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René Favaloro, un cardiólogo de gran corazón


Allá por el año 1972, yo había recalado en Buenos Aires para asistir a una reunión de la OEA. Como en anteriores visitas, llamé al periodista y político peruano Alfonso Grados Bertorini, entonces representante del BID en Argentina, y en su residencia en Los Olivos, también como de costumbre, nos enfrascamos en una ácida discusión sobre política. Grados me había invitado a cenar. Alrededor de la medianoche, decidimos que me quedara a dormir en su casa porque la distancia de regreso es larga de Los Olivos a Buenos Aires.
Como a las seis de la mañana, Alfonso entró como una tromba al dormitorio. En bata, despeinado, blandía el ejemplar de "Clarín" con la noticia de que el general Juan Velasco Alvarado, jefe de la dictadura militar, había sido operado de urgencia y estaba grave. Salté de la cama. La muerte de Velasco Alvarado podía cambiar, para bien o para mal, el rumbo de la dictadura militar peruana.
"Clarín" no aportaba detalles de la dolencia del dictador.¿Qué clase de enfermedad había obligado a operarlo de urgencia? Como la dictadura se especializaba en desinformar, se desparramaban las conjeturas. En la mañana de ese día especialmente tenso para los desterrados en Buenos Aires, me reuní con algunos de ellos. Se me confió que un eminente cirujano argentino había operado a Velasco en el hospital militar de Lima.
Así fue que conocí a René Favaloro, en 1972, estimado como el padre de la cirugía cardiovascular del siglo XX, a través de una entrevista periodística que le hice, días después, en la Clínica Guemes de Buenos Aires. El propósito de la entrevista era que me contara los detalles médicos de la operación quirúrgica que desconocía el 99% de los peruanos. Pero yo sabía que él no iba a infringir la norma ética profesional, y no iba a pedirle que la quebrara. Había, pues, dos estrategias periodísticas: una era que me hablara de la técnica de by-pass. La otra era que "off the record me" explicara la dolencia que afectaba al dictador, con el compromiso de no escribir una línea sobre lo que me relató.
Ahora que el doctor Favaloro tomó la decisión de apurar su muerte, levanto el compromiso y escribo por primera vez sobre el testimonio que entonces me dio en su clínica de Buenos Aires. Curiosamente Favaloro estaba en Panamá cuando le llamaron de urgencia de Lima para pedirle que viajara a atender a Velasco que se desangraba gravemente y los médicos no atinaban a encontrar la causa de las violentas hemorragias. Esto fue lo que contó en síntesis:
"Prácticamente me bajaron el avión y subí a otro, horas después, para ver al general Velasco. Al bajar me esperaban en el aeropuerto con un coche que se abrió paso en el tránsito limeño con una sirena estrepitosa y me llevaron inmediatamente al hospital. Cuando llegué encontré una enorme confusión. Había un equipo de médicos cubanos enviados por Fidel Castro y médicos militares peruanos. Se habían tomado medidas de seguridad extrema, pero hasta ese momento no se conocía con exactitud qué era lo que padecía el general, que había perdido mucha sangre y tenía la presión sumamente baja. Le vi muy mal semblante. Mi impresión era que algunos médicos peruanos no se arriesgaban a dar pronóstico por temor a las consecuencias. Los médicos cubanos ordenaban transfusiones masivas, pero mi impresión era que lo hacían por medida política. Después de estudiar el historial clínico del general, aprecié que él no era afecto a las consultas médicas; no había antecedentes médicos. Como soy médico ciento por ciento y no me he atenido nunca a razones que no fueran médicas, no tuve inconveniente en decirle al médico jefe que creía que el general tenía un aneurisma y que esa era la causa de la pérdida de sangre. El asunto era saber dónde estaba el aneurisma y determinar si una operación podía afectarle órganos vitales. Es como cuando uno ve que se humedece la pared de la casa, pero no sabemos en qué parte del interior se ha roto la cañería. Así es el aneurisma. Los cubanos entonces hablaban de anemia. Se me hizo caso y operé. El aneurisma estaba en el estómago y no hubo problemas mayores para entrar y cerrar."
Sin embargo, aunque Velasco salvó la vida, las hemorragias provocadas por el aneurisma le dejaron una secuela terrible. Una pierna se le gangrenó por la falta prolongada de irrigación sanguínea y se le tuvo que amputar. En realidad, el general salvó la vida de milagro".
El destino unió en esa ocasión a un cirujano sapiente y noble, con un militar prepotente y malvado que arruinó al Perú. En otra visita a Buenos Aires caí al "Viejo Almacen", santuario del tango, y de las mesas brotó un rumor que fue creciendo y creciendo. Había entrado el doctor Favaloro. En Panamá he seguido hablando de Favaloro con mi gran amigo el doctor Ruperto Palma, " Ruco", quien hizo un post- grado de anestesia cardiovascular en la Clínica Guemes y cruzó muchas cartas con el gran cirujano hasta poco antes que usara un arma calibre 38 como desesperado by - pass a su mismo corazón.

101 años de Panamá América

 
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