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Riesgos del alarmismo en la frontera


La actual etapa de la violencia en Colombia, arrancó del asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, un 9 de abril de 1948, a mano de un tal Juan Roa Sierra, reservista militar, con libreta número 01731. El 17 de octubre de 1899, etapa anterior, empieza en Colombia (formábamos parte de ella) la Guerra de los Mil Días. La historia imprimió en Colombia, como respuesta a escabrosas situaciones, cierta cultura de violencia, a partir de la muerte del Libertador Simón Bolívar, a pesar del notorio grado de avance económico y cultural del hermano país. Desconocer, en Panamá esta historia y la nueva realidad del mundo, bajo la hegemonía norteamericana, para adoptar, ante la violencia y la crisis colombiana, soluciones de algún tipo, resulta pernicioso.
No han sido las FARC, ni los otros grupos guerrilleros quienes abrieron las trochas de la violencia; a tales fuerzas, como en 1899 y 1948, no les quedó otra vía que no fuera al principio la autodefensa y luego la ofensiva contra el sistema económico, y los regímenes políticos de las burguesías colombianas. En Panamá, el pacto del Winsconsin paró la guerra, porque EEUU estaba interesado en abrir el Canal y por lo mismo puso cañoneras a favor de Panamá en 1903; pero la violencia, con sus intermitencias continuó, en una forma u otra, en Colombia, hasta la fecha.
Con todo el poder, experiencia militar, sabiduría política y la vieja ayuda gringa, Colombia no ha podido liquidar las luchas populares ni los movimientos guerrilleros, pese a que incluso, el ejército ha creado y sostiene a fuerzas paramilitares, asesinas de poblaciones enteras. Y no han podido sepultar esas acciones de fuerzas del pueblo, porque en lugar de atacar las causas socioeconómicas e históricas que determinan la violencia, la oligarquía colombiana, el puñado de multimillonarios de intereses financieros, industriales, agrarios y comerciales, sólo han actuado para utilizar el poder en aras de las superganancias del sistema.
Hoy, en Panamá, algunos analistas parecen asombrarse, cada semana con determinados efectos, que nuestra relación con Colombia (de la cual, política, económica y culturalmente formamos parte por 82 años), se dan especialmente en la frontera. Y ahora, cuando los EEUU presta abiertamente 1300 millones de dólares, con un 70% para armamentos, bajo el manto de liquidar el narcotráfico y alimentar la democracia, se olvidan estos politólogos, de que no es ahora cuando EEUU ha metido garra en la violencia colombiana. Por otro lado, en todos los momentos de dicha violencia, hubo determinado trasiego, de diverso tipo, en la frontera darienita, desde 1942, tránsito de población y de fuerzas colombianas. Eso fue realidad, incluso cuando los guerrilleros no eran marxistas sino liberales. Y ahora tal trasiego se da cuando acá los genios de la política de ambos bandos, liquidaron las fuerzas militares panameñas, para que entonces, y a cada rato (recordar a Endara, entre otros) llamar a los gringos para que nos vengan a resolver los problemas.
Ahora, con el viaje de Clinton a Cartagena y las limosnas de 1300 millones, hay cierta vocería que descaradamente pide que nos den unos milloncejos a nosotros los panameños. Esto no es otra cosa que meter directamente a Panamá en una guerra ajena, y por eso, el canciller Alemán, como en los amargos días del "Panamá cede", alaba el plan bélico de EEUU para Colombia.
Hace años que voces alarmistas claman en cada sesgo de la lucha colombiana, en la frontera; si bien, a veces, lo hacen con buenas intenciones, ocurre que el alarmismo, ni conviene, ni puede llevar a un enfoque sosegado, nacional y patriótico de los panameños, debemos cuidar la paz en nuestro territorio, como a las niñas de nuestros ojos. Y de una vez salen a hacer el coro voces de algunos militares y otros de la denominada "sociedad civil", a proponer la política guerrerista, con el pretexto de que no sea trastocada nuestra soberanía en el Darién. Así Panamá quedaría midiendo fuerza con la guerrilla colombiana. "No tiene agua la gallina y llama al pato a bañarse". No han podido todos los gobiernos colombianos acabar con las guerrillas, ¡y ahora Panamá sí lo va a hacer!....
¿Dónde está el peligro real de esta manera de pensar y de hacer? Si mañana hay un enfrentamiento entre la Policía Nacional con las guerrillas, y mueren panameños en la confrontación... pues cambiará radicalmente la situación de Panamá. Todo se vendrá, otra vez al suelo. Será el momento cuando los pentagonianos del imperialismo aprovecharán para aplicar su criterio del Tratado de Neutralidad, y con visto bueno de la OTAN y de la OEA (con el silencio de la ONU) plantar en el Istmo un nuevo Kosovo, para sécula seculorum. En Panamá, diciembre de 1999, alcanzamos la Tercera Independencia, pero todavía, eso está por ver. Tanto a nivel popular, como en estamentos económicamente elevados de la sociedad, incluso en el gobierno, hay quienes comprenden esto y se oponen a la publicidad alarmista y al guerrerismo, pero las fuerzas del mal son coyuntural y estratégicamente más poderosas. Atajemos este monstruo digitalizado, ¡ya!...

101 años de Panamá América

 
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