Relaciones públicas mireyistas
Hace poco un respetado profesional amigo me dijo que estoy criticando más a nuestra presidenta, pero ignorando la inefectividad de sus colaboradores. En esencia le señalé que si esto era verdad, le tocaba a la Presidenta hacer algo al respecto. Mi mayor problema con el presente gobierno es que no ha dado muestras de querer combatir la corrupción que campea en todos los estratos de nuestra sociedad principalmente, por supuesto, en la esfera pública.
Mucho quisiera que se informara con mayor relieve las ejecutorias del gobierno. Para mí la actuación personal de la Presidenta al impulsar la Comisión de la Verdad es uno de sus más conspicuos logros. Debe tener muchos otros, pero la ausencia de una clara política anticorrupción es un obstáculo en todos los campos, sea económico, político u otro.
Respaldé con vehemencia a Mireya porque creo que quiere favorecer a los más desposeídos y porque estoy convencido que ya es hora que nuestras mujeres ocupen las más altas posiciones, las cuales les veda el sistema político impuesto por los politiqueros de ahora y siempre. También soy de opinión que hay que cerrarle el paso a los que pelecharon de la narcodictadura.
No obstante, hallo evidente que Mireya está perdiendo la batalla de las relaciones públicas. Percibo que no le hace caso a nadie sino a sus más allegados, que no son Teresas de Calcuta. El hecho de que ningún director de relaciones públicas del gobierno haya durado en el puesto crea percepciones, sin importar si esas personas se desempeñaron de manera excelente, promedio o deficiente.
Creo que el presidente del Legislativo está haciendo una magnífica campaña de contacto con la ciudadanía. Ya Monseñor Cedeño lo felicitó por el nuevo portal de Internet que creó. No he tenido ni me he tomado el tiempo para constatar en dicho portal si todavía hay las famosas botellas, pero de que el portal ha tenido su impacto no se puede negar.
El presidente del Legislativo acaba de acusar a los funcionarios del gobierno de querer que se apruebe todo su paquete legislativo, incluyendo las ratificaciones de los nuevos candidatos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La acusación de que el gobierno quiere todo o nada no es fácil de rebatir.
De un principio se sabía que, por ejemplo, la anterior candidatura de Endara en la CSJ no tendría éxito. Me parece que igual ocurrirá con la candidatura del ex ministro Spadafora. Las percepciones son negativas al respecto, aunque se diga que se hacen acusaciones sin presentar pruebas. Mientras tanto, el país sufre un estancamiento adicional debido a la tozudez de nuestra presidenta.
El país está preocupadísimo por los problemas económicos que tiene y que de alguna manera no se afrontan: desempleo, criminalidad y carencia de inversiones, para señalar unos pocos. Estamos comiéndonos las uñas para ver si el cacareado diálogo nacional prospera y lleva a la toma inmediata de decisiones consensuadas por todas las fuerzas vivas del país.
Pareciera que el consenso no tiene importancia. Más importa es estar en el poder y aplicarlo, aunque se abuse de él. Ejemplo, el tema de la ampliación del canal. He tenido la sensación de que la ACP ya llegó a su conclusión, su decisión. Pero no ha manejado bien el proceso de consensuar. Y, como de la nada, el gobierno anuncia que se quiere ampliar el Canal a un costo de 4 mil millones de balboas. En los tiempos de la comisión tripartita se calculaba que el tercer juego de esclusas costaría 5 mil millones y más. A la par, está pendiente la ratificación del directivo obrero en la ACP, cargo para el cual fue nominado el hijo de un viejo político arnulfista que siempre está hasta en la sopa, para bien o para mal. En fin, el gobierno sigue perdiendo la batalla de las relaciones públicas. Ciertamente, yo no deseo esto para nuestra presidenta, mucho menos para nuestro Panamá.
Mucho quisiera que se informara con mayor relieve las ejecutorias del gobierno. Para mí la actuación personal de la Presidenta al impulsar la Comisión de la Verdad es uno de sus más conspicuos logros. Debe tener muchos otros, pero la ausencia de una clara política anticorrupción es un obstáculo en todos los campos, sea económico, político u otro.
Respaldé con vehemencia a Mireya porque creo que quiere favorecer a los más desposeídos y porque estoy convencido que ya es hora que nuestras mujeres ocupen las más altas posiciones, las cuales les veda el sistema político impuesto por los politiqueros de ahora y siempre. También soy de opinión que hay que cerrarle el paso a los que pelecharon de la narcodictadura.
No obstante, hallo evidente que Mireya está perdiendo la batalla de las relaciones públicas. Percibo que no le hace caso a nadie sino a sus más allegados, que no son Teresas de Calcuta. El hecho de que ningún director de relaciones públicas del gobierno haya durado en el puesto crea percepciones, sin importar si esas personas se desempeñaron de manera excelente, promedio o deficiente.
Creo que el presidente del Legislativo está haciendo una magnífica campaña de contacto con la ciudadanía. Ya Monseñor Cedeño lo felicitó por el nuevo portal de Internet que creó. No he tenido ni me he tomado el tiempo para constatar en dicho portal si todavía hay las famosas botellas, pero de que el portal ha tenido su impacto no se puede negar.
El presidente del Legislativo acaba de acusar a los funcionarios del gobierno de querer que se apruebe todo su paquete legislativo, incluyendo las ratificaciones de los nuevos candidatos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La acusación de que el gobierno quiere todo o nada no es fácil de rebatir.
De un principio se sabía que, por ejemplo, la anterior candidatura de Endara en la CSJ no tendría éxito. Me parece que igual ocurrirá con la candidatura del ex ministro Spadafora. Las percepciones son negativas al respecto, aunque se diga que se hacen acusaciones sin presentar pruebas. Mientras tanto, el país sufre un estancamiento adicional debido a la tozudez de nuestra presidenta.
El país está preocupadísimo por los problemas económicos que tiene y que de alguna manera no se afrontan: desempleo, criminalidad y carencia de inversiones, para señalar unos pocos. Estamos comiéndonos las uñas para ver si el cacareado diálogo nacional prospera y lleva a la toma inmediata de decisiones consensuadas por todas las fuerzas vivas del país.
Pareciera que el consenso no tiene importancia. Más importa es estar en el poder y aplicarlo, aunque se abuse de él. Ejemplo, el tema de la ampliación del canal. He tenido la sensación de que la ACP ya llegó a su conclusión, su decisión. Pero no ha manejado bien el proceso de consensuar. Y, como de la nada, el gobierno anuncia que se quiere ampliar el Canal a un costo de 4 mil millones de balboas. En los tiempos de la comisión tripartita se calculaba que el tercer juego de esclusas costaría 5 mil millones y más. A la par, está pendiente la ratificación del directivo obrero en la ACP, cargo para el cual fue nominado el hijo de un viejo político arnulfista que siempre está hasta en la sopa, para bien o para mal. En fin, el gobierno sigue perdiendo la batalla de las relaciones públicas. Ciertamente, yo no deseo esto para nuestra presidenta, mucho menos para nuestro Panamá.