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"Réquiem anticipado por las víctimas del Darién"


Recientemente mucho se ha comentado, opinado y hablado sobre la problemática darienita a raíz del reportaje valioso presentado por una televisora local. Realmente el tema para mi equipo de trabajo, en el cual me incluyo, no es nuevo. Recuerdo con precisión hace aproximadamente 2 años cuando mis asesores me recomendaron asistir a una función de cine a observar la película "Algo muy personal", cuyos protagonistas lo eran Robert Redford y Michelle Pfifer. Asistí, a regañadientes porque el tema de promoción no era de mis favoritos. En compañía de mi esposa, presencié el drama un "love story" muy fino, tipo Hollywood, pero para sorpresa nuestra en el desenlace fatal, el galán muere en Panamá cumpliendo una misión periodística y adivinen donde: El Darién.
Esto despertó un inusitado interés en nuestra estructura política nacional e internacional y rápidamente encaminamos la búsqueda de este mensaje subliminal de un productor y cineasta independiente, liberal y muy vinculado a los sectores más avanzados y progresistas de Washington D.C.
Durante años, desde la expansión de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), las incursiones furtivas de esta organización en territorio fronterizo panameño se han sucedido, como lugar de descanso y otras necesidades vitales, sin que ello haya producido mayores connotaciones, por lo que es generalizada la opinión de que quien menos está interesado en complicar la zona es precisamente la guerrilla colombiana.
En contraposición a ello los llamamos "paramilitares", que en muchos de nuestros países actúan como apéndice extraoficial de sus respectivos ejércitos regulares, sí pueden tener perfectamente como objetivo dificultarles esas facilidades en la región a las FARC. Una forma de hacerlo es aprovechando el nivel de indefensión por parte de nuestro gobierno, desprovisto de una fuerza militar, y a la vez reprimiendo en territorio nacional a los lugareños que mantuvieran cualquier vinculación con las FARC, creando un teatro de operaciones ideal para los propósitos de los sectores reaccionarios de Washington.
Estas acciones en las zonas fronterizas del Darién con Colombia comenzaron a tener connotación pública y destaque publicitario internacional coincidentemente con el inicio de las discusiones entre el gobierno de Estados Unidos y Panamá, para crear en nuestro país un Centro Multilateral Antidrogas, conocido por las siglas del CMA. Cada vez que éstas discusiones -que abarcaron un período de 3 años- se estancaban por cualquier razón de una u otra parte, arreciaban los conflictos fronterizos y paralelamente aparecían los editoriales de algunos diarios argumentando la necesidad nacional de lograr acuerdos con Estados Unidos que permitieran guarnecer nuestra frontera con Colombia.
Todo lo anterior indicaba muy claramente el propósito de crear la conciencia en sectores de nuestra población, así como en los dirigentes políticos de la necesidad de fuerzas militares norteamericanas en nuestro territorio para resguardar la aparentemente conflictiva región fronteriza del Darién con Colombia; lo que equivaldría a postergar el país soberano que siempre anhelamos nuestros próceres y nosotros.
Sin embargo lo que acontece hoy día es más trascendente que el empeño de sectores del Congreso estadounidense y del Pentágono por mantener fuerzas militares en Panamá. Ha sido dado a conocer por el Departamento de Estado norteamericano que Estados Unidos en asociación con países fronterizos con Colombia, como Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú, están tejiendo un cerco alrededor de toda la frontera colombiana, apostando dispositivos militares contrainsurgentes estadounidenses y el apoyo logístico y de técnica militar, como una extensión de igual proceder desde antes con el ejército colombiano.
La base militar de Manta, en las fronteras del sur de Ecuador con Colombia es una evidencia de ello. El propósito no puede ser más evidente: cortarle a la guerrilla colombiana los accesos de suministros, logística militar y vías de comunicación.
Para completar el cerco falta la frontera de Colombia con Panamá. No pudieron lograr el establecimiento en nuestro país de un CMA, al cual los estadounidenses querían sumarle a las actividades netamente antidrogas "otras misiones" como podría ser ahora la destinación de fuerzas militares en el Darién. Y como todo indica que tampoco podrán lograrlo de manera bilateral con el actual gobierno que precisamente desestimó, a esas "otras misiones" solo le quedan dos vías: Una, que así lo puedan oficializar con el gobierno que se instalará el próximo primero de septiembre; y otra es que a través de las incursiones de los "paramilitares" colombianos, se asesine cruel y despiadadamente, en nuestro propio país, a decenas de nuestros hermanos darienitas, para inducir en la opinión pública la necesidad de fuerzas norteamericanas en la frontera y obligar al gobierno a acceder a tal presencia para normalizar una situación que ellos mismos han contribuido a crear.
Y para muestra un botón. Albert Chocho, indígena emberá del sector de Alto Chucunaque el año pasado fue ultimado por bandas paramilitares que asaltaron esos poblados. Y tampoco para la población de la Bonga, del Corregimiento Especial de Puerto Obaldía, que fue atacada por paramilitares hace dos años. Allí mataron a varias personas y hoy es una comunidad casi abandonada.
Las operaciones de inteligencia obedecen a patrones o escuelas en cuanto a la metodología aplicada y en muchos casos puede identificarse, con mediana precisión, cuándo un organismo tiene sus manos metidas en algún asunto. Los Estados Unidos se caracterizan por preparar un teatro de operaciones adecuado, una sistematización y control de la información, de manera que el engendro político no lacere los intereses de la nación frente a su opinión pública. Estamos en esa fase, la próxima será contar los cadáveres, que seguramente serán nuestros coterráneos.

101 años de Panamá América

 
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