Respuesta a comunicado de la cancillería
La Cancillería, en su comunicado publicado el domingo 3 de junio, pone de relieve que la política exterior del gobierno está en crisis, al igual que la política económica y fiscal del país. El documento al fallar en su intento de demostrar que no se ha hecho el ridículo en el caso de Taiwan, aduce elementos que convierten a la Cancillería en el hazmerreír de la comunidad internacional. Si algún efecto tiene es el de retrasar el desarrollo económico de la Nación, al tomar partido en favor del gobierno de los 23 millones de habitantes de la provincia china de Taiwan y obstaculizar las relaciones comerciales y diplomáticas con el gobierno de los 1,250 millones de habitantes de la República Popular China.
Sin dejar de contestar más adelante sus alusiones personales, me referiré por su orden a los puntos expuestos en el comunicado de la Cancillería:
El reconocimiento que hace de la existencia de dos Chinas es una ofensa innecesaria que se infiere al Gobierno de Beijing, además de evidenciar un desconocimiento de la historia y del Derecho Internacional, por tratarse de un asunto ya resuelto. La Resolución 2758 (XXVI) de la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió en 1971 expulsar de la Organización al régimen de Chiang Kai-Chek refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular de China, reconociendo a los representantes del Gobierno de Beijing como los únicos representantes legítimos de China en las Naciones Unidas. No es cierta la afirmación que hace el comunicado, en el sentido de que Panamá se ha limitado a manifestar "su comprensión" por los esfuerzos que realiza Taiwan. Minutos después de que el mandatario taiwanés abandonara el país, la presidenta Moscoso anunció que "Panamá dará su voto favorable" a Taiwan para entrar a la ONU. ("La Prensa", primera plana, jueves 31 de mayo de 2000). La posición de la Cancillería es a todas luces desairada, porque Panamá ofrece dar un voto en un escenario donde no se vislumbra votación alguna. El artículo 4, inciso 2 de la Carta de las Naciones Unidas previene que para ser admitido un Estado como miembro de las Naciones Unidas se requiere la recomendación previa del Consejo de Seguridad a la Asamblea General, que no prosperará por la presencia del gobierno de Beijing en dicho Consejo. La Cancillería esgrime el argumento de que el derecho al veto no impide la presentación de cualquier propuesta de los Estados miembros. Se incurre en una miopía intelectual al calificar como "cualquier propuesta" la idea del gobierno panameño de que se admita a Taiwan como Estado miembro de las Naciones Unidas. Desde hace más de tres décadas he abogado porque Panamá establezca relaciones diplomáticas con la República Popular China. El comunicado de la Cancillería dirigido a mi persona, como si fuese un Estado soberano, me pide que explique por qué durante mi mandato como Presidente de la República no se establecieron relaciones diplomáticas con Beijing. No lo hicimos sencillamente porque un elemental sentido de responsabilidad nos exigía abstenernos de hacerlo en plena guerra fría para no exacerbar los ánimos de los círculos ultraconservadores de los Estados Unidos, y que no se malograra ni se dificultara el período de transición para la ejecución de los Tratados Torrijos-Carter, sujeto a un calendario de cumplimiento. La situación mundial es totalmente distinta después del 31 de diciembre de 1999 cuando Panamá asumió el control de la Vía Interoceánica.
En cuanto a la alusión personal que se me hace en el Comunicado, debo decir que a diferencia del Dr. Roberto Alemán, notable padre del actual Canciller, quien en 1968 viajó a Washington como Embajador de la cúpula militar, a convalidar el derrocamiento del Dr. Arnulfo Arias Madrid, no fue sino hasta 16 años después que le correspondió a mi persona asumir la Presidencia de la República el 13 de febrero de 1984, bajo el régimen de la Constitución de 1972, reformado sustancialmente en 1983 con el aval de todas las fuerzas políticas de oposición al gobierno de turno.
Confío en que mis declaraciones sean aceptadas por la ciudadanía como una respuesta cabal a las explicaciones solicitadas por la Cancillería.
Sin dejar de contestar más adelante sus alusiones personales, me referiré por su orden a los puntos expuestos en el comunicado de la Cancillería:
El reconocimiento que hace de la existencia de dos Chinas es una ofensa innecesaria que se infiere al Gobierno de Beijing, además de evidenciar un desconocimiento de la historia y del Derecho Internacional, por tratarse de un asunto ya resuelto. La Resolución 2758 (XXVI) de la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió en 1971 expulsar de la Organización al régimen de Chiang Kai-Chek refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular de China, reconociendo a los representantes del Gobierno de Beijing como los únicos representantes legítimos de China en las Naciones Unidas. No es cierta la afirmación que hace el comunicado, en el sentido de que Panamá se ha limitado a manifestar "su comprensión" por los esfuerzos que realiza Taiwan. Minutos después de que el mandatario taiwanés abandonara el país, la presidenta Moscoso anunció que "Panamá dará su voto favorable" a Taiwan para entrar a la ONU. ("La Prensa", primera plana, jueves 31 de mayo de 2000). La posición de la Cancillería es a todas luces desairada, porque Panamá ofrece dar un voto en un escenario donde no se vislumbra votación alguna. El artículo 4, inciso 2 de la Carta de las Naciones Unidas previene que para ser admitido un Estado como miembro de las Naciones Unidas se requiere la recomendación previa del Consejo de Seguridad a la Asamblea General, que no prosperará por la presencia del gobierno de Beijing en dicho Consejo. La Cancillería esgrime el argumento de que el derecho al veto no impide la presentación de cualquier propuesta de los Estados miembros. Se incurre en una miopía intelectual al calificar como "cualquier propuesta" la idea del gobierno panameño de que se admita a Taiwan como Estado miembro de las Naciones Unidas. Desde hace más de tres décadas he abogado porque Panamá establezca relaciones diplomáticas con la República Popular China. El comunicado de la Cancillería dirigido a mi persona, como si fuese un Estado soberano, me pide que explique por qué durante mi mandato como Presidente de la República no se establecieron relaciones diplomáticas con Beijing. No lo hicimos sencillamente porque un elemental sentido de responsabilidad nos exigía abstenernos de hacerlo en plena guerra fría para no exacerbar los ánimos de los círculos ultraconservadores de los Estados Unidos, y que no se malograra ni se dificultara el período de transición para la ejecución de los Tratados Torrijos-Carter, sujeto a un calendario de cumplimiento. La situación mundial es totalmente distinta después del 31 de diciembre de 1999 cuando Panamá asumió el control de la Vía Interoceánica.
En cuanto a la alusión personal que se me hace en el Comunicado, debo decir que a diferencia del Dr. Roberto Alemán, notable padre del actual Canciller, quien en 1968 viajó a Washington como Embajador de la cúpula militar, a convalidar el derrocamiento del Dr. Arnulfo Arias Madrid, no fue sino hasta 16 años después que le correspondió a mi persona asumir la Presidencia de la República el 13 de febrero de 1984, bajo el régimen de la Constitución de 1972, reformado sustancialmente en 1983 con el aval de todas las fuerzas políticas de oposición al gobierno de turno.
Confío en que mis declaraciones sean aceptadas por la ciudadanía como una respuesta cabal a las explicaciones solicitadas por la Cancillería.