Relaciones peligrosas
Una comisión nombrada por el nuevo gobierno viajó a Venezuela para la reanudación de las relaciones diplomáticas suspendidas por iniciativa del gobierno de Nicolás Maduro en medio de una lluvia de exabruptos. Se ha filtrado que figurarían acuerdos para el pronto pago de deudas millonarias a una línea aérea que vendió pasajes en bolívares devaluados, pero que aspira a que les permita amortizar la conversión de la moneda nacional en dólares. En idéntico problema se hallan las compañías extranjeras de aviación y empresas privadas locales y foráneas de diversas esferas económicas bloqueadas por el sistema de control de asignación de divisas.
Es probable que gobiernos de esos países colaboren en lograr el pronto pago de las acreencias congeladas por la inepta burocracia chavista. Sin embargo, no se divisa en esas latitudes una relación de dependencia política entre corporaciones empresariales y el gobierno, como se detecta en Panamá. A pesar de los perjuicios que ocasiona el control de los pagos en divisas, las aproximaciones se realizan con discreción y cautela dado que no desean verse envueltos en la vorágine provocada por un régimen reñido con las libertades civiles.
Sin embargo, las prisiones de los dirigentes políticos, la represión policial contra estudiantes, amas de casa, miembros en general de la sociedad civil de Venezuela, no impiden que estas violaciones de la Carta Democrática de la OEA obstruyan la prisa de nombrar comisiones que puedan convertir al Estado en cobrador de deudas privadas impagas. El gobierno de Ricardo Martinelli cedió su tribuna en la OEA a fin de que la diputada María Corina Machado expusiera desde su perspectiva una visión del autoritarismo rampante.
El gobierno de Maduro reaccionó con su habitual rudeza contra Machado, calificándola como extranjera para arrebatarle su curul parlamentaria, en tanto que ahora la fiscal puesta al servicio del gobierno para eliminar opositores parece abrirle la puerta de una celda, imputándole complicidad en el planeamiento de uno de los numerosos casos de magnicidio lanzados con reiterada teatralidad por el heredero del maestro del histrionismo demagógico.
Están cambiando las premisas de la política exterior. Antes se priorizaba la vigencia de los derechos establecidos por la Carta Democrática Interamericana. Ahora defienden los intereses económicos de la corporación que les dio espacios de rating en la campaña electoral y otras ventajas que emergen al revisarse los antecedentes de ministros y altos funcionarios.
Mutatis mutandi, resurge la sátira por el poderío económico dosificado en los tiempos actuales como agente de manipulación de los gobiernos contemporáneos. Si hay una línea diplomática de apoyo a los derechos de empresas privadas afectadas por anomalías en la satisfacción de compromisos crediticios en el extranjero debiera extenderse a la Zona Libre de Colón.
La motivación pecuniaria de las decisiones gubernamentales deben explicarse públicamente con todos sus detalles, sin revestimientos de diplomacia apócrifa. No debemos caer en los artilugios de los que se eligen con los votos de los de abajo, pero luego gobiernan con los de arriba. Antes de asumir las responsabilidades de gobierno debemos actuar con las reglas de la transparencia.