default

Réplica


Estimado Dr. Amat: Una carta del Sr. Eric Delvalle que se ha publicado expone su posición ante el crimen de Hugo Spadafora. Trata de hacerlo ignorando o queriendo desconocer acciones concretas que yo tomé como Presidente de la República y que precipitaron mi salida de la Presidencia por acción de la cúpula militar. Creo necesario puntualizar hechos concretos sobre ese momento de la vida nacional:
  • El viernes 20 de septiembre de 1985 decidí mover el nombramiento de una comisión especial para coadyuvar en la investigación del crimen del Dr. Spadafora. Días antes le había prometido a don Melo Spadafora que lo haría para contribuir a una investigación objetiva del hecho trágico. Lo anuncié por televisión.

  • Ese fin de semana, con el apoyo de colaboradores del Gobierno, identifiqué a los doctores Roberto Alemán, Carlos A. López Guevara y Jorge Fábrega para que integraran esa comisión. Los llamé por teléfono para estimularlos a que aceptaran la invitación que para ese propósito les haría el Procurador General y aceptaron mi propuesta. El lunes 23 de septiembre en mi casa hablé con el Dr. Alemán sobre el tema.

  • Como me habían dicho que el Ejecutivo no podía nombrar tal comisión, solicité al Procurador General que él la nombrará, ya que compartíamos el propósito de mantener la credibilidad en la Justicia. Además, antes de partir para las Naciones Unidas, pedí a mis asesores legales que analizaran a fondo si el Ejecutivo podía también nombrar tal comisión.

  • El martes 24 de septiembre, en vísperas de mi viaje a Nueva York y las Naciones Unidas, me reuní con el Procurador General y estuvimos de acuerdo en que él anunciaría el nombramiento de la comisión.

  • Esa tarde, en viaje, llamé al Ministro de la Presidencia el Ing. José Fierro, para pedirle que verificara el anuncio cuanto antes de la comisión. El miércoles 25 de septiembre desde Nueva York hablé con el Dr. Esquivel, segundo Vice-Presidente sobre el mismo tema. Esa tarde llamé al Sr. Delvalle y lo encontré curiosamente en el despacho del Coronel Díaz Herrera.

  • En Nueva York presencié la firma del acuerdo tripartita (EE.UU., Japón y Panamá) para el estudio del Canal, cené con banqueros que refinanciarían parte de la deuda panameña, compartí con Presidentes de América Latina y España, presenté mi discurso celebrando los 40 años de las Naciones Unidas, tuve conferencias de prensa y TV para promover a Panamá, me reuní con notables como George Shultz y Henry Kissinger.

  • Decidí regresar el jueves 26 de septiembre en la noche porque llegaba un huracán a Nueva York y desde Panamá mis allegados me decían que había una aparente crisis dentro de las Fuerzas de Defensa. En el vuelo mi directora de prensa, Migdalia Fuentes, me comunica que una ventana del avión tenía pintado F-8, el mismo símbolo que apareció en el costado del Dr. Mauro Zúñiga un mes antes cuando fue secuestrado.

  • El viernes 27 de septiembre, encerrado en la comandancia de las Fuerzas de Defensa por 14 horas, me dicen los comandantes que por razones de seguridad nacional y porque yo había querido nombrar una comisión investigadora del crimen Spadafora, debía irme de la Presidencia. Ya corto de paciencia, les dije: “Yo los he creído a ustedes inocentes de ese crimen pero si no aceptan el nombramiento de la comisión, l aís entero los creerá culpables del crimen”. Me preguntaron, “¿Cerraría usted el diario La Prensa?” Les contesté que no, porque estábamos en democracia. A lo que un coronel contestó: “Usted es demasiado demócrata para nosotros”.

  • 14 horas de encierro, discusión, diálogo, aislamiento, presión de toda clase, no se resumen en una línea.

  • Al firmar una carta, pasada la media noche, para poder salir de allí, en que me “separo” (palabra textual) de la Presidencia, al llegar a la misma me entero que en la Asamblea Legislativa todo estaba listo para instalar a Delvalle como Presidente.


En un momento decisivo entre el Gobierno Civil y los militares, éstos controlaron la situación para su seguridad. Mis últimas palabras al Sr. Noriega fueron: “Recuerde mis palabras, usted se arrepentirá de lo que está haciendo”.
Dos meses después, contribuía a través de una amistad para que Constantine Menges recibiera a Winnie Spadafora en el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca en Washington. De allí lo mandaron a donde el senador Helms en el Senado de EE.UU. El Washington Post editorializó “Panama Beheaded”, sobre dos decapitaciones en Panamá, la de Spadafora y la de la Presidencia. Lo demás es historia.
El Sr. Delvalle tendrá el derecho de tratar de defender sus actuaciones en relación con el crimen Spadafora y en casos tales como la marcha a la Comandancia que encabezó pocas semanas después de asumir la Presidencia exaltando el liderazgo de Noriega. Pero no tiene el derecho de tergiversar ni mentir sobre mis actuaciones.
De usted, cordialmente,
Nicolás Ardito Barletta
Ex Presidente de la República

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América