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Resistencia sospechosa


Una gran sospecha sobre algunos funcionarios nos ha causado la declaración del señor Contralor General de la República: De 1,595 de ellos que conforme a la Ley están obligados a declarar sus bienes, 852 se mantienen aún remisos para hacerlo. Es decir que más del 50% ha preferido callar. Dejaron vencer el término en que debieron declarar. Por lo serio del caso no merecían prórroga alguna. Se les dio por segunda vez, y han seguido callando.
En nuestro editorial del 19 de agosto pasado, decíamos que los que no habían declarado entonces y permanecían morosos se hacían sospechosos de falta de probidad, porque pensábamos que intentaban enriquecerse ilícitamente. Ahora, nuestra sospecha es mayor y más alarmante: Buen número de ellos se abstendrán de declarar y quizá algunos hasta renuncien. Temen que se descubra lo mucho que ya tienen, adquiriendo en corto tiempo, comparado con lo que antes tenían, y peor aún, si no tenían.
No compartimos la idea del gobierno de tan sólo retenerles el pago de sus sueldos hasta tanto declaren. Eso no es solución sabia. La solución realmente justa y necesaria es declarar insubsistentes sus nombramientos a los remisos, puesto que se han hecho indignos de confianza.
El gobierno no debe dar muestras de debilidad con una magnanimidad que los rebeldes no merecen. Eso le restará imagen y respeto frente a una negrísima sospecha de pecados que ameritan ser investigados por corrupción. Merece la pena considerar qué posibilidades hay de que los nombres de los remisos a declarar, se publiquen indicando qué cargos tienen. Eso sería más efectivo que una simple retención de cheques, porque ahora, aunque declaren, no le conviene al país mantenerlos donde están. Así nos conoceremos mejor.
No deseamos pensar que el gobierno tema destapar una Caja de Pandora.

101 años de Panamá América

 
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