Represión contra estudiantes
Si el Defensor del Pueblo, Dr. Italo Antinori Bolaños, no hubiera decidido pagarle el pasado viernes 23 de junio, por razones humanitarias, la multa a los estudiantes universitarios, de seguro que se hubieran quedado todo el fin de semana metidos en la cárcel como si fueran delincuentes comunes y con los dolores por las magulladuras, los palazos y los golpes que recibieron de la policía, hasta en la cabeza. Si después de toda la innecesaria y excesiva represión policial, encima, al filo de la medianoche, los multaron ¿qué otra cosa quedaba por hacer? Pues pagar la multa para poder salir, sino tenían que quedarse 20 días presos.
Según un artículo de Mario Rognoni, del 28 de junio de 2000, en la página C-6 de El Universal, entiendo que según él, lo que debió hacer el Defensor fue cruzarse de brazos y dejar que a los estudiantes los metieran presos en la Joya o en la Joyita, como escarmiento a la osadía de protestar o para demostrar así que el Defensor apoyaba los derechos de los terceros perjudicados por los tranques vehiculares. Como los estudiantes no tenían los 20 balboas para pagar su multa, el resultado lógico era que los iban a mandar desde el viernes en la noche para la Joya o la Joyita como si fueran delincuentes comunes. Y como quiera que a nadie se le dijo dónde estaban, en el mejor de los casos, se hubieran percatado al día siguiente que sus hijos estaban en dichos centros y hubieran pasado, al menos, el fin de semana ¿Esto hubiera sido justo? ¿Y si con esas reyertas que se dan, en esos centros penitenciarios, a uno de esos estudiantes lo hubieran matado? ¿Qué habría dicho el señor Rognoni? A lo mejor estaría hablando y escribiendo contra el Defensor del Pueblo por no haberle pagado la multa a los universitarios, a pesar de ser un hombre adinerado.
El hecho de pagar una multa a jóvenes que no tenían cómo pagarla fue un acto humanitario, digno de encomio. Ello no significa que el Defensor patrocine o promueva actos vandálicos. Ni que esté afectando derechos de terceros. Ni que esté de acuerdo con el cierre de las calles, ni que esté diciéndoles a los estudiantes que está bien o que está mal lo que hicieron. La trascendencia del acto del Defensor del Pueblo es mucho más profunda y hay que estudiarla con verdadera objetividad y no con mezquindad u odio personal.
Los Defensores del Pueblo del mundo no pueden atender a las personas por consideración al delito o falta que cometió. Para estos funcionarios, ni la falta ni el delito importa. Ellos no están para juzgar al que sufre, sino para darle y buscarle alguna solución a su sufrimiento. Para ellos, lo que importa es el principio humanista de velar porque a cualquier persona- no importa lo que hayan hecho - le sean respetados sus derechos humanos. En el caso de los estudiantes universitarios, por qué en vez de criticar el pago de una multa, no se dice que los estudiantes estuvieron desaparecidos desde que fueron detenidos hasta las 9 de la noche cuando el Defensor fue llamado y decidió actuar de inmediato y ante su presencia, no pudieron seguir ocultando dónde estaban. Nadie, ni siquiera el Rector sabía, ni cuántos eran los detenidos, ni dónde estaban, ni cuál era su condición física después de la paliza que la policía les dio. ¿Es esto justo en una sociedad democrática? Por qué en vez de criticar al Defensor del Pueblo el Señor Rognoni y otros sempiternos críticos del Defensor, no reconocen al menos que éste estuvo un viernes durante toda la noche y hasta las cinco de la mañana, bajo una torrencial lluvia - cuando otros dormían o a lo mejor visitaban a un proxeneta - trabajando y cumpliendo con su deber para que a ningún universitario lo enviaran a la Joya o a la Joyita. ¿Cuesta tanto reconocerle méritos a una persona a quien no se le pueden negar los muchos logros que ha tenido?
Si juzgáramos por los criterios de Mario Rognoni, antes de actuar en Defensa de los Derechos Humanos de una persona, el Defensor del Pueblo debe investigar qué falta o delito cometió. Si se tratara de un estudiante universitario no debería actuar, sino dejarlo preso, no por 20 días, sino quién sabe por cuánto tiempo más. Como el señor Rognoni prácticamente sostiene que dependerá del delito o falta del que se acusa a una persona para que el Defensor pueda actuar, hemos decidido llamarle a este engendro conceptual "el engendro Rognoni para la discriminación penal". Quizá el señor Rognoni debería comprender que no importa cuál sea el acto, falta o delito, ni cuál sea el partido o filosofía política de quien acuda al Defensor del Pueblo, su deber es atenderle y garantizar la vigencia de sus derechos humanos y sobre todo, tratar de buscarle solución a su problema.
En el caso de los estudiantes, lo que hayan podido hacer no era materia que le correspondiera juzgar al Defensor - aunque yo pienso que una juventud sin rebeldía es una juventud servil. Le correspondió decidirlo a la Jueza Nocturna de Policía y ella los sancionó. A pesar de que no comparto la sanción, sí creo que el Defensor del Pueblo hizo algo que ningún funcionario público hace. Se metió la mano al bolsillo y pagó la multa, a quienes no podían pagarla. La sanción estaba dada ¿qué más quería el señor Rognoni que le hicieran a los estudiantes? Ya les habían reprimido, pegado, magullado y golpeado, como en los mejores tiempos de su entrañable amigo Manuel Antonio Noriega. No será que el señor Rognoni añora tanto estos tiempos de represión, que todo lo que sea igual o parecido, lo aplaude y lo justifica.
