Rendición de cuentas
Deprimente resulta la noticia de que durante los días de carnaval diez personas murieron asesinadas con armas de fuego. Algunos de ellas recibieron tal cantidad de balazos, que reflejaban saña en la ejecución. No podemos juzgarlos a todos de haber estado ligados con el narcotráfico, pero hay fuertes indicios de que fueron ejecutados a la usanza. Y eso, ora por tumbes o por la imperdonable falta de rendición de cuentas, que es casi siempre la firma de la propia sentencia de muerte del ejecutado en el bajo mundo del tráfico de armas y de estupefacientes o lavado de dinero.
Nos hemos referido anteriormente a estos casos haciendo un llamado a los padres de familia para que adviertan si alguno de sus vástagos refleja una prosperidad económica impresionante y dadivosa con los gastos del hogar. Lo más probable es que no puedan ofrecer una explicación satisfactoria sobre su notoria bonanza o den una falsa.
Ante tan triste panorama, resulta juicioso que los padres de familia, con o sin sospecha, les adviertan a sus hijos que en el mundo del enriquecimiento mediante el mal vivir, irremediablemente, a la larga el actor termina en la cárcel si es que no lo matan antes. Y los hijos, por muy confortablemente que estén viviendo, encaren a sus propios padres cuando adviertan en ellos una impresionante y repentina bonanza económica.