Religiosidad y sexualidad
El nuevo proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva parece haber incorporado las principales preocupaciones de los sectores interesados en el tema. No obstante, aún hay un pequeño, pero activo grupo, que anuncia todo tipo de calamidades de aprobarse el mismo. Respetamos el derecho a disentir y a oponerse de cualquier grupo, por muy minoritario que sea, mas pretender a esta altura del proceso de elaboración de la nueva ley, que ésta no se apruebe es un despropósito y un atentado contra la salud de los más pobres y sus posibilidades de desarrollo.
Es un hecho que el porcentaje de embarazos en adolescentes es alarmante y creciente, y que la mayor parte de las criaturas nacidas de madres adolescentes, padece de bajo peso y otros problemas congénitos del tubo neural. Esto sin mencionar el impacto emocional de tan enorme responsabilidad como es la crianza de un bebé sobre los hombros de criaturas que todavía no han dejado de jugar con muñecas, en algunos casos. La otra faceta del drama, referente a las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA, el herpes genital y otras precursoras del cáncer como el Papiloma Virus, no nos permiten seguir jugando el juego de la dilación. Este es un tema, literalmente, de vida o muerte.
Los gazapos y errores conceptuales que toda obra humana puede tener, han sido exorcizados del proyecto en el proceso de armonización legislativa, incluso con la destacada participación de autoridades religiosas. No es aceptable, pues, abortar tan importante proyecto por preocupaciones lindantes en la paranoia sobre interpretaciones rebuscadas a frases contenidas en el proyecto en discusión. De seguro los aportes de los grupos que se oponen, podrían contribuir a enriquecerlo, sin necesidad de demonizar la obligación de proteger la salud pública, que es de carácter constitucional.