Reparaciones de mala calidad
El Ministro de Obras Públicas, Benjamín Colamarco, está sorprendido. No comprende porqué sale tan mal parado en algunas encuestas. Tal vez tenga algo de razón. Amanece cada madrugada en las emisoras y programas de televisión, tratando de explicar sus obras, incluyendo los ensanches de la Interamericana, en el trecho entre Arraiján y La Chorrera, la 24 de Diciembre y la Transístmica entre Praderas del Rocío y Chilibre. Todos los automovilistas somos testigos de su esfuerzo emparchando calles a toda hora, aunque afecte el flujo vehicular.
Pero así y todo, la gente está descontenta por muchas razones, entre ellas, que lo que se está haciendo no es suficiente y que la calidad de las obras deja mucho que desear. A este último aspecto queremos referirnos esta vez.
Hacer mal los trabajos o usar materiales de calidad inadecuada es botar el dinero y peor que no hacerlos, porque denota estafa y engaño. A fin de cuentas es nuestro dinero y, en muchas ocasiones, tenemos el derecho a pensar que hay en eso una gran rebusca, "cogioca" dirían los cubanos. Si se licita una equis calidad, es esa la que debe ejecutarse, cobrarse y pagarse, y no otra. Aquí, en cambio, hacen calles que parecen de jabón. A tal extremo se llega, en este país donde la realidad supera toda ficción. Tal pareciera que los constructores no vierten piedra y brea en las vías, sino jabón sólido teñido de hollín. Niéguenlo si quieren, pero es cuestión de que la Contraloría se ponga en patines, cese en el triste papel de convidado de piedra y fiscalice también la calidad de las obras, de modo que lo comprado corresponda a lo pagado. Si lo hace, comprobará lo dicho, sin mayor esfuerzo. Pague para ello los servicios de la Universidad Tecnológica de Panamá.
Busquemos un ejemplo fácil y accesible, la vía de la Amistad, la que comunica El Dorado con las garitas de entrada a Albrook y Clayton. Hace menos de un año se terminó de reparar por completo. Fue un trabajo cuidadoso y demorado, que incluyó la calle que pasa por las Aldeas SOS, el Colegio Chino Panameño y la urbanización Camino de Cruces, al igual que un ensanche al final en las inmediaciones de una gasolinera. Quedó regio y seguramente ya pagaron y cobraron la obra. ¿Adónde está el pero? Que un tramo ya se deshizo al asomo de los primeros aguaceros de la estación lluviosa. Allí no quedan más que cráteres enormes, peores que los originales, además del material de base original, compuesto de piedrecillas sueltas, acompañando la inmensa amargura que produce una tomadura de pelo a toda la ciudadanía y los contribuyentes.
Pero así y todo, la gente está descontenta por muchas razones, entre ellas, que lo que se está haciendo no es suficiente y que la calidad de las obras deja mucho que desear. A este último aspecto queremos referirnos esta vez.
Hacer mal los trabajos o usar materiales de calidad inadecuada es botar el dinero y peor que no hacerlos, porque denota estafa y engaño. A fin de cuentas es nuestro dinero y, en muchas ocasiones, tenemos el derecho a pensar que hay en eso una gran rebusca, "cogioca" dirían los cubanos. Si se licita una equis calidad, es esa la que debe ejecutarse, cobrarse y pagarse, y no otra. Aquí, en cambio, hacen calles que parecen de jabón. A tal extremo se llega, en este país donde la realidad supera toda ficción. Tal pareciera que los constructores no vierten piedra y brea en las vías, sino jabón sólido teñido de hollín. Niéguenlo si quieren, pero es cuestión de que la Contraloría se ponga en patines, cese en el triste papel de convidado de piedra y fiscalice también la calidad de las obras, de modo que lo comprado corresponda a lo pagado. Si lo hace, comprobará lo dicho, sin mayor esfuerzo. Pague para ello los servicios de la Universidad Tecnológica de Panamá.
Busquemos un ejemplo fácil y accesible, la vía de la Amistad, la que comunica El Dorado con las garitas de entrada a Albrook y Clayton. Hace menos de un año se terminó de reparar por completo. Fue un trabajo cuidadoso y demorado, que incluyó la calle que pasa por las Aldeas SOS, el Colegio Chino Panameño y la urbanización Camino de Cruces, al igual que un ensanche al final en las inmediaciones de una gasolinera. Quedó regio y seguramente ya pagaron y cobraron la obra. ¿Adónde está el pero? Que un tramo ya se deshizo al asomo de los primeros aguaceros de la estación lluviosa. Allí no quedan más que cráteres enormes, peores que los originales, además del material de base original, compuesto de piedrecillas sueltas, acompañando la inmensa amargura que produce una tomadura de pelo a toda la ciudadanía y los contribuyentes.