Reunificación de Corea
Sorprendiendo a observadores internos y externos del escenario asiático, la reunificación de Corea fue el tema principal de la reunión celebrada en Pyonyang entre los jefes de estado de Corea del Sur y Corea del Norte. Algunos observadores conjeturaron que la reunificación sería el tema final de la agenda, después de abordar primero asuntos como cooperación económica y la fabricación de armamento nuclear, habida cuenta de la crisis de alimentos que azota varios años al régimen comunista del norte y las tensiones surgidas dentro y fuera de la península coreana por lanzamientos de misiles tácticos desde la zona norteña.
Sin embargo está a la vista que existe impaciencia en ambos lados por la reunificación, punto crucial que desde la década de 1950, luego de una sangrienta guerra, divide y enemista ideológicamente a millares de miembros de la etnia coreana. En el comunicado conjunto se menciona que Corea del Sur propone una confederación con Corea del Norte, mientras que ésta plantea "alguna forma de federación". El comunicado es escueto y no profundiza si la confederación o federación preservarían la autonomía de los regímenes políticos y económicos de cada sector o si el esquema tendría algún parecido con la fórmula de "un país, dos sistemas" que maneja China Continental respecto a Hong Kong y desea aplicar en Taiwan. Se especifica en el comunicado que por razones humanitarias la reunificación empezaría con los contactos entre familias coreanas que desde hace más de medio siglo no tienen contactos humanos directos.
Mientras los observadores analizan los términos del comunicado, en ambos sectores se exacerba el júbilo por el resultado del primer viaje oficial de un dirigente sureño del más alto nivel al norte y la cordialidad de su recibimiento. El líder máximo Kim Jong Il rompió el protocolo y acudió al aeropuerto a recibir al Presidente Kim Dae- jung, manifestando de esa manera su impaciencia por magnificar políticamente el acontecimiento. Se puso en evidencia que Kim Jong Il no tiene la intolerancia dogmática de su padre, líder del régimen comunista más ortodoxo e intransigente de la galaxia marxista asiática que desplegó un culto a la personalidad rayana en el ridículo.
Desde el fin de la derrota del Japón, Corea del Norte se encastilló en una dictadura comunista unipersonal que estuvo a punto de apoderarse de Corea del Sur por las armas de no haber existido la poderosa presencia militar de Estados Unidos que apoyó a las fuerzas sudcoreanas, desde los cincuenta. Los generales retirados que gobernaron Corea del Sur respondieron fieramente a la agresión, pero no tuvieron la disposición para discutir las bases de la reunificación que está poniendo en práctica el veterano opositor al partido de los generales que hoy aplica desde Seúl con un realismo diplomático que no distinguió a sus antecesores.
Sin embargo está a la vista que existe impaciencia en ambos lados por la reunificación, punto crucial que desde la década de 1950, luego de una sangrienta guerra, divide y enemista ideológicamente a millares de miembros de la etnia coreana. En el comunicado conjunto se menciona que Corea del Sur propone una confederación con Corea del Norte, mientras que ésta plantea "alguna forma de federación". El comunicado es escueto y no profundiza si la confederación o federación preservarían la autonomía de los regímenes políticos y económicos de cada sector o si el esquema tendría algún parecido con la fórmula de "un país, dos sistemas" que maneja China Continental respecto a Hong Kong y desea aplicar en Taiwan. Se especifica en el comunicado que por razones humanitarias la reunificación empezaría con los contactos entre familias coreanas que desde hace más de medio siglo no tienen contactos humanos directos.
Mientras los observadores analizan los términos del comunicado, en ambos sectores se exacerba el júbilo por el resultado del primer viaje oficial de un dirigente sureño del más alto nivel al norte y la cordialidad de su recibimiento. El líder máximo Kim Jong Il rompió el protocolo y acudió al aeropuerto a recibir al Presidente Kim Dae- jung, manifestando de esa manera su impaciencia por magnificar políticamente el acontecimiento. Se puso en evidencia que Kim Jong Il no tiene la intolerancia dogmática de su padre, líder del régimen comunista más ortodoxo e intransigente de la galaxia marxista asiática que desplegó un culto a la personalidad rayana en el ridículo.
Desde el fin de la derrota del Japón, Corea del Norte se encastilló en una dictadura comunista unipersonal que estuvo a punto de apoderarse de Corea del Sur por las armas de no haber existido la poderosa presencia militar de Estados Unidos que apoyó a las fuerzas sudcoreanas, desde los cincuenta. Los generales retirados que gobernaron Corea del Sur respondieron fieramente a la agresión, pero no tuvieron la disposición para discutir las bases de la reunificación que está poniendo en práctica el veterano opositor al partido de los generales que hoy aplica desde Seúl con un realismo diplomático que no distinguió a sus antecesores.