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Regatas camioneras en vías Cincuentenario e Israel


Muchos muertos y heridos costaron las regatas cuyos resultados fatídicos muchas veces no trascendían a los medios, pero siempre se filtraban algunos dolorosos detalles de lesionados, lisiados y fallecidos entre vidrios y hierros retorcidos. El denominador común siempre fue que las autoridades nunca hicieron nada, pese a las quejas de los vecinos y de otros conductores que circulaban por aquel campo de bólidos.
Mas las rutas cambiaron y los corredores forzaron a un reordenamiento de rutas que dio por resultado el que ambas arterias se despejaran un tanto para solaz de sus vecinos. Pero la dicha fue breve, pues el desarrollo inmobiliario de Costa del Este que consta de grandes rellenos de áreas de manglares expuestas a las mareas, ocasionó un nutrido y pesado tránsito de enormes camiones diez ruedas, llevando hacia el lugar rocas y material para los trabajos que allí se adelantaban.
En consecuencia, a lo largo de la Vía Cincuentenario, los vecinos, peatones y automovilistas padecieron durante años no sólo la procesión de los pesados camiones hacia Costa del Este y a la inversa, sino las regatas inexplicables que causaron peores colisiones y daños que en la época de los buses. Hasta que el proyecto terminó en su fase de relleno, sobreviniendo otro período de breve tranquilidad, que a su vez fue interrumpido por el inicio de los trabajos del proyecto Punta Pacífica, en el área de Paitilla.
De vuelta a la pesadilla, aumentada en su intensidad, ahora son las vías Cincuentenario e Israel las que día y noche son ocupadas por los camiones cargados de rocas y grava rumbo a Punta Pacífica, de ida y vuelta. A ello se suma las regatas de cuatro y cinco camiones a la vez, pasándose por vía contraria, desde temprano por la mañana y en horas laborables, de intenso tránsito, disputándose llegar primero para beneficiarse del sistema "primero que llega primero que se atiende", quedando el más rápido habilitado para hacer tantas entregas como velocidad de fórmula uno tenga para trasladarse desde las canteras hasta el sitio de la obra, atropellando a quien se les interponga.
Ante el evidente riesgo de que ocurra una desgracia mayúscula por falla de frenos o cualquier imprevisto, sugerimos que las autoridades limitaran el tránsito de camiones a horas nocturnas, sin arrojar resultado alguno. ¿Qué esperan?

101 años de Panamá América

 
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