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Resembrar los árboles


Por alguna razón, los vendavales son noticia, cosa extraña para un país situado en medio trópico, donde llueve nueve meses al año. Hoy, esos fenómenos meteorológicos tan normales, provocan más inundaciones que nunca y vienen, de cuando en cuando, acompañados por vientos huracanados y pequeños tornados; cosa que raras veces ocurría antes. Quizás son señales del cambio climático producido en el planeta por la mano del hombre.
El hecho es que tanto personas como sus bienes y los árboles están sufriendo los embates de la Naturaleza. De los dos primeros nos ocupamos los afectados, de un modo u otro, con ayuda del Gobierno y organizaciones de ayuda humanitaria; pero de los árboles, nadie, salvo para talarlos en pedazos más pequeños cuando obstruyen alguna vía o caen sobre alambrados eléctricos o encima de construcciones. Los demás quedan tirados, cual largo son, en terrenos baldíos, en parques y a la orilla de calles. Los pobres quedan como cadáveres insepultos, marcando con su voluminosa presencia su propia tumba.
Cada vez son más los que caen y menos los que se siembran. Fuera de eso, está el derribo doloso de parte de quienes no conocen otra forma de construir que tumbando árboles y pelando los terrenos hasta que quede el barro yermo e infértil. No podemos evitar contrastar esta nociva práctica con la de los norteamericanos, quienes construyeron hermosos complejos urbanísticos en la Zona del Canal, en perfecta armonía con la Naturaleza y los árboles en general.
Si Florida fuera Panamá, tras uno de los tantos huracanes que la azotan, ya estaría convertida en un desierto; y no lo está. Por el contrario, por doquier tiene sembrados aquí y allá bellos árboles y palmeras que alimentan su imagen de "Morada del Sol". Alguien explicó lo que ocurre tras aquella magia de belleza arbórea. Tras el paso de cada huracán, sencillamente no queda un solo árbol en pie. Y es más, se caen, antes que los vientos toquen tierra. Pero luego de superado el percance, todos y cada uno de ellos vuelve a ser resembrado en el mismo sitio, apuntalado y embellecido con plantas y flores, para que luzca mejor que antes. Es la lucha eterna de la voluntad humana contra la Naturaleza; es renovación, ganarle a la muerte y devolver una oportunidad de vida.

101 años de Panamá América

 
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