Rubén Arosemena Valdés, la formación de un hombre de Estado
TANTO EL sentido común de los ciudadanos, como la ciencia de los politólogos, distinguen el conocimiento y la acción del político de los que no lo son, como también diferencias entre las características del político por contraste con la del estadista. Persiste mucha confusión debido a la falta de precisión en los términos y de claridad en los conceptos. Por ello, a veces se identifica como político a quien es un simple truhán aspirando a un cargo público o se designa como estadista a quien no es más que un demagogo a la cabeza de un partido político o de un gobierno.
Esta tarea de diferenciación se nos hace más difícil. El político no es un hombre que se define por el mero hecho de lidiar con el poder público para obtenerlo, mantenerlo y ejercerlo, sino que es el hombre o mujer que trata de hacer posible lo necesario en el ámbito del poder público. Por lo "posible" se entiende en este contexto, el acondicionamiento de nuestra acción por la materialidad que ella requiere y por las técnicas que ella emplea. Mientras que por lo "necesario" se entiende las metas y valores que le imprimimos a nuestra actuación.
Normalmente la acción política implica una tensión entre la dimensión de materialidad y de técnicas, por una parte, y la de metas y valores por la otra. Sin esta tensión podríamos terminar con una política totalmente subordinada a las condiciones materiales y tecnológicas existentes. Sería una política incapaz por definición de hacerle frente a la urgente necesidad de promover cambios con sentido humano. Si por lo contrario, la política sólo toma en cuenta las metas y valores que se proponen, podríamos terminar con una política totalmente utópica que escaparía a toda realización concreta. El político, en este caso, se convertiría en un profeta, desligado de cualquiera práctica concreta y dejaría a la población tan frustrada como la deja alguien que se presenta como el contrario del profeta a saber, el cínico que en realidad es la otra cara de la moneda. El político requiere mantener la vinculación entre lo que es posible y lo que es necesario para no caer ni en la real politik, ni en el utopismo.
Por su parte, el estadista se distingue del buen político, no porque no viva a su manera la tensión antes mencionada, sino porque la vive de dos modos que le son propios. Primero, el estadista a diferencia incluso del buen político, abarca la realidad de la "polis"; es decir, de la sociedad política en su conjunto, mientras que el buen político tiende a concentrarse en un aspecto de la realidad de la "polis". De allí que Aristóteles al analizar la política la consideró como un arte "arquitectónico" es decir, que no se queda en la consideración de un tema de la sociedad política por construir, sino que tiene presente en todo momento la totalidad de ésta, y tiene por tarea asegurar la unidad de la sociedad a la que sirve, asegurándose que cada componente encuentre su lugar apropiado. Por ello él es responsable por la cohesión del todo socio-político. Segundo, el estadista tiene que estar dispuesto, si fuera necesario, a pagar el más alto precio que ningún otro contribuyente a la sociedad política es decir, tiene que estar dispuesto a sacrificar su propia aspiración a asumir la dirección más alta de dicha sociedad.
Si evaluamos el comportamiento político de Rubén Arosemena Valdés caemos en cuenta que estamos ante alguien que no sólo es un buen político, sino que también está en proceso de transformarse en uno de los pocos estadistas con los que cuenta Panamá. Su experiencia política no puede ser más comprensiva tanto de la vida partidaria como de la vida nacional. Él ha ocupado cargos a todos los niveles partidarios, desde líder de la juventud del Partido, miembro de la Comisión Política, Secretario General y Presidente del Partido. Los que conocemos la realidad de la democracia, sabemos que la misma no puede funcionar sin Partidos Políticos que encaucen las principales corrientes de la ideologías políticas que se dan en el país. Hay personas que al criticar a los partidos suponen que la democracia puede existir sin ellos y que además en los primeros tiempos de la República, ésta logró la casi desaparición de los partidos tradicionales. Nada más falso de una doble falsedad: en las primeras década de la república resurgieron los partidos políticos, y además que su modo de funcionar adolecía de todas y cada unas de las carencias de la que ahora adolecen los partidos y me atrevería a decir que eran peores organizaciones a las que ahora tenemos.
Quienes aspiran a un cargo de primera línea en la estructura política del Estado panameño, difícilmente podrían cumplir con su cometido si no tuvieran experiencia en la vida política de un partido, donde se aprende a negociar, a servir, a liderar a un grupo de personas sin perder de vista lo que une y separa a estas personas. Rubén Arosemena ha tenido una amplísima experiencia dentro del Partido Demócrata Cristiano y allí aprendió las reglas de convivencia de la democracia. Debo mencionar dos actos que revelan su madurez como político de partido: Cuando el Partido Demócrata Cristiana, ahora nombrado Partido Popular, pasó por la peor de sus crisis internas, Rubén Arosemena asumió el liderazgo del partido y éste volvió a ser una fuerza política a considerar. Además, cuando en 1999 el partido consideró que las fuerzas políticas tradicionales estaban volviendo a encumbrarse en el país, tomó la decisión de tratar de abrir un nuevo camino hacia el futuro para Panamá. Entonces rehusamos la oferta del arnulfismo, a pesar de que se sobreentendía que Rubén Arosemena, sería el candidato a Segundo Vicepresidente de Mireya Moscoso.
