Respuesta a la crisis alimentaria
"Espejo del Mar" le llaman a la ciudad de Almería, asentada frente al Mediterráneo, al sur de España, en Andalucía. Tiene otros nombres que la evocan con poética precisión: "Capital Europea del Sol" y "Huerta de Europa".
Porque en Almería se han establecido las multinacionales más importantes del mundo, especializadas en la reproducción de semillas para la alimentación humana. También existen inmensas extensiones de cultivos agrícolas en invernaderos que se extienden sobre un paisaje infinito y árido hasta perderse más allá del horizonte. Y un complejo sector de importantes industrias auxiliares de la agricultura.
El símbolo de la ciudad también es tan enigmático como la ingeniosidad de su pueblo, tenaz y trabajador, que ha logrado alcanzar la fertilidad agrícola más asombrosa del planeta en un territorio desértico y agreste.
Le llaman "Indalo" al símbolo de Almería. Una forma geométrica de un hombre con piernas muy separadas y los brazos extendidos en cruz, quien sostiene un semi-círculo que probablemente representa la cúpula celeste.
La cabeza son dos círculos concéntricos que quizá indiquen al sol y la luna. Pero este traslape simbólico entre la cabeza humana y los dos astros podría sugerir una fusión entre lo cercano y lo inalcanzable.
Entonces, nos estaría revelando, el poder de imaginar lo imposible y el poder sorprendente de realizarlo. Revelaciones estas de cosas olvidadas. Cosas de titanes y de pueblos míticos, como los Tartesos que al oeste, alrededor del Guadalquivir, forjaron metales antes de que la humanidad escribiera su propia historia.
El "Indalo" podría evocar a Atlas, quien precisamente por esas tierras, en tiempos de la magia, sostenía el cielo sobre sus hombros con sus piernas extendidas entre África e Iberia.
Atlas es símbolo de una resistencia descomunal que garantiza el cumplimiento de una tarea titánica. Atlas, además, asegura el equilibrio entre el cielo y la tierra.
Quizá los pueblos de Almería del presente lograron conjurar el dominio de esos poderes antiguos sobre sí mismos para transformarse hoy, mediante fatigas y trabajos titánicos, en los hombres y mujeres más ricos y mejor alimentados del mundo.