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Reventar de silencio


El ex presidente de General Motors, forzado a dimitir por la administración de Obama, ha sido “indemnizado” con casi diez millones de dólares durante los próximos cinco años. Grandes compañías de seguros y bancos, salvados de la quiebra con dinero de los ciudadanos, han acordado restaurar el sistema de bonos para sus ejecutivos. Una de las causas de la catástrofe económica que padecemos. Ejecutivos cesados en sus puestos por cómplices en la crisis, están siendo contratados por otras empresas del sector.

Los bancos en la Unión Europea, en Estados Unidos, Canadá y Japón reciben escandalosos subsidios por sus Gobiernos para dar liquidez al sistema crediticio.

Pero mantienen cerrada la concesión de créditos a particulares y a pequeños empresarios, mientras destinan esos fondos a liquidar sus deudas en el extranjero.

Estos mismos bancos han ejecutado créditos avalados por inmuebles a particulares sin consideración alguna y los están vendiendo a mitad de precio a empleados, amigos y testaferros, a quienes sí facilitan créditos muy ventajosos.

Pinchada la colosal “burbuja del ladrillo”, en España hay un millón de viviendas sin vender y más del doble en fase de construcción ralentizada.

Los ejemplos podrían multiplicarse porque nos bombardean desde los medios para anestesiarnos.

Cualquier lector sabe de qué estoy hablando. Nada de catastrofismo ni de augurios de Casandra. Es una sensación de impotencia, de burla y de desamparo. Mientras, se incrementa la venta de armas, las compras de millones de hectáreas de terrenos en países del Sur por compañías y por países enriquecidos del Norte.

Los políticos se han aumentado sus emolumentos en el Parlamento europeo y en los de otros países. Berlusconi es paradigma de cuanto hablamos, y pagar más de 120 millones de dólares por el fichaje de Cristiano Ronaldo ya no sorprende a nadie. Mientras tanto, las familias que acuden a comedores sociales ascienden vertiginosamente. La demanda en bancos de alimentos se dispara un 40%. En España atienden más de un millón de personas, a los que hay que añadir las ayudas de otras instituciones.

Esto ocurre en la España altanera y en otros muchos países ricos de Europa. Uno se pregunta, con dolor, cómo son posibles tanta injusticia, explotación y desafuero. ¿De qué sirven los G8, G20, denuncias de la FAO, UNICEF, OMS si falta la ética más elemental? Podríamos acabar con el hambre en el mundo, con el analfabetismo, la falta de cuidados sanitarios, la suicida explosión demográfica. Es precisa la educación, respetar el medio ambiente, salvar los mares y las reservas de agua, reducir la contaminación y atemperar nuestras desorbitadas ansias de tener y de acumular. Nos han encadenado como a Prometeo y como a Sísifo obligado a subir una roca que no existe. Es posible construir otro mundo más justo y solidario, quizás mediante una explosión de silencio.

* Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS. fajardoccs@solidarios.org.es

101 años de Panamá América

 
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