Revolución sexual
Antes era la pastilla anticonceptiva y ahora es el condón, lo que prometió tanto a jóvenes como adultos una nueva revolución sexual. Parte de esa promesa implicaba poder tener relaciones sexuales caprichosas sin responsabilidad y sin la necesaria conexión emocional y espiritual. Sólo había que despojarse de sentimientos de culpa y ansiedad, del temor a ser infectada, fertilizada o censurada, y el terreno estaría abonado para todo tipo de experimentos sexuales.
Muchos son los niños y adolescentes que han experimentado gran incremento en sus deseos e impulsos sexuales por la promoción constante del uso del condón, que ha hecho disipar su cautela y temor al embarazo, a las enfermedades de transmisión sexual y al peso de la responsabilidad que conlleva su iniciación sexual muy temprano en sus vidas; y es muy probable que muchos jóvenes a la larga se sentirán frustrados y burlados en su desenfreno sexual, porque lo que hace falta aquí en esta revolución sexual es parar la prisa a la cama y regresar al cortejo, al aprecio, el respeto y la dignidad, y así evitar la inevitable angustia y sentimiento de culpa que se crea cuando las personas tratan de hacer lo que su conciencia, sus padres y docentes les dicen no hacer. Y es que los niños y adolescentes hoy día no ven en sus padres esa figura dominante y autoritativa cuyas críticas y desaprobaciones han de temer.
Por otro lado, el movimiento de liberación femenina ha cambiado la forma cómo las mujeres se visualizan en nuestra sociedad y su actitud hacia el sexo. En muchas formas son más agresivas y provocativas sexualmente y han abierto áreas que les eran vedadas.
Nunca antes ha habido más sexo casual, desviación sexual y variedad sexual. Nunca ha habido más revistas, libros y películas sobre sexo; sin embargo, cada vez hay más personas descontentas sexualmente – anhelando intimidad y calidad y recibiendo en vez sexo lujurioso y vacío emocionalmente. Se está perdiendo la capacidad de amar y la magia de la intimidad que tienen dimensiones espirituales.
Dios, como nos dice La Biblia, celebra la sexualidad e invita a que nos unamos en la celebración. Las condiciones para unir están abiertas a interpretaciones y conjeturas, pero la invitación es clara. Pero nuestros adolescentes deben tener claro que tan pronto estén sexualmente activos, están también comprometidos con enormes responsabilidades. El sexo por simple placer carnal y desprotegido, puede llevar a graves enfermedades, infertilidad o al embarazo; por consiguiente, es necesario entender y compartir las consecuencias de la relación, que implica una responsabilidad emocional y anticonceptiva.
Quizás éste sea el único momento durante la adolescencia que podamos ejercer nuestra protección paternal de la sexualidad de nuestros hijos. No sirviendo de escudo, sino dándoles la fortaleza de desarrollar su propia protección, para lidiar con las presiones de grupos, las tendencias y las fábulas y educarles sobre lo complicado que el sexo, el amor y las relaciones pueden ser.