default

Retornando a lo mismo


En estas semanas de tanto fragor callejero y de calientes debates sobre el tema del Seguro Social de los panameños, estuve ausente; esto se ha convertido en un guirigay y lo más aconsejable es esperar que bajen las aguas y ver cómo quedamos en este asunto donde el futuro no se ve claro. Sigo en lo mismo con la intención de aportar algo en este año centenario a la reconstrucción de la memoria histórica del panameño. Recordando lo hablado a este propósito, en un afán positivo, entresacaré de la obra del jesuita italiano sobre la actividad de la provincia de Quito, en donde describe su experiencia panameña de esa época. Panamá, como estación misionera entonces, dependía de la dirección central de Quito, Ecuador.
La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús que comprende desde Guatemala hasta nuestro país, tiene en Managua Nicaragua, el IHNCA (Instituto Histórico Centroamericano) y el IHNCA (el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica) bajo la dirección del Rev. Alvaro Argüello, S.J., que ha coleccionado multitud de documentos alusivos a la historia centroamericana jesuita y reconocían que de Panamá no tenían mayor documentación. El Rev. Jesús Sariego Rodríguez, S.J., quiera fuera maestro de novicios en Pedregal por varios años y que posteriormente se le invitara a ejercer el mismo cargo en Córdoba, Argentina, y que ha sido asignado a la Universidad Centroamericana, asumió la investigación sobre los jesuitas en Panamá, y a través de él me he ido haciendo una idea de la gran cantidad de documentación e información sobre Panamá que se encuentran en los escritores jesuitas que han relatado la evolución de la Provincia del Reino de Quito, de la cual la comunidad de Panamá dependía.
Más aún, el mismo Sariego me informó de la gran cantidad de información que encontró en Lima, Perú y en Santiago de Chile. El prepara un estudio, cuya publicación todavía no sabemos. Fue, a través del mismo sacerdote, como conocí la obra del sacerdote siciliano Mario Cicala, de donde obtendremos algunos de los datos que en mis próximas contribuciones compartiré con ustedes mis lectores.
El panameño visto por Cicala o cualidades del panameño de los años 1700.
El acervo de valores y conceptos de lo que es Panamá nos viene de muy atrás. Sin quererme injerir en terrenos ajenos, me limito a compartir admirado y preocupado lo que descubrí en la obra del sacerdote católico, siciliano, de la orden de la Compañía de Jesús, titulada: “Descrizione histórico-física de la Provincia de Quito, scrita da un Sacerdote della medessima Provincia della Compagnia de Gesu” en Viterbo 1771.
Hacia el año 1959, cuando el Padre Aurelio Espinosa Póit preparaba su estudio sobre “Los jesuitas quiteños del extrañamiento” publicada luego en el volumen VIII de la Biblioteca Ecuatoriana Mínima, tuvo noticia de que en el archivo de la Curia Generalicia en Roma existía la copia de una obra manuscrita del P. Cicala. El solo título del manuscrito era ya para despertar el más grandes documento relacionado con la historia y cultura del Ecuador. Y nosotros por rescatar lo que en ese manuscrito sobre Panamá.
Dejando a un lado detalles biográficos del autor, que lo haremos en otro momento, nos limitamos a señalar que este escritor misionero partió para Guayaquil y Panamá en 1748 y permaneció aquí más de un año. Su obra fue traducida por el Padre Julián Bravo, S.J. y el General Marcos Gandara Enríquez en 1994.
El libro tiene XV capítulos y el IV lo titula, De la Ciudad de Panamá en general.
De las rentas episcopales, de las parroquias, y del privilegio del Capítulo Eclesiástico.
Del Gobernador Civil, Militar y Político de Panamá. Como una introducción a los IV subcapítulos en donde menciona el lugar de la ciudad, de su extensión, fortificación y calidad de los edificios. En ese aparte trata sobre la Catedral de Panamá, del Colegio de la Compañía de Jesús, cuál es y cómo se hace argamasa en Panamá, del Convento e Iglesia de Santo Domingo, del Convento de los Franciscanos y de su Iglesia, del Convento e Iglesia de San José de los Agustinos descalzos y ermitaños, del convento e Iglesia de los Padres Mercedarios, del hospital, convento e iglesia de los Hermanos de San Juan de Dios, del Monasterio e Iglesia de las monjas, de la Iglesia de San Felipe Neri, de la Iglesia Parroquial de Santa Ana, del barrio de Santa Ana de Panamá. En el subcapítulo II, se refiere a la riqueza, amenidad, clima y artes que florecen en Panamá. En el III, de las propiedades y prerrogativas naturales, de los vicios y virtudes de los panameños. Que es el tema que más interés me suscita y en el subcapítulo IV nos habla del puerto de Panamá y su territorio, y de las frutas y bienes en que abunda.
Con toda esta información previa sabemos por dónde andamos y qué es lo que queremos compartir y que, aunque no vamos descubrir el Mar del Sur, siempre habrá elementos aprovechables conducentes a hacernos nuestras propias ideas sobre la estructuración a través de los tiempos de nuestra identidad panameña.
En fin, esto pasa en muchos lugares pero, gracias a Dios, no aquí, no en Panamá, en donde reina el orden, la disciplina y el amor al trabajo; donde tenemos un sistema educativo, jurídico y social que no tiene parangón; donde existe una preclara visión de futuro, una misión altamente definida y para abreviar, en donde los jubilados reciben pensiones muy acordes con los tiempos que vivimos y comen casi gratis en todos los restaurantes del país... ¿ O no es así..?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América