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Repertorio/Calvin Coolidge (L892-L933)


Este personaje fue presidente de los Estados Unidos de América. Se distinguió por lo parco que era en su lenguaje. Todo lo que deseaba decir lo expresaba con muy pocas palabras.
Su testamento, que fue acogido sin objeción alguna para que se ordenara abrir el respectivo juicio de sucesión, lo otorgó con muy escasas líneas.
Recibió una vez a unas señoras que formaban parte de la junta directiva de una asociación femenina. cuya presidenta le hizo entrega de un pliego de peticiones a favor de la entidad.
Acto seguido, antes de que él respondiera, la dama le dijo: "Ahora, señor presidente, le encarezco que me dé una respuesta. He apostado una apreciable suma de dinero con algunas de mis compañeras a que usted diría mas de cuatro palabras".
Coolidge, de inmediato le contestó con tres de ellas. Y le dijo: "Ha perdido usted".
El Presidente cuenta con el apoyo de cientos de miles de panameños que estamos dolidos e indignados por las recientes desgracias y que nos sentimos impotentes frente a los abusos de los transportistas. Esta coyuntura le brinda una oportunidad sin precedentes, que este gobierno debe aprovechar para eliminar, de una vez por todas, los privilegios del sistema de cupos con que se beneficia a unos pocos, en perjuicio de la gran mayoría de panameños que experimentan a diario, los horrores del servicio de transporte colectivo.
Con el deseo de hacer un pequeño aporte, me permito proponer que el sistema actual de cupos sea reemplazado por uno de empresas que den el servicio bajo las más exigentes reglas de operación y estrictos controles de calidad. Si bien las empresas serían las dueñas de los buses y taxis, los conductores tendrían el deber de cuidarlos y el derecho a participar de las ganancias. Las concesiones serían analizadas y otorgadas por una junta directiva compuesta por personas con conocimiento de la materia e identificadas con las necesidades de los usuarios. Este sistema permitiría brindar el servicio de manera formal y ordenada, haciendo más fácil la labor de inspección, supervisión y fiscalización.
En esta misma línea de ideas, hago un llamado a las autoridades del Órgano Legislativo, del Ejecutivo y a la sociedad organizada, para que unidos, logremos que se apruebe en nuestro país una ley que obligue a todo propietario de un vehículo de transporte a contratar un seguro que los cubra, por lo menos, contra daños a terceros.
Igualmente, propongo que se reestructure la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, para darle mayor independencia y autoridad; haciéndola, por consiguiente, más eficiente y efectiva.
Es necesario tomar medidas que conduzcan a un verdadero cambio, si no queremos tener pronto una nueva tragedia. El pueblo lo está pidiendo a gritos. ¡Ahora o nunca, Señor Presidente!

101 años de Panamá América

 
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