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Réplica


En aras de la libertad de expresión y el derecho a réplica y el debate sano que practica el periódico a su digno cargo, le agradeceré la publicación del presente material.

Muchos son los colombianos, lectores, suscriptores y analistas internacionales del prestigioso periódico Panamá América que deseamos manifestar nuestro rechazo a la opinión vertida en el editorial del mencionado rotativo el día 4 del mes corriente sobre el proceso electoral colombiano.

Dicho material denota falta de objetividad, contentiva de apreciaciones y proyecciones muy personales de quien, tal vez, sin conocer la realidad colombiana y su historia político–social, emitió criterios fuera de esta.

Resumiré mi réplica señalando que el Presidente Álvaro Uribe, Juan M. Santos y uno de sus hermanos, ambos ministros de su gobierno, tienen a su favor la guerra contra las guerrillas, con un manejo, que en concepto de expertos, ha violado normas internacionales que tienen a Colombia en problemas con países vecinos. Los tres, como gran parte de su gabinete y altos cargos, son miembros del grupo de familias que han venido gobernando ese país, por décadas, con singular nepotismo.

Colombia muestra hoy un elevado crecimiento de la desigualdad social, con un 50% de su población en pobreza, emigrando como parias para cualquier otro país. La salud y la educación padecen una permanente y prolongada crisis. El desempleo bordea el 20%, sin los informales, siendo estas, cifras confiables de entidades serias y hasta oficiales.

Uribe y su esfera político–social, también enfrentan los resultados de algunas de sus fallas en la administración del Estado. La “seguridad democrática” y los deberes del gobierno, han venido siendo manejados políticamente, con una permanente campaña mediática, vigente hasta estos días de la campaña electoral. Esto ha obligado a las autoridades a intervenir. (Mockus solo tiene 3 meses de campaña electoral, sin los recursos del presidente y su ungido).

La reelección anterior de Uribe, como esta última que estaba empeñado en lograr, están empañadas. Fallos judiciales, como investigaciones en proceso, demuestran serias irregularidades en sus periodos de gobierno. Intereses endógenos como exógenos favorecen a Santos.

Liberales y conservadores, en sus cúpulas, son la misma gente con los mismos altos intereses económicos y políticos. Así viene siendo históricamente en ese país. Esa es una de las causas de la elevada abstención en las votaciones. El 50 al 60% de los colombianos No votan y los “presidentes”, salidos de esas cúpulas, ganan con 7 a 9 millones de votos, siendo que son más de 30 millones los votantes aptos. Jamás ganan de forma aplastante, como enfatiza este editorial. Si los 21 millones de abstencionistas decidieran votar, seguramente Mockus ganaría.

El cambio que representan Mockus y Petro debería darse, no solo por el continuismo, sino por el bien de ese gran país empobrecido, enlutado y ensangrentado, que merece paz y otro destino en América y el mundo. Su sectaria y discriminadora clase política tradicional (liberal–conservadora), a la que pertenecen Santos y Uribe, debe terminar más temprano que tarde.

101 años de Panamá América

 
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