Estrangulador- que generará un sin fin de aumentos de precios en los artículos de primera necesidad y en muchísimos otros.
Es en medio de este panorama inquietante para todos que interviene como una decisión esperanzadora, la designación de la licenciada Ana Matilde Gomes para el cargo de Procuradora General de la Nación, lo cual -en mi opinión- augura nuevos días para el Ministerio Público y para los panameños que abogamos por una mayor aplicación, protección y defensa de nuestros derechos humanos y de nuestras garantías judiciales, tan pisoteadas durante todos estos años.
La independencia de criterio y la capacidad profesional acompañada de las convicciones ciudadanas que caracterizan a la nueva Procuradora, deben servir de punto de partida para apoyarla ante los grandes desafíos que confrontará en la gestión que le espera. No hay que perder de vista que asume un cargo que durante las últimas décadas ha servido de instrumento de persecución y atropello, más que de instrucción y esclarecimiento de delitos.
Es necesario que los ciudadanos y sus organizaciones velemos para que la transparencia, la seriedad y el profesionalismo se apoderen cuanto antes de dicha institución, para que no vuelva a ser utilizada para los fines personalistas o político partidistas que caracterizaron a Sossa que, más que Procurador, fue un perseguidor de la presunción de inocencia y un violador del debido proceso.
Ya lo ha dicho la nueva Procuradora: "Hay una sociedad que clama y espera justicia, pero la dilación, la mala investigación y la falta de resultados puede llevar a la impaciencia y, esa paciencia traicionada puede dar paso a la desesperación y por ende la incredulidad total en el sistema de administración de justicia como pilar fundamental del Estado de Derecho en democracia. Democracia en nuestros tiempos significa también dignidad y decencia. Tengamos pues presente que la democracia pasa por el tratamiento decente que merece todo ser humano".

101 años de Panamá América

 
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