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Retorna el esplendor a Miami


Los vuelos están repletos y también los hoteles. Contar con un carro alquilado es una odisea, a no ser que se reserve de antemano con días de antelación. Olas interminables de visitantes han retornado a Miami en busca del placer de siempre, sus playas, sol, tiendas, comida y diversión. Desde el trágico 11 de septiembre de 2001, la ciudad y el estado de Florida, en general, no disfrutan de tanto auge.
Quizás el sitio que más sirve para ilustrar lo que comentamos es el Distrito Deco. El lugar no solo ha vuelto a la vida sino que está en ebullición. No hay espacio para estacionarse, ni siquiera en los edificios para estacionamientos discretamente dispuestos para no chocar con la preciosa arquitectura del entorno.
Por doquier hay gente elegante, cafeterías y restaurantes en las aceras. Hay largas filas para entrar a las discotecas y un mercado negro prospera afuera de cada una, ofreciendo la inclusión en la lista de invitados especiales por cincuenta dólares.
La construcción está en uno de su mayores picos en décadas; el aeropuerto sigue ampliándose y más vías se están elevando en su entorno. Se derriban edificios de varios pisos para dar espacio a autopistas y a construcciones nuevas. Los precios están disparados. Una habitación sencilla del condado de Dade, en un hotel mediano, cuesta doscientos sesenta dólares, mientras en Miami Beach ronda los quinientos dólares. Todos están llenos. Los administradores de hoteles luchan con huéspedes franceses que se niegan a abandonar el cuarto al vencimiento del plazo de su reserva, mientras otros esperan a su salida - "Que nos saque la policía" - gritan, ante los ojos incrédulos de quienes aguardan en la recepción. Los demás hoteles están igual. Nuevos centros comerciales se han construido y los tradicionales se han renovado. Están repletos, aunque los precios son bastante más altos que hace cinco años.
Las filas para migración, son igual de asfixiantes; y el trato que dispensan los funcionarios es peor que tenso, brusco y dilatado, humillante. He allí una de las ventajas de Panamá que brinda un trato amable y sin asfixia. Nuestro país empieza a ser percibido como un competidor de cuidado. "Miami South", le llaman, con un toque entre peyorativo y respetuoso, porque ofrece buenos hoteles, casinos, playas, restaurantes, vida nocturna y grandes centros comerciales bien dotados, a mitad de costo. Pero la verdad es que el mercado da para todos. Y aunque Miami está en pleno auge, Panamá, de algún modo está cosechando la cola de la ola, suficiente para que sus cifras de turismo ascendente se hayan quintuplicado en diez años. El turismo nos da ya más dinero que el Canal.

101 años de Panamá América

 
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