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Rehenes de la violencia


Es la hora de no tener contemplaciones con los mafiosos, ladrones, narcotraficantes y delincuentes. Si ellos no tienen piedad para cometer crímenes, entonces las autoridades tampoco deben ser pasivas al momento de actuar, ya que se debería imponer respeto porque, de lo contrario, seguirán en sus fechorías y atemorizando a la población.

En Panamá, cada ocho horas se registra una o dos muertes por actos de violencia. Lo más preocupante de esta plaga que intimida a la sociedad es que, en la mayoría de los casos, las víctimas son niños y jóvenes inocentes. Este ambiente es peligroso y contaminado porque los niños, si no tienen un núcleo familiar con valores y principios, se vuelven parte o rehenes de la corrupción. La agresividad es un problema que los infantes no pueden resolver por sí mismos. El medio ambiente les genera cambios importantes en su personalidad, es por ello que los padres tienen que estar alerta ante cualquier cambio que presenten. Hay que recordar que las amistades y la televisión ejercen mucha influencia en la mentalidad de los niños y adolescentes, y por eso la insistencia en que estén pendientes del comportamiento de sus hijos.

Los panameños ya no estamos seguros ni en nuestras casas. Hay que vivir entre hierros, como los reos en las cárceles; eso no puede ser. Ni en los centros comerciales se puede comprar con seguridad, puesto que hace algunas semanas se registraron dos secuestros en uno de ellos. A diario, en las calles y avenidas se están produciendo ejecuciones, persecuciones y balaceras. Un ejemplo de esto fue el caso que se registro en los predios del centro comercial El Dorado, en donde unas personas estaban esperando la luz verde en su auto y lo que recibieron fue balazos por parte de forajidos. ¿Qué pasa? Ya no existe respeto por la vida, ni seguridad ciudadana. A esta ola de violencia hay que ponerle un alto, pero ¿cómo?

A pesar que se han aplicado algunas normas para tratar de frenar la delincuencia, como la creación de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) en la Policía Nacional, y los cambios a los códigos Penal y Procesal, los hechos delictivos han aumentado con las consecuencias de luto y dolor en la familia panameña.

Mientras que los crímenes y el narcotráfico continúen, el turismo, el comercio, las inversiones, el país en general seguirá atemorizado. Lamento mucho esta situación, porque Panamá siempre se ha caracterizado por ser una nación de paz, en donde conviven una diversidad de razas.

Es hora de exigir visas a los ciudadanos colombianos, centroamericanos, venezolanos y mexicanos para que células integradas por individuos del mal vivir no ingresen al país a cometer fechorías.

cynthiasusana@hotmail.com.

101 años de Panamá América

 
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