Rompamos esquemas y resaltemos nuestra identidad
Toda nación necesita de figuras significativas y capaces que promuevan junto a un equipo de trabajo serio, responsable y comprometido, el desarrollo y progreso, logrando fungir como líderes revolucionarios por su calidad de vida, capaces de provocar impactos duraderos en los conciudadanos que llegan a identificarse con sus ideales, principios, luchas y sueños.
Los líderes de todos los tiempos, han sido figuras con características muy particulares entre las que prevalecen el ser genuinos, sinceros, honestos, de gran sensibilidad social, comprometidos con los más necesitados, congruentes con la prédica y la práctica preservando su identidad.
A nuestro juicio, consideramos que en nuestro país carecemos de ese líder que necesitamos se haga sentir, capaz de captar la admiración y apoyo de las grandes masas, no por carecer de atributos valiosos personales, sino porque nos hemos preocupado más en proyectarnos como seguidores y hacer valer ideales y banderas enarboladas por figuras significativas pasadas y/o presentes, antes que ser nosotros mismos y darnos a conocer con cualidades, dones, defectos, principios, dudas, temores, objetivos y metas propias, en una palabra, tal como somos: "entes inteligentes, capaces, de nobles aspiraciones, virtudes y debilidades".
Dejemos descansar en paz a esas figuras relevantes en nuestra historia, pues si bien hay valor en la trayectoria de sus vidas que son dignas de encomio, sus enseñanzas, ejemplos y legado, pueden desmeritarse, retornarse como bien hará un buen hijo ante su padre o un alumno ante el buen maestro, pero sin que prevalezcan, desvirtúen o anulen nuestra propia identidad, por lo que enarbolemos nuestra propia bandera y de esta manera tengamos una proyección ante el futuro donde prevalezcan más las exigencias y realidades presentes que en mucho distan de las conquistas y batallas libradas por otros en momentos particulares de nuestra historia patria.
De igual manera, no podemos fungir como figuras de proyección o continuidad de contemporáneos, ni permitir que esa sea la imagen que se venda o promueva, ya que esto nos resta respeto, credibilidad y confianza.
Hay un refrán de sabios que rige así: "La unión hace la fuerza", hagamos un alto, como ciudadanos responsables y comprometidos y aprendamos a valorar a cada quien en su propia magnitud e integridad, capacidades, sueños y realizaciones, pues somos nosotros los de "abajo", que en mucho distamos de ser llamados "políticos" y que aún no tomamos una opción, los que en realidad cargamos con el peso de la responsabilidad de poner en manos de la figura que nos logre impactar, el destino no sólo de nuestros hijos, sino de la nación entera.
Nuestro compromiso para emitir el voto debe estar divorciado del fanatismo, el sentimentalismo, la subjetividad, la emoción y afecto, el sensacionalismo, la ilusión, intereses personales pre concebidos, fidelidad mal entendida, gratitud por favores recibidos o prometidos, influencia por apreciaciones de otros, prejuicios o simplemente por el compromiso moral de hacer uso del derecho del sufragio.
Es el pueblo mutilado por sus múltiples carencias, frustraciones y desengaños que ahora se conoce y contacta, quien te lleva al poder, pues en sus manos sabemos está esa fuerza que ahora requerimos. No le infundamos falsas expectativas ni lo echemos al olvido al conquistar el triunfo, pues en su elegido ha depositado todas sus ya maltrechas esperanzas.
Seamos genuinos, consistentes, humildes e inspiremos credibilidad, aceptación y confianza que tanto hoy se necesita para tomar una opción.
Los líderes de todos los tiempos, han sido figuras con características muy particulares entre las que prevalecen el ser genuinos, sinceros, honestos, de gran sensibilidad social, comprometidos con los más necesitados, congruentes con la prédica y la práctica preservando su identidad.
A nuestro juicio, consideramos que en nuestro país carecemos de ese líder que necesitamos se haga sentir, capaz de captar la admiración y apoyo de las grandes masas, no por carecer de atributos valiosos personales, sino porque nos hemos preocupado más en proyectarnos como seguidores y hacer valer ideales y banderas enarboladas por figuras significativas pasadas y/o presentes, antes que ser nosotros mismos y darnos a conocer con cualidades, dones, defectos, principios, dudas, temores, objetivos y metas propias, en una palabra, tal como somos: "entes inteligentes, capaces, de nobles aspiraciones, virtudes y debilidades".
Dejemos descansar en paz a esas figuras relevantes en nuestra historia, pues si bien hay valor en la trayectoria de sus vidas que son dignas de encomio, sus enseñanzas, ejemplos y legado, pueden desmeritarse, retornarse como bien hará un buen hijo ante su padre o un alumno ante el buen maestro, pero sin que prevalezcan, desvirtúen o anulen nuestra propia identidad, por lo que enarbolemos nuestra propia bandera y de esta manera tengamos una proyección ante el futuro donde prevalezcan más las exigencias y realidades presentes que en mucho distan de las conquistas y batallas libradas por otros en momentos particulares de nuestra historia patria.
De igual manera, no podemos fungir como figuras de proyección o continuidad de contemporáneos, ni permitir que esa sea la imagen que se venda o promueva, ya que esto nos resta respeto, credibilidad y confianza.
Hay un refrán de sabios que rige así: "La unión hace la fuerza", hagamos un alto, como ciudadanos responsables y comprometidos y aprendamos a valorar a cada quien en su propia magnitud e integridad, capacidades, sueños y realizaciones, pues somos nosotros los de "abajo", que en mucho distamos de ser llamados "políticos" y que aún no tomamos una opción, los que en realidad cargamos con el peso de la responsabilidad de poner en manos de la figura que nos logre impactar, el destino no sólo de nuestros hijos, sino de la nación entera.
Nuestro compromiso para emitir el voto debe estar divorciado del fanatismo, el sentimentalismo, la subjetividad, la emoción y afecto, el sensacionalismo, la ilusión, intereses personales pre concebidos, fidelidad mal entendida, gratitud por favores recibidos o prometidos, influencia por apreciaciones de otros, prejuicios o simplemente por el compromiso moral de hacer uso del derecho del sufragio.
Es el pueblo mutilado por sus múltiples carencias, frustraciones y desengaños que ahora se conoce y contacta, quien te lleva al poder, pues en sus manos sabemos está esa fuerza que ahora requerimos. No le infundamos falsas expectativas ni lo echemos al olvido al conquistar el triunfo, pues en su elegido ha depositado todas sus ya maltrechas esperanzas.
Seamos genuinos, consistentes, humildes e inspiremos credibilidad, aceptación y confianza que tanto hoy se necesita para tomar una opción.