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Respuesta a Aristides Royo


El miércoles 22, Juan David Morgan publicó en La Prensa una réplica refiriéndose a mi artículo publicado el domingo 19. Puesto que nada argumentó, ignoré su vociferación. Aristides Royo, por su parte, asumió la defensa del hermano político de su socio en forma racional. El sábado 25 publicó en El Panamá América un artículo titulado: ¿Insulto o polémica? Voy a responder.
1.- Quiero reconocer que Royo ha tocado un aspecto que considero importante: si el tono de un comentario obstaculiza el diálogo sobre temas substanciales, entonces hay que bajarlo un poco. Las formas en que se expresa enojo o desacuerdo pueden ser muchas. Que resulten contraproducentes o insultantes, depende de varios factores, entre ellos, la sensibilidad de la persona objeto de la crítica. Algunas expresiones que usé en mi artículo pudieron dar la impresión que iban dirigidas a insultar al señor Lewis. Admito que fueron corrosivas y evitaré usarlas.
2.- ¿El señor Lewis se estaba refiriendo sólo a los políticos que actuaron correctamente y no a los otros?. ¿Por qué generalizó entonces?. No comparto la apreciación benevolente e ingenua de Royo. Habría que preguntarle al señor Lewis. En cualquier caso, lo que tiene importancia es el hecho de que nuestra historia está sembrada de ejemplos edificantes y negativos. Es necesario conocerlos, divulgarlos y comprenderlos. La historia no puede ni debe olvidarse y menos ocultarse. El intento de reforma de la sociedad debe tomar en cuenta los hechos históricos, sin descalificar de antemano aquellos que alguien considera negativos. Ojalá que Royo, hombre inteligente y memorioso, escriba sus recuerdos detallados de los acontecimientos que le tocó vivir de cerca.
3.- Sobre la referencia que hice al provincianismo de Monseñor Cedeño, explicaré un poco. Royo parece pensar que del hecho que muchos Papas y cardenales ilustres provengan del campo se sigue que Monseñor Cedeño, puesto que viene del campo, probablemente será un gran guía espiritual de la nación panameña. Creo que se equivoca. En todo caso, no me referí al lugar de origen del señor Arzobispo. El provincianismo a que me refería en mi artículo aludía a esa actitud excesivamente conservadora y renuente al cambio, especialmente sobre la moral, que impide el progreso y la revisión de las costumbres y tradiciones. El provincianismo no está asociado exclusiva y necesariamente al campo. Hay políticos con mentalidad provinciana que viven en la capital. El señor Lewis es un ejemplo patente.
Un corolario de esta actitud es la creencia de que una tradición debe ser conservada por el solo hecho de serlo. Una tradición que debe ser reemplazada, a mi juicio, es la idea de que la Iglesia católica o la religión son las únicas fuentes de valores morales a que debemos recurrir. Si la Iglesia católica pretende convertirse en rectora espiritual efectiva de la mayoría de los panameños, creo que tendrá que reprimir un poco la tendencia a catequizar apelando exclusivamente al amor. A la teología del amor tendrá que añadir una buena dosis de racionalidad. Después de todo, así lo pidió el Papa en la encíclica Fe y Razón. Para la Iglesia, la fe conduce a la razón y la razón, de vuelta, conduce a la fe. Razón y fe son compatibles, no antagónicas. El Papa hizo un llamado a la enseñanza de la verdad revelada, con el auxilio de la razón.
Considerando que el llamado se hizo en septiembre de 1998, ¿cuántos empresarios exitosos, católicos y educados, con ínfulas de dirigentes políticos; cuántos abogados, que se consideran también católicos e invocan la guía espiritual de la Iglesia, han estudiado esta encíclica, o la han leído siquiera?. Sería quizás edificante para la sociedad un debate sobre las relaciones entre la fe y la razón, problema central de la doctrina de la Iglesia Católica, que, como piensan Royo y Lewis, ilumina a la mayoría de los panameños.
5.- ¿La mayoría del pueblo panameño es católico? ¿Que este hecho es ratificado por la Constitución? Le recomiendo a Royo que lea algunas encuestas que se han publicado sobre el porcentaje de jóvenes que tienen creencias religiosas. El número de los que no tiene creencias religiosas o no las toman en serio es elevadísimo, creo que más del cincuenta por ciento. En cuanto al resto del país, sugiero que se acerque a las iglesias y a las grandes procesiones anuales y haga un estimado de la proporción de la población que es devota. Una cosa es un católico nominal y otra distinta es uno practicante.
Por otro lado, hay un aspecto mucho más importante en todo este asunto, que no parece haber llamado la atención de Royo: el problema de que la moral católica, que está en completa decadencia, no está siendo reemplazada por otros valores, con grave perjuicio de la sociedad, especialmente de los jóvenes. Creo que esta omisión es imputable principalmente, a nuestros gobernantes.
6.- ¿Que desaproveché la oportunidad de iniciar una polémica interesante con mi artículo? ¿Cómo podría? Respecto al señor Lewis, es casi seguro que, como de costumbre, no mostraría interés. En esta ocasión, sólo lo han hecho su hermano político y el socio de este, Aristides Royo. Aún así, no siempre se sienten inclinados a salir en su defensa. Consideremos los siguientes casos. Hace unos años, Guillermo Sánchez Borbón publicó un artículo que caracterizaba al señor Lewis y a su partido político como una especie de "PRD light". Aparentemente el señor Lewis se sintió injuriado, a juzgar por el tono de la nota que una copartidiaria publicó. Sánchez Borbón a su vez, replicó que el mote de "PRD light" no lo había inventado él, sino que lo había escuchado en la calle y que, de todas formas, el señor Lewis y su partido eran una versión "PRD light". "Y se lo pruebo cuando quiera", concluyó desafiante. Y allí terminó el episodio, porque no supimos más del agraviado. Hace pocos meses, Ernesto Pérez Balladares publicó un artículo en El Panamá América, destinado a criticar al señor Lewis Galindo. El artículo se titulaba "A aprender la lección...¡tonto!". Puede verificarse en un diccionario, que la palabra tonto es sinónima de estúpido, escaso de entendimiento y otras tan fuertes como esas. Y ese era, obviamente, el sentido y la intención expresados por el título del artículo y su contenido. Estaba dedicado todo a desenmascarar, con explicaciones, a un político al que acusaba de haber mentido; de traicionar una alianza y de que era, a fin de cuentas, un simple político sin visión de estadista.
Si Royo y el hermano político de Lewis encontraron el artículo y su título insultantes y ofensivos, es algo que nunca sabremos, porque guardaron silencio.
Cuando los intereses encadenan a los políticos y no les permiten expresarse, se hace visible en ellos una señal inequívoca de decadencia.

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