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Réplica


Me dirijo a El Panamá América en relación al editorial del 27 de abril, "Fujimori, ¡Presidente!", en el que se refiere a una reciente encuesta en la que el ex presidente encabezaría la intención de voto con un 18.4%. También se hace una severa, y a mi juicio, desproporcionada crítica al Presidente Alejandro Toledo, culpando a su gobierno de esta situación. Respetando la libertad de opinión, estimo necesario hacer algunas precisiones sobre lo manifestado en el editorial.
Concluir que la opinión pública peruana está a favor del retorno del ex presidente Fujimori por el resultado de una encuesta, resulta, por decir lo menos, cuestionable. En Perú, como en casi todos los países democráticos, las encuestas son un ejercicio permanente para medir ciertos aspectos de la vida política del país. Sería conveniente mencionar también en su información que, simultáneamente, se realizaron otras encuestas que arrojaron estos resultados: 74.5% considera que el ex Presidente es cómplice de Vladimiro Montesinos; 73.4% manifiesta que fue un presidente deshonesto; y, 59.6% desaprueba su gestión de 1990 al 2000.
Como se puede apreciar, resulta contradictoria una información con las otras, y ese es el riesgo de las encuestas. Vale decir que los mismos encuestadores se encargan permanentemente de manifestar que estas son referenciales, sujetas a muchos aspectos circunstanciales y coyunturales. Por otra parte, la encuesta citada ha sido motivo de varias críticas de otras empresas especializadas, las que consideran improcedente incluir a un personaje que está prohibido de ejercer cargos públicos por 10 años en un listado de posibles candidatos; quien además se encuentra prófugo de la justicia y tiene abiertos 17 procesos penales. Agrego que el ex presidente no tiene ninguna cuota de poder significativa en el Congreso Nacional.
Con respecto a la situación de Vladimiro Montesinos determinar que sigue preso "...sin que se la haya podido demostrar uno sólo de los más graves cargos que se le formulaban... ", dejaría entrever que existiría la posibilidad que estos fueran infundados, cuando la realidad exacta es que algunos de ellos están en fase instructiva (para lo cual se ha solicitado muchas veces la asistencia y cooperación judicial de Panamá) y, por lo tanto, son procesos que aún no se han iniciado y, en otros casos, no han concluido, por lo tanto, no se ha pronunciado sentencia.
El gobierno del presidente Toledo ha tenido que enfrentarse a pruebas muy duras y en circunstancias muy difíciles. Muchas veces ha tenido que tomar medidas necesarias, las que no necesariamente son populares. Pero existen algunas cifras que demuestran la seriedad y empeño de su gobierno: más de $ 10 mil millones de reservas internacionales netas; crecimiento anual del 4.3% (uno de los más altos de la región); tipo de cambio estable; inflación del 2.48% (una de las más bajas de Latinoamérica); una balanza comercial favorable en más de $180 millones. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que aún hay mucho por hacer y se continúa la ardua tarea de reducir la pobreza extrema, generar mayor empleo y satisfacer otras aspiraciones legítimas de pueblo peruano.
Tomar el ejemplo de Perú para justificar la crisis que sufre América Latina y su clase política, no es lo más justo y apropiado. A ningún país de la región le tocó pasar lo que a Perú después de la caída de régimen de Fujimori. No sólo se trataba de una crisis política y social. Fue, sobre todo, una crisis moral que remeció lo más profundo de la sociedad peruana y de la cual, hasta ahora, se siguen sufriendo las consecuencias.
Crisis de la cual Perú saldrá adelante reforzando su democracia y el estado de derecho, atendiendo las necesidades más urgentes de su población para retomar la paz y armonía necesarias y mirar al futuro con esperanza.
Muy atentamente,
José Antonio Bellina Acevedo
Embajador del Perú
Aquí no puede haber "borrón y cuenta nueva", porque sería un nuevo premio a la corrupción, si la hubiere.
Existen muchos proyectos y programas ya diseñados, debidamente consultados, y pésimamente ejecutados, a la espera del liderazgo de sus nuevos directores o gerentes. De hombres y mujeres con la suficiente capacidad de decisión en materia de riego, por ejemplo; de impulso a las agroexportaciones en forma creativa e innovadora, de combate a la pobreza. Renovar la investigación y la generación tecnológica de acuerdo a nuestras realidades de campo y condiciones económicas y socioculturales, de acceso de nuestros productores en sus diferentes niveles de desarrollo, o de atraso, según sea el caso.
Y, finalmente, la madurez de nuestros productores, que también deben interpretar y descifrar en toda su extensión y profundidad el mensaje electoral: Ya no es posible seguir con el juego del doble sombrero y la doble moral.
El país exige de un productor crítico y a la vez aportativo; beligerante y protagonista con la mayor responsabilidad. Entender que el Estado no es su cómplice, ni su enemigo, sino su aliado facilitador, posibilitador, gran divulgador y promotor dentro y fuera de las excelencias y potencialidades de nuestro país.
Así lo ha querido el electorado y su epidermis ciudadana. Es hoy por hoy, extremadamente sensible. Amén.
*Comunicador y consultor agroambiental..

(adagal43@hotmail.com)

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