Retirada victoriosa
A veces, la opinión de gente de la calle resulta más atinada y aguda que la de los expertos. A raíz del deterioro de la situación militar en Irak, un simple ciudadano comentaba a un periodista de un destacado diario estadounidense lo siguiente: "Que yo sepa, nada se nos ha perdido por allá; y luego de 634 muertos, deberíamos de traer de vuelta a toda nuestra gente". Por ligera que pueda parecernos, así es como piensan quienes ponen los muertos en aquellos desolados arenales y calles polvorientas. Quienes están cayendo son gente del pueblo, no de los políticos que jugaron a la guerra con sus juguetes nuevos.
Cuando George Bush padre fue acusado luego de la primera invasión a Irak en 1991, de "no completar su trabajo" con el derrocamiento de Sadam Hussein, sus especialistas geopolíticos explicaron que hacerlo provocaría males peores, balcanizando el país entre distintos grupos étnicos que se odian más entre sí que a los estadounidenses, lo que lo sumiría en una guerra civil, en medio de ricos pozos petroleros propios y de naciones vecinas. Hussein, al menos, mantenía el país unido y en relativo orden. Pero ahora, sin él, tienen a todos los grupos suníes y chiítas, enemigos recalcitrantes entre sí, unidos contra ellos. Obviamente, se matarán entre sí una vez se retiren los invasores.
George Bush hijo, en cambio, decidió completar el trabajo dejado pendiente por su padre. Contra el consenso de las Naciones Unidas, emprendió la aventura y echó a Sadam del poder. Pero no tuvo el cuidado de llenar rápidamente el vacío dejado por la ausencia del dictador - como sí hizo su padre en Panamá - y allí tiene el origen de sus problemas. En un año, no ha hecho más que montar un gobierno títere, en una junta elegida de a dedo, la que ha de responder a un gobernador de ocupación, Paul Bremmer.
Dice que para julio entregará el poder a autoridades locales. ¿Pero a qué autoridades y sobre qué base, si no hay condiciones para unas elecciones? Dice que al menos hay una nueva Constitución, pero ésta requiere de mayor consenso entre las distintas étnias y religiones. En fin es un inmenso atolladero, un callejón sin salida.
Otra gran diario comentó: "En la primera oportunidad debemos sofocar la revuelta, detener a sus líderes, exhibirlos, proclamar la victoria rápidamente, y marcharnos cuanto antes". Suena fácil, sólo que no considera que se está caminando sobre una inmensa y pegajosa telaraña, en la que se está atrapado.
Sea lo que fuere, parece haber consenso que, en la primera oportunidad que se presente, hay que salir de Irak. Pero no deja de ser una lástima que, por arrogancia, no se haya prestado oídos a los más sabios que, en su momento y con antelación, lo advirtieron. Todo era posible hacerlo en Irak, desde convivir con Sadam bajo nuevas reglas, como hizo después Londres con el dictador y terrorista libio Gadaffi; e incluso derrocarle, pero tomado de la mano de la ONU y de sus aliados europeos, Francia y Alemania, principalmente. Ahora sólo queda un camino: largarse de allí cuanto antes, evitando más muertos inútiles.
Es necesario -a partir del compromiso de la Visión 2020- formular un proyecto nacional incluyente, democrático y desarrollista.
Un lugar fundamental en la lista del desarrollo es la orquestación de una estrategia nacional de combate a la pobreza, incluyente y participativa, que se realice a través de la eficiencia de la inversión social, la priorización de áreas y sectores, la integridad y transparencia, la generación de empleos y la participación ciudadana.
(raulleisr@hotmail.com)
Cuando George Bush padre fue acusado luego de la primera invasión a Irak en 1991, de "no completar su trabajo" con el derrocamiento de Sadam Hussein, sus especialistas geopolíticos explicaron que hacerlo provocaría males peores, balcanizando el país entre distintos grupos étnicos que se odian más entre sí que a los estadounidenses, lo que lo sumiría en una guerra civil, en medio de ricos pozos petroleros propios y de naciones vecinas. Hussein, al menos, mantenía el país unido y en relativo orden. Pero ahora, sin él, tienen a todos los grupos suníes y chiítas, enemigos recalcitrantes entre sí, unidos contra ellos. Obviamente, se matarán entre sí una vez se retiren los invasores.
George Bush hijo, en cambio, decidió completar el trabajo dejado pendiente por su padre. Contra el consenso de las Naciones Unidas, emprendió la aventura y echó a Sadam del poder. Pero no tuvo el cuidado de llenar rápidamente el vacío dejado por la ausencia del dictador - como sí hizo su padre en Panamá - y allí tiene el origen de sus problemas. En un año, no ha hecho más que montar un gobierno títere, en una junta elegida de a dedo, la que ha de responder a un gobernador de ocupación, Paul Bremmer.
Dice que para julio entregará el poder a autoridades locales. ¿Pero a qué autoridades y sobre qué base, si no hay condiciones para unas elecciones? Dice que al menos hay una nueva Constitución, pero ésta requiere de mayor consenso entre las distintas étnias y religiones. En fin es un inmenso atolladero, un callejón sin salida.
Otra gran diario comentó: "En la primera oportunidad debemos sofocar la revuelta, detener a sus líderes, exhibirlos, proclamar la victoria rápidamente, y marcharnos cuanto antes". Suena fácil, sólo que no considera que se está caminando sobre una inmensa y pegajosa telaraña, en la que se está atrapado.
Sea lo que fuere, parece haber consenso que, en la primera oportunidad que se presente, hay que salir de Irak. Pero no deja de ser una lástima que, por arrogancia, no se haya prestado oídos a los más sabios que, en su momento y con antelación, lo advirtieron. Todo era posible hacerlo en Irak, desde convivir con Sadam bajo nuevas reglas, como hizo después Londres con el dictador y terrorista libio Gadaffi; e incluso derrocarle, pero tomado de la mano de la ONU y de sus aliados europeos, Francia y Alemania, principalmente. Ahora sólo queda un camino: largarse de allí cuanto antes, evitando más muertos inútiles.
Es necesario -a partir del compromiso de la Visión 2020- formular un proyecto nacional incluyente, democrático y desarrollista.
Un lugar fundamental en la lista del desarrollo es la orquestación de una estrategia nacional de combate a la pobreza, incluyente y participativa, que se realice a través de la eficiencia de la inversión social, la priorización de áreas y sectores, la integridad y transparencia, la generación de empleos y la participación ciudadana.
(raulleisr@hotmail.com)