Según un artículo de Mario Rognoni, del 28 de junio de 2000, en la página C-6 de El Universal, entiendo que según él, lo que debió hacer el Defensor fue cruzarse de brazos y dejar que a los estudiantes los metieran presos en la Joya o en la Joyita, como escarmiento a la osadía de protestar o para demostrar así que el Defensor apoyaba los derechos de los terceros perjudicados por los tranques vehiculares. Como los estudiantes no tenían los 20 balboas para pagar su multa, el resultado lógico era que los iban a mandar desde el viernes en la noche para la Joya o la Joyita como si fueran delincuentes comunes. Y como quiera que a nadie se le dijo dónde estaban, en el mejor de los casos, se hubieran percatado al día siguiente que sus hijos estaban en dichos centros y hubieran pasado, al menos, el fin de semana ¿Esto hubiera sido justo? ¿Y si con esas reyertas que se dan, en esos centros penitenciarios, a uno de esos estudiantes lo hubieran matado? ¿Qué habría dicho el señor Rognoni? A lo mejor estaría hablando y escribiendo contra el Defensor del Pueblo por no haberle pagado la multa a los universitarios, a pesar de ser un hombre adinerado.
El hecho de pagar una multa a jóvenes que no tenían cómo pagarla fue un acto humanitario, digno de encomio. Ello no significa que el Defensor patrocine o promueva actos vandálicos. Ni que esté afectando derechos de terceros. Ni que esté de acuerdo con el cierre de las calles, ni que esté diciéndoles a los estudiantes que está bien o que está mal lo que hicieron. La trascendencia del acto del Defensor del Pueblo es mucho más profunda y hay que estudiarla con verdadera objetividad y no con mezquindad u odio personal.
Los Defensores del Pueblo del mundo no pueden atender a las personas por consideración al delito o falta que cometió. Para estos funcionarios, ni la falta ni el delito importa. Ellos no están para juzgar al que sufre, sino para darle y buscarle alguna solución a su sufrimiento. Para ellos, lo que importa es el principio humanista de velar porque a cualquier persona- no importa lo que hayan hecho - le sean respetados sus derechos humanos. En el caso de los estudiantes universitarios, por qué en vez de criticar el pago de una multa, no se dice que los estudiantes estuvieron desaparecidos desde que fueron detenidos hasta las 9 de la noche cuando el Defensor fue llamado y decidió actuar de inmediato y ante su presencia, no pudieron seguir ocultando dónde estaban. Nadie, ni siquiera el Rector sabía, ni cuántos eran los detenidos, ni dónde estaban, ni cuál era su condición física después de la paliza que la policía les dio. ¿Es esto justo en una sociedad democrática? Por qué en vez de criticar al Defensor del Pueblo el Señor Rognoni y otros sempiternos críticos del Defensor, no reconocen al menos que éste estuvo un viernes durante toda la noche y hasta las cinco de la mañana, bajo una torrencial lluvia - cuando otros dormían o a lo mejor visitaban a un proxeneta - trabajando y cumpliendo con su deber para que a ningún universitario lo enviaran a la Joya o a la Joyita. ¿Cuesta tanto reconocerle méritos a una persona a quien no se le pueden negar los muchos logros que ha tenido?
Si juzgáramos por los criterios de Mario Rognoni, antes de actuar en Defensa de los Derechos Humanos de una persona, el Defensor del Pueblo debe investigar qué falta o delito cometió. Si se tratara de un estudiante universitario no debería actuar, sino dejarlo preso, no por 20 días, sino quién sabe por cuánto tiempo más. Como el señor Rognoni prácticamente sostiene que dependerá del delito o falta del que se acusa a una persona para que el Defensor pueda actuar, hemos decidido llamarle a este engendro conceptual "el engendro Rognoni para la discriminación penal". Quizá el señor Rognoni debería comprender que no importa cuál sea el acto, falta o delito, ni cuál sea el partido o filosofía política de quien acuda al Defensor del Pueblo, su deber es atenderle y garantizar la vigencia de sus derechos humanos y sobre todo, tratar de buscarle solución a su problema.
En el caso de los estudiantes, lo que hayan podido hacer no era materia que le correspondiera juzgar al Defensor - aunque yo pienso que una juventud sin rebeldía es una juventud servil. Le correspondió decidirlo a la Jueza Nocturna de Policía y ella los sancionó. A pesar de que no comparto la sanción, sí creo que el Defensor del Pueblo hizo algo que ningún funcionario público hace. Se metió la mano al bolsillo y pagó la multa, a quienes no podían pagarla. La sanción estaba dada ¿qué más quería el señor Rognoni que le hicieran a los estudiantes? Ya les habían reprimido, pegado, magullado y golpeado, como en los mejores tiempos de su entrañable amigo Manuel Antonio Noriega. No será que el señor Rognoni añora tanto estos tiempos de represión, que todo lo que sea igual o parecido, lo aplaude y lo justifica.