Respeto al policía
Cuando tuvimos la presencia en nuestro suelo de una policía extranjera, pudimos comprobar el respeto extremo que los panameños le dispensábamos. Nadie osaba discutir con sus agentes absolutamente nada, al momento de una detención por una infracción de tránsito o por cualquier otra razón. Y aunque algunos no supiéramos inglés, todos terminábamos poniendo las manos en alto o sobre el capó del auto o contra la pared, al oír las primeras órdenes imperativas, aunque no entendiéramos nada.
Con nuestros agentes había también respeto, pero no tanto. Más de uno se aventuraba a ofrecer una coima o a discutir razones a un criollo, pero nunca a un policía de la Zona del Canal y mucho menos ponernos a forcejear con alguno de ellos con intención de arrebatarle el arma, porque sabíamos que quien lo hacía arriesgaba la vida, sin derecho a reclamo.
Es indudable que el nivel de respeto ciudadano a su policía disminuyó luego de la invasión norteamericana y, durante los tiempos de la dictadura, no era tanto respeto sino miedo.
Cierto es que el respeto también se gana, pero debemos aprender a respetar a quienes están allí para protegernos. Puede que algunos no lo merezcan, pero hay que saber distinguir entre ciertas personas y la autoridad, entre los jefes y sus instituciones. No porque haya malos médicos y curas, se justifica que irrespetemos y retiremos la estima a los doctores en general o a sus autoridades, o a todos los sacerdotes y a su Iglesia.