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Reunificación de Corea


Una de las secuelas más complejas de la postguerra está a punto de aproximarse a una solución en el escenario del sudeste asiático. Después de más de medio siglo de hostilidades bélicas e ideológicas, Corea del Norte ha aceptado sentarse a la mesa de negociaciones con su hermana étnica Corea del Sur para deliberar sobre la reunificación que tantas veces rechazó. La hambruna que azota a Corea del Norte es, sin duda, el detonante económico que fuerza al intransigente camarada Kim Jong II, hijo del venerado Kim Il Sung, a procurar la ayuda de su vecina rival en una reunión cumbre prevista a realizarse del 12 al 14 de junio.
Con estrategia sagaz, el presidente de Corea del Sur Kim Dae Jung ha aceptado la reunión, poniendo en el olvido las desavenencias políticas para buscar los puntos de encuentro en una agenda cuyo principal objetivo es "la reunificación pacífica sin interferencia de fuerzas externas para promover la unidad nacional por encima de las diferencias ideológicas y de sistemas políticos". La referencia a las fuerzas externas alude a la presencia de un fuerte contingente militar norteamericano en territorio sudcoreano que entre 1950 y 1953 impidió que los comunistas norcoreanos derrotaran y absorbieran a los paisanos meridionales.
Sin embargo, la referencia militar ahora es casi retórica. En verdad, las raíces del problema se hunden en el aislamiento diplomático norcoreano, agravado por la entrada de China Continental a la economía libre de mercado, y, sobre todo, por su desfase tecnológico y comercial. Kim Jong II se revela como político pragmático que busca más arroz para su gente, a diferencia de su padre Kim Il Sum, ensoberbecido por el culto a la personalidad (tenía estatuas gigantescas por doquier) y por la mezcla de marxismo y de la esotérica doctrina Suche que consumió sus extravagancias ideológicas.
No está claro todavía cuáles son los límites de la reunificación, vale decir si desaparecerá o subsistirá el régimen comunista bajo el lema Una Corea, dos sistemas, al estilo chino, o si se arreglan las cosas al estilo alemán, es decir predominio capitalista y extinción del comunismo.
En la reunión de la estratégica zona fronteriza de Pyonyang, en el célebre paralelo 38, se tratará en primera instancia el problema de la agonizante producción agrícola norcoreana y sus consecuencias en la famélica población. A partir de la negociación agrícola se irá perfilando la evolución de la agenda que en un segundo escalón probablemente tratará la suspensión del programa nuclear de Corea del Norte que mantiene en suspenso a la región. Quizás esa será la prueba de mayor peso para dilucidar hasta dónde quiere o puede llegar la capacidad de negociación de Kim Jong II y determinar si su propósito es abrirse al mundo comercial y políticamente, como hicieron la URSS y China, o si se obstina en confinarse en la soledad en un mundo interdependiente que anula las distancias geográficas e ideológicas.


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