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Rescatemos la cultura de valores


La sabiduría de nuestros abuelos les permitió sentenciar aquello de que "se busca en la calle lo que no se encuentra en el hogar". Todos los días los medios masivos de comunicación se hacen eco de la importancia del núcleo familiar. La presencia física de los padres en el hogar; la participación de todos los miembros en acontecimientos importantes de sus vidas; el compartir a diario el tiempo, donde se aprovecha cada ocasión para intercambiar sentimientos, bien sean de dolor o de alegría; el reconocer los valores de cada uno, sus limitaciones, el nivel en que cada quien se encuentra como abuelos, padres, hijos o nietos, se constituyen en algunos de los ingredientes que deben tomarse en consideración para que un hogar sea funcional.
De igual manera, esos mismos medios reflejan las grietas o lesiones que se causan producto de la puesta en práctica de otras actitudes contrarias a las mencionadas con anterioridad. No son pocas las familias donde de manera constante se comunican con gritos, peleas, ofensas y malos tratos. Qué decir de aquellas donde los más elementales valores humanos y morales jamás han existido. La violencia, muchas veces promovida por la droga, el consumo de alcohol, el desconocimiento de los derechos y deberes individuales y colectivos, conllevan a escenas verdaderamente lamentables, incluso la pérdida de vidas de alguno(s) miembro(s) de la familia.
Estas situaciones son las que impulsan a pensar, sobre todo a los menores de edad, que "su casa, más que un hogar, es un infierno". Son incontables los casos donde estos jóvenes se van a la calle, sin prever los altos riesgos existentes en la misma. No les importa. Sólo quieren huir y una vez logrado su principal objetivo, se enfrentan a las vicisitudes de esta nueva vida, la cual les exige un alto precio.
Todos sabemos que las pandillas organizadas en nuestro país son receptáculos de numerosos muchachos provenientes de hogares disfuncionales, que han preferido dar el paso de desertar, olvidarse del resto de sus familiares y dejarse llevar "por la buena de Dios".
Estamos convencidos que un joven se convierte en integrante de una determinada pandilla por varias razones. Se identifica emocionalmente con el resto de los integrantes, quienes todos de una u otra manera se sienten heridos en su autoestima y rechazados por su familia biológica. En consecuencia, la pandilla pasa a convertirse en su "nueva familia".
En ella encuentra los momentos para reír y para compartir. Considera que la protección que requiere para sentirse seguro(a), esta "nueva familia" se la suministra. Aprende a respetar y cumplir con las reglas que la pandilla impone para mantener la disciplina y la funcionalidad de su organización. Reconoce que hay que sobrevivir y para lograrlo hay que trabajar, por eso participa en actos que los llevan a lograr el sustento. Uno de los principales mandamientos que encuentra dentro de la organización es que los únicos que poseen valores y merecen respeto son sus nuevos hermanos, los demás miembros de la sociedad deben ser repudiados, por eso para muchos integrantes de estas pandillas la vida humana no es apreciada, por el contrario, quien es considerado como un obstáculo en sus caminos, sencillamente lo eliminan.
Actualmente existe una tentación por parte de muchos ciudadanos por querer establecer nuevos castigos para los menores que cometen crímenes. Uno de ellos es el de juzgarlos como adultos; otro sería aumentar la pena máxima de prisión. Encontramos voces a favor y en contra de estas sugerencias. Nuestra posición es la de profundizarnos más en el fenómeno e irnos a las raíces mismas del problema que, a nuestro juicio, es el hogar.
Generalmente las pandillas están integradas por jóvenes cuyas características son similares:
1-Provienen de hogares disfuncionales. 2-Su ambiente está saturado de pobreza. 3-Lógicamente saben lo que es el hombre. 4-Han nacido en un lugar donde la escala de valores humanos y morales no existe. 5-Su corta vida ha sido castigada con abusos y maltratos frecuentemente. 6-Desconocen el significado del amor. 7-Su autoestima ha desaparecido, producto de las lesiones causadas.
Recientemente en la ciudad de Colón y en el barrio de San Miguel, se hicieron ejercicios que dieron frutos casi de inmediato. Personas e instituciones tomaron la responsabilidad de entrar en algunas de las pandillas existentes y les permitieron a sus miembros ver una luz de esperanza. Los jóvenes aceptaron el reto y dejaron sus armas, se comprometieron a capacitarse para el trabajo honrado, y participan de una constante formación espiritual que les ha ido permitiendo reconocer el valor de la vida.
Lo importante de esta experiencia es resaltar la actitud de algunos que se atrevieron a "inmiscuirse" en la problemática y ofrecer soluciones. Esto indica que con una buena intención y disposición a trabajar se pueden alcanzar metas. Creo que esto es lo que falta en nuestro país, menos señalamientos de los problemas y más aportes de soluciones.
El núcleo familiar nacional está lesionándose cada vez más. Está desapareciendo toda esa cultura de valores que permitió a nuestros padres y abuelos formar su carácter. Hay que rescatar la caballerosidad, el auténtico feminismo, la honradez, la disciplina, la honorabilidad y el orgullo por lo nuestro. Eso funcionó de manera excelente tan solo hace algunos años en nuestros antepasados, entonces ¿no creemos que pueden volver a inculcarse y ponerse en práctica? Estamos convencidos que sí; en consecuencia, llenémonos de entusiasmo y manos a la obra. La patria, el tiempo y la juventud lo requieren de manera urgente.
*Director de Promoción y Defensa Institucional de APLAFA.

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