Réplica a caricatura
Señor Guido Rodríguez:
En la publicación o edición del jueves 2 de octubre de 2008, de su muy leído diario, en la sección de Humor (página 13), apareció un cuadro de caricatura, en la que se sugiere, irrespetuosamente, que nuestra asociación ANFACSS patrocina entre nuestros funcionarios, la holgazanería, la ineficiencia y la falta de compromiso para con nuestra institución.
Nos desconcierta sobremanera que siendo ustedes víctimas de abusos en el pasado, en donde se les conculcaron sus derechos civiles y constitucionales, desconociendo su propio pasado de abusados, ahora, de manera incoherente con su realidad pasada, traten de demonizar a nuestra organización, por el sólo hecho de estar dispuesta a defender (al igual como lo hicieron ustedes, en contra de quienes expropiaron su medio) nuestras conquistas y derechos laborales.
Más del 80% de las reclamaciones que tradicionalmente nuestra organización ANFACSS ha efectuado a las diferentes administraciones de la Caja de Seguro Social, se han centrado en mejoras del ambiente laboral, dotación de mejores equipos para laborar, mejoramiento de las infraestructura de la institución; todo ello, precisamente, para ofrecer un servicio de calidad a nuestros derechos habientes o asegurados. La actual Junta Directiva de ANFACSS, de la cual soy su Secretario General, hemos redoblado esfuerzos en ese sentido.
Nuestra sociedad panameña es muy dada a la generalización, actitud morbosa ésta que está por destruir la relativa paz y convivencia social, y que, por ende, está socavando paulatinamente nuestra incipiente y endeble democracia. Le aseguro que somos mucho más los funcionarios comprometidos con nuestra institución que aquellos que sólo piensan en cobrar sus quincenas.
Nosotros, los funcionarios, siempre hemos sido vilipendiados, estigmatizados y responsabilizados por la burocracia e ineficiencia existentes en las instituciones públicas. La ventaja de un empleado que labora en la empresa privada es que siempre responderá a una política definida e inmutable, impuesta por su dueño; en contraposición con el empleado público, que a cada cinco años tenemos que ajustarnos a las políticas antojadizas y caprichosas de políticos, que más que resolver los problemas de las instituciones, llegan a resolver sus propios problemas y las de sus seguidores.
Hagamos buen uso de lo que una vez ustedes demandaron con vehemencia, y que la libertad de expresión no se utilice como pretexto para atacar sin razón la honorabilidad y honra de los que luchamos, al igual que ustedes, por construir un mejor país para nuestros hijos.
Atentamente,