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Resignación culpable


Algunos analistas políticos han planteado que la aprobación de una reforma tributaria es inevitable porque las instituciones financieras internacionales han puesto esa condición al gobierno panameño para continuar prestando el dinero que necesitan. Desde ese punto de vista nuestros gobernantes no estarían proponiendo lo que consideran como necesario y conveniente para hacer más eficiente y justo el sistema de recaudación fiscal, sino aquello que nuestros acreedores están imponiendo para garantizarse el cobro de la deuda que mantenemos con ellos.
Los que así piensan han decidido aceptar de antemano que no es posible enfrentar la propuesta del Órgano Ejecutivo porque estando sometidos a la presión de los acreedores internacionales, y contando con su control sobre el Órgano Legislativo, es muy poco lo que puede lograrse cambiar. Resulta una mala suerte para los panameños y panameñas si en el camino agravamos la crisis económica, aumentamos el nivel de desempleo y contribuimos a la pobreza.
Nosotros abrigamos la esperanza de que mediante la denuncia de lo que resulta perjudicial para nuestro desarrollo, lograremos cambiar la opinión tanto de nuestras autoridades como la de los economistas de las IFIS que deben entender lo difícil que resultará pagar si destruimos los generadores de la riqueza que sirve, entre otras cosas, para cumplir con nuestros compromisos de la deuda externa.
La fórmula para acabar con el sector productivo es bien sencilla. Primero sométalo a la competencia internacional mediante tratados de libre comercio con otros países que tienen un mejor ambiente para la inversión, mantenga la burocracia pública para hacer más difícil su gestión, auménteles el costo de la energía eléctrica, eleve el salario obligatorio a niveles que están por encima de la productividad y súbale los impuestos que deben pagar.
En la aplicación de estos principios hemos sido altamente eficientes. El resultado puede verse en la menguante cifra de crecimiento del producto interno bruto, la disminución de la actividad económica y el deterioro de nuestros niveles de bienestar. Si los que tienen la responsabilidad de orientar la economía continúan considerando como inevitable atender cuanta tesis nos proponen desde afuera y se dejan llevar en este rumbo sin intentar controlar nuestro destino, nos espera un lamentable futuro. Confiemos en que sabremos rectificar a tiempo.

101 años de Panamá América

 
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