Reinicio de las clases
Con buen criterio, el Ministerio de Educación hace un llamado a reiniciar clases a partir de mañana en las escuelas públicas de nivel primario, manteniéndose sin embargo la suspensión en las de secundaria. Se trata de un paso más para normalizar la situación provocada por un conflicto que suma ya tres semanas de protestas callejeras y marchas que se suceden o alternan a diario en las principales ciudades del país, por causa de la Ley 17 que reforma el régimen de Seguridad Social.
"Estudiar y luchar", rezaba el lema de un grupo estudiantil de los años 70, todo lo opuesto a sus colegas de hoy, incapaces de atender adecuadamente ambas tareas. Es loable que se preocupen de los problemas nacionales, siempre que lo hagan en un marco de respeto de los derechos ajenos, y sin descuidar los estudios. Lamentablemente no es eso lo que vemos en nuestros días, sino a una turba de forajidos que apedrea, roba, quema e irrespeta. La ausencia de mensajes y propuestas es dramática y triste a la vez, porque denota que estamos educando a generaciones vacías.
Por eso, no debemos perder más clases, sobre todo a nivel de los niños, que todavía pueden salvarse. Los demás, no estamos seguros. Mucho tememos que sean generaciones perdidas irremisiblemente.
La educación es como el sueño, no se recupera durmiendo más al día siguiente de una noche de trasnocho. Y es como el tiempo, que cuando se va, no vuelve. El daño está hecho porque se altera la continuidad del proceso, lo cual se reflejará en su productividad y nivel de formación en el futuro. No es cierto que trabajando los domingos y obviando las vacaciones de medio años, es posible recuperar lo perdido y ponerse al día. Eso no funciona así en educación. El cerebro humano no es un diskette de computadora, que uno puede guardar hoy para volver a llenarle material semanas después, y nada se altera. Los vacíos y debilidades quedan para siempre y nunca se recuperan al grado de calidad del aprendizaje que se alcanzaría con un proceso normal, no interrumpido.
Ahora sólo es de esperar que los maestros retornen a las aulas a ganarse el salario, que no se les está descontando, como sí a los obreros del SUNTRACS.
"Estudiar y luchar", rezaba el lema de un grupo estudiantil de los años 70, todo lo opuesto a sus colegas de hoy, incapaces de atender adecuadamente ambas tareas. Es loable que se preocupen de los problemas nacionales, siempre que lo hagan en un marco de respeto de los derechos ajenos, y sin descuidar los estudios. Lamentablemente no es eso lo que vemos en nuestros días, sino a una turba de forajidos que apedrea, roba, quema e irrespeta. La ausencia de mensajes y propuestas es dramática y triste a la vez, porque denota que estamos educando a generaciones vacías.
Por eso, no debemos perder más clases, sobre todo a nivel de los niños, que todavía pueden salvarse. Los demás, no estamos seguros. Mucho tememos que sean generaciones perdidas irremisiblemente.
La educación es como el sueño, no se recupera durmiendo más al día siguiente de una noche de trasnocho. Y es como el tiempo, que cuando se va, no vuelve. El daño está hecho porque se altera la continuidad del proceso, lo cual se reflejará en su productividad y nivel de formación en el futuro. No es cierto que trabajando los domingos y obviando las vacaciones de medio años, es posible recuperar lo perdido y ponerse al día. Eso no funciona así en educación. El cerebro humano no es un diskette de computadora, que uno puede guardar hoy para volver a llenarle material semanas después, y nada se altera. Los vacíos y debilidades quedan para siempre y nunca se recuperan al grado de calidad del aprendizaje que se alcanzaría con un proceso normal, no interrumpido.
Ahora sólo es de esperar que los maestros retornen a las aulas a ganarse el salario, que no se les está descontando, como sí a los obreros del SUNTRACS.