La experiencia política de Arosemena Valdés incluye tres períodos constitucionales de trabajo en la Asamblea Legislativa, el primer período como Legislador Suplente y Secretario General de la Asamblea y los dos otros períodos como Legislador Principal. En las últimas elecciones fue electo Segundo Vicepresidente de la República y reelecto Legislador Principal (cargo asumido por su Suplente Lcdo. Jorge Hernán Rubio). Llegó a ser Presidente de la Asamblea del 2000 al 2001 y se caracterizó por hacer transparente todas las finanzas de la Asamblea a través de Internet. En estas funciones tuvo que lidiar con aspectos administrativos de la Asamblea que son complejos y requieren de mucho tino político. Como Legislador se destacó con proyectos de Ley como los siguientes: por el cual se crearon los llamados Centros de Llamadas Telefónicas (Call Center), que han proporcionado cientos de puestos de trabajos y pueden proporcionar aún más; el proyecto sobre la transparencia de todas las agencias y gestiones gubernamentales que el pasado gobierno trató de anular por vía de su reglamentación y fue salvado por el actual gobierno; y el proyecto que hizo necesario que en todo restaurante se distinguiera el área de fumar del área de no fumar. Y se aumentó el impuesto sobre los cigarrillos para favorecer con dichos fondos al Oncológico.
Pocos panameños tienen la experiencia de diferentes aspectos del gobierno como la tiene el Vicepresidente Arosemena. Muy recientemente ha dado muestra de renovado desprendimiento al no presentarse como candidato a un nuevo período presidencial del Partido para poder cumplir a cabalidad con la responsabilidad administrativa que le ha encomendado el Presidente de la República, a saber la administración de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) que representa hoy por hoy una de las áreas de mayor rendimiento, futuro económico y oportunidades de trabajo para el país. En estas funciones administrativas encontró la desorganización y más aún el desastre institucional que caracterizó el gobierno precedente y emprendió su modernización.
Ha negociado con toda las compañías navieras que se sirven de los puertos de Panamá para obtener que aumenten sus inversiones sin ninguna reducción en lo que deben pagar al Estado Panameño a título de impuesto. Y contribuyó a la negociación mediante la cual el Ministerio de Comercio e Industria logró anular la prebenda que había otorgado el gobierno pasado a Panama Ports exonerándolo de pagar más de mil millones de dólares durante la duración del contrato.
Dado su papel en el Gabinete, por su cargo como Segundo Vicepresidente, ha logrado darles al sector marítimo del país las oportunidades de llevar los asuntos al conocimiento del Presidente Martín Torrijos y de todo el gabinete. El Gabinete, por ello, aprobó el establecimiento de una Universidad Marítima, para ofrecerle a todos lo panameños y panameñas más y mejores oportunidades de trabajo.
Recientemente, Arosemena cumplió con un encargo de máxima importancia para el Presidente y todo el país. En efecto, a él le fue encomendada la tarea de coordinar la representación del Gobierno de Panamá en la mesa redonda del Diálogo por las Reformas a la CSS. El país vivió días de intensa conmoción al iniciarse la discusión pública sobre la Ley 17 sobre dicha reforma. El Presidente tuvo la sabiduría y el coraje de suspender la aplicación de la Ley, aunque ésta ya había sido aprobada por la Asamblea y otorgó un plazo adicional de varias semanas para que las fuerzas políticas y sociales del país tuvieran otra oportunidad de encontrar fórmulas de entendimiento que fueran a la vez fórmulas de solución a la grave crisis que hubiera podido producir la quiebra de la CSS. En esta función el Vicepresidente Arosemena dio lo mejor de sí mismo en liderazgo, paciencia, creatividad y respeto por los diferentes participantes en el diálogo. Al cabo del período adicional que otorgó el Presidente de la República a la Comisión, se pudo entregar el nuevo proyecto de ley de la CSS, gracias en buena parte a miembros como el vicepresidente Arosemena, el ministro Reynaldo Rivera y su viceministro Edwin Salamín, el director de la CSS, René Luciani, y su equipo técnico, el ministro Ricauter Vásquez, los funcionarios Aníbal Culiolis y Marcel Salamín, monseñores Pablo Varela y José Ulloa, de la Iglesia Católica; y el obispo Pablo Morales de la Iglesia Metodista, por el Consejo Ecuménico; además de los representantes de (CoNATO), Xiomara Angulo, Felipe Joseph, Samuel Rivera, Marcos Allen y Mario González; y Manuel Virgilio Aizprúa, René Orillac y César Tribaldos, por parte del sector empresarial.
Muchas veces los panameños nos sentimos deprimidos y frustrados por lo que percibimos como la ineficiencia de la burocracia del Gobierno Nacional. No siempre tenemos la oportunidad de caer en cuenta que hay hombres y mujeres que tienen una auténtