default

Rehabilitemos Panamá Viejo


En mi nota memorativa sobre la desaparición del eminente ingeniero Jean Julien Canavaggio, me referí a palpitantes interrogantes sobre el Corredor Sur, contra los cuales luchó vehemente el hasta el final. Recordé que Jean Julien me había llamado a raíz de mi propuesta de rehabilitar las playas de Coco del Mar a Panamá Viejo y de crear un bosque ecológico autóctono, en reemplazo del cinturón insalubre de barriadas precarias de su entorno.
El artículo aparecido en La Prensa, el 3 de julio del 2000, del Lic. Roberto I. Eisenmann, trae su propuesta pública, efectuada en reciente foro, a la concesionaria del Corredor de que aceptase el canje por tierras firmes en lugar a las que ella proponía crear en la bahía, como Punta Pacífica. Esta proposición fue hecha hace meses por varias personas, entre las cuales me incluyo. Debemos alegrarnos del acogimiento positivo de la misma.
Jean Julien Canavaggio y yo no nos oponíamos ciegamente al Corredor Sur, sino a su trazado y obras heteroclitas. Sabíamos que la obra vial era de enormes beneficios para la comunidad, pero para ello no era necesario sacrificar la vista a la bahía, las pequeñas industrias pesqueras y de astilleros lugareños y encerrarnos con una cortina de pedraplenes afrentosos. Los japoneses habían propuesto hace unos años, un trazado mucho más racional y que consultaba mejor la ecología.
Las actuales autoridades ambientales se habían resignado a que la Concesionaria dispusiese de las lamas de la bahía en un sitio alejado y profundo, con mínimas repercusiones ecológicas. Esto demuestra la viabilidad de mi proyecto de rehabilitar las playas de Coco del Mar a Panamá Viejo. Por estos motivos, sugiero la conveniencia de que el Estado negocie lo siguiente:
Canje de un hectareaje de tierras firmes (posiblemente en la ARI) en substitución de las propuestas islas de Punta Pacífica.
Negociar la extracción de una franja de lamas del sector de Coco del Mar y de Panamá Viejo con la Concesionaria, u otra empresa por licitación pública abierta, y su disposición a un sitio alejado y profundo de la bahía u otro aprobado por la Autoridad Ambiental, y su reemplazo por arena limpia (de Chame o de otra región a aprobar) y de un pedraplén para desviar temporalmente la contaminación avanzante del este.
El Estado pagaría con tierras adecuadas para urbanizar los costos razonables del punto dos.
Con estas iniciativas se lograría la primera parte del plan de rehabilitación de las valiosas playas populares y turísticas que complementarían el entorno monumental histórico, turístico y ecológico a enaltecer con la segunda fase del parque ecológico autóctono.
Ya es hora de acabar con el bochorno del cinturón insalubre e inundable de barriadas precarias que no se compadecen con la majestad del sitio monumental histórico de Panamá Viejo. Las obras de desvíos viales y de sanidad ambiental podrían prosperar concomitantemente a las playas.
¿Por qué no aprovechar un pincelazo maestro que haga mil veces rentable estos vitales proyectos, como lo puede garantizar el afamado arquitecto internacional número uno, Frank Gheri?.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América