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Relaciones diplomáticas con EEUU :mensaje a los candidatos


Con la transferencia total de la administración del Canal y las áreas revertidas, las relaciones diplomáticas de Panamá y Estados Unidos ingresan a una nueva y delicada era que demanda quizás el esfuerzo creativo más importante del gobierno que asumirá las riendas del poder en setiembre de 1999. Pienso que los candidatos y equipos de asesores no le han puesto demasiada atención a este aspecto crucial de la historia panameña que empezará a computarse el primero de enero del año 2000.
No debemos mirar al pasado con ánimo recriminatorio porque, como las hijas de Lot, nos convetiríamos en estatuas de sal petrificada. Tampoco es recomendable que nos lanzáramos a una aventura de autosuficiencia, creyendo superficialmente que podríamos prescindir de la cooperación con Estados Unidos, acto de suicidio colectivo que hoy ninguna gran potencia se arriesga a perpetrar. No es esto mucho menos el prefacio de recomendaciones que nos lleven a una existencia opaca, exageradamente tutelada por Estados Unidos.
Considero, sensu estricto, que el problema central es replantear las relaciones panameño-norteamericanas en nuevos cimientos, partiendo de la comprobación de que estamos en presencia de dos estados autónomos y soberanos, situados en la opción de negociar nuevas áreas de cooperación bilateral, respetando escrupulosamente sus instituciones, sus leyes sustentados en el principio de no intervención en asuntos internos. Debemos reconocer que el cumplimiento norteamericano de los tratados canaleros en sus fases y normas augura un entendimiento armónico y permanente entre las partes que nos aleje de una relación primus inter pares, en la que Estados Unidos sea el primero entre los iguales en lo que respecta a la soberanía nacional integralmente atendida.
A partir del respeto y consolidación de la soberanía panameña sobre su entorno físico, los términos de la nueva cooperación bilateral podrían ser expuestos y analizados por una Comisión de alto nivel intergubernamental. En el seno de la comisión intergubernamental ambos países construirían un nuevo espacio de diálogo para fijar nuevas áreas de cooperación bilateral o profundizar las existentes. Lucha antidrogas; relaciones comerciales; ciencia y tecnología; educación; asesoramiento policial; ecología; podrían ser algunos puntos estratégicos prioritarios para señalar las pautas de la cooperación.
El combate contra el tráfico de drogas puede ser reformulado en términos que no impliquen cesión de bases militares. El fracaso de la negociación del Centro Multilateral Antidrogas no significa la disolución de la cooperación panameño-norteamericana. Debemos ser conscientes que los carteles de narcóticos nos atacan por tres flancos: el uso de territorio panameño para transferir drogas e insumos; blanqueo de capitales a través del Centro Bancario; y el aprovechamiento ilícito del trasiego de contenedores de la zona Libre de Colón. La cooperación bilateral y multilateral en doble vía es indispensable para las partes asuman responsabilidades contra este flagelo. Somos parte activa de la comunidad de naciones y no podemos sustraernos de los deberes de contribuir a la lucha de un mal que se crea fuera de las fronteras nacionales, pero que nos involucra como Estado soberano, aunque no debemos aceptar que nos sienten en el banquillo de los acusados con el proceso unilateral y arbitrario de certificaciones o descertificaciones.
La administración canalera panameña requiere, asimismo, un espacio permanente de colaboración con Estados Unidos. Enfatizamos que debe tratarse de colaboración tecnológica, ya que las tomas de decisiones son de nuestra exclusiva incumbencia. A principios de siglo la ingeniería norteamericana creó una tecnología singular a través del sistema de esclusas y el aprovechamiento de aguas fluviales y no marinas. Pero, inexorablemente, el sistema de compuertas y esclusas marcha hacia la obsolescencia tecnológica, después de cerca de un siglo de utilización. Estados Unidos es un consultor natural para nuestra administración canalera independiente, tal como lo puntualizan los tratados. La Comisión Intergubernamental. Debiera reservar un lugar prioritario a la colaboración tecnológica norteamericana.
El espacio de diálogo recogerá y procesará las iniciativas de las partes para su maduración y reflexión porque sería imposible pormenorizar la relación de temas y áreas imbricadas en la cooperación futura entre Panamá y Estados Unidos. Por ahora nos interesa subrayare a los candidatos presidenciales y a la sociedad política lo sustantivo que representa que no descienda la jerarquización diplomática norteamericana en relación a la República de Panamá. Amargados absurdamente por el retiro de la presencia norteamericana territorial, ciertos políticos norteamericanos, sobre todo del ala ultraderechista del partido republicano, están propugnando que, después del 31 de diciembre de este año, decrezca la valorización de nuestro país, casi como una represalia porque no se ha acordado la continuidad de bases militares. Afortunadamente allá existen muchos políticos realistas y constructivos que piensan todo lo contrario del politólogo norteamericano Mark Falcoff en su libro "The Panama Canal", que ha circulado en el Departamento de Estado. Falcoff subestima, con espíritu colonialista, la capacidad de los técnicos panameños para manejar el canal y cree ver en los nombramientos de allegados al Presidente Pérez Balladares los gérmenes de la corrupción. Frente a las suspicacias, debemos responder con intelígencia y pragmatismo, demostrando que estamos preparados para una relación madura, amistosa y provechosa con la potencia que, para bien o para mal, entró a nuestra historia en el inicio del proceso de la emancipación nacional.

101 años de Panamá América

 
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