Ricardo Arias Calderón
Ricardo Arias Calderón es uno de los hombres más completos dentro del panorama nacional. Delinear en corto espacio la obra de este indudable maestro, político y humanista panameño no es tarea fácil, pues ella demanda exaltar el trabajo de un hombre que ha hecho con su andar que la Patria se engalane y lo incluya entre sus hijos más preclaros.
El magisterio académico y la praxis política constituyeron el quehacer cotidiano de este ilustre ciudadano que hoy me honra honrar. Esta fusión de quehaceres -asunto cuyo propósito medular no era otro que lograr un auténtico respeto por la condición humana- se convirtió en oficio combinado para tornar la sociedad en sólido instrumento y así conseguir, aunque sea en parte, los cambios que demanda la desigual situación imperante en el mundo entero.
Durante la consecución de un bachillerato en artes en la Universidad de Yale, y luego su doctorado para la enseñanza de filosofía antigua y medieval en la Escuela Práctica de Altos Estudios de la Universidad de París, se fue puliendo paulatinamente la entereza de que ha hecho gala nuestro mentor amigo entremezclando, laboriosamente, la esencia de su talento educador con la práctica decorosa de una prolongada labor pública.
Su vida política comenzó en 1964 como miembro del Comité de Rescate de la Soberanía en Panamá. Seguidamente ingresó al Partido Demócrata Cristiano, del cual fue su presidente desde 1980 a 1993. De manera paralela dirigió los destinos de la Organización Demócrata Cristiana de América y presidió la Internacional Demócrata Cristiana hasta el año 2000.
En tres ocasiones formó parte de nóminas presidenciales, asunto que concluyó con su elección como primer vicepresidente de la República de Panamá en los tortuosos comicios de 1989. Durante este difícil período de nuestra historia, ejerció también el cargo de Ministro de Gobierno y Justicia, siendo su más significativo legado la tarea de reestructurar, desde sus raíces, todo el concepto de seguridad nacional.
Esa amplia visión humanista lo llevó a proponer que el futuro nacional requiere un esfuerzo para perfeccionar la civilidad, y donde el pleno concepto de democracia -ése que se sustenta en un ejercicio honesto, profundo y amplio para obtener el bien común- nos debe incluir a todos para así superar las distorsiones socioeconómicas y culturales que aquejan a la nación panameña.
222Esa amplia visión humanista lo llevó a proponer que el futuro nacional requiere un esfuerzo para perfeccionar la civilidad, y donde el pleno concepto de democracia...nos debe incluir a todos...
La práctica de una crítica centrada - catalizador necesario para producir esquemas convenidos- germinó en diversas y fructíferas propuestas. Ellas, a su vez, lograron su función para contribuir al mejoramiento de la condición humana, al punto que Ricardo Arias Calderón es considerado guía moral por muchos líderes mundiales hoy día.
Habrá quienes no compartan algunas de las posiciones adoptadas durante su andar político de casi cuarenta años. Discrepar sobre una postura en particular -especialmente si priva el raciocinio equilibrado sobre el capricho subjetivo- es vital para abonar ese campo democrático donde afloren proyectos que beneficien a las mayorías de un país dado.
Hoy, cuando la Republica de Panamá se ha vuelto cuna de chocantes actitudes y que -cada vez con más frecuencia- la nave del Estado evidencia una peligrosa incapacidad para capear las tormentas de corrupción que la embisten por doquier, se hace necesario echar mano a esa tabla de valores que se refugia en la raíz de nuestro pueblo.
Es por eso que el significativo acto celebrado el pasado domingo, más que resaltar transitoriamente la labor de Ricardo Arias Calderón, tendrá que ser considerado como marco de referencia para que presentes y futuras generaciones emulen algo del buen andar que ha distinguido siempre a este panameño ilustre.
(rbermudez@cableonda.net)
El magisterio académico y la praxis política constituyeron el quehacer cotidiano de este ilustre ciudadano que hoy me honra honrar. Esta fusión de quehaceres -asunto cuyo propósito medular no era otro que lograr un auténtico respeto por la condición humana- se convirtió en oficio combinado para tornar la sociedad en sólido instrumento y así conseguir, aunque sea en parte, los cambios que demanda la desigual situación imperante en el mundo entero.
Durante la consecución de un bachillerato en artes en la Universidad de Yale, y luego su doctorado para la enseñanza de filosofía antigua y medieval en la Escuela Práctica de Altos Estudios de la Universidad de París, se fue puliendo paulatinamente la entereza de que ha hecho gala nuestro mentor amigo entremezclando, laboriosamente, la esencia de su talento educador con la práctica decorosa de una prolongada labor pública.
Su vida política comenzó en 1964 como miembro del Comité de Rescate de la Soberanía en Panamá. Seguidamente ingresó al Partido Demócrata Cristiano, del cual fue su presidente desde 1980 a 1993. De manera paralela dirigió los destinos de la Organización Demócrata Cristiana de América y presidió la Internacional Demócrata Cristiana hasta el año 2000.
En tres ocasiones formó parte de nóminas presidenciales, asunto que concluyó con su elección como primer vicepresidente de la República de Panamá en los tortuosos comicios de 1989. Durante este difícil período de nuestra historia, ejerció también el cargo de Ministro de Gobierno y Justicia, siendo su más significativo legado la tarea de reestructurar, desde sus raíces, todo el concepto de seguridad nacional.
Esa amplia visión humanista lo llevó a proponer que el futuro nacional requiere un esfuerzo para perfeccionar la civilidad, y donde el pleno concepto de democracia -ése que se sustenta en un ejercicio honesto, profundo y amplio para obtener el bien común- nos debe incluir a todos para así superar las distorsiones socioeconómicas y culturales que aquejan a la nación panameña.
222Esa amplia visión humanista lo llevó a proponer que el futuro nacional requiere un esfuerzo para perfeccionar la civilidad, y donde el pleno concepto de democracia...nos debe incluir a todos...
La práctica de una crítica centrada - catalizador necesario para producir esquemas convenidos- germinó en diversas y fructíferas propuestas. Ellas, a su vez, lograron su función para contribuir al mejoramiento de la condición humana, al punto que Ricardo Arias Calderón es considerado guía moral por muchos líderes mundiales hoy día.
Habrá quienes no compartan algunas de las posiciones adoptadas durante su andar político de casi cuarenta años. Discrepar sobre una postura en particular -especialmente si priva el raciocinio equilibrado sobre el capricho subjetivo- es vital para abonar ese campo democrático donde afloren proyectos que beneficien a las mayorías de un país dado.
Hoy, cuando la Republica de Panamá se ha vuelto cuna de chocantes actitudes y que -cada vez con más frecuencia- la nave del Estado evidencia una peligrosa incapacidad para capear las tormentas de corrupción que la embisten por doquier, se hace necesario echar mano a esa tabla de valores que se refugia en la raíz de nuestro pueblo.
Es por eso que el significativo acto celebrado el pasado domingo, más que resaltar transitoriamente la labor de Ricardo Arias Calderón, tendrá que ser considerado como marco de referencia para que presentes y futuras generaciones emulen algo del buen andar que ha distinguido siempre a este panameño ilustre.
(rbermudez@cableonda.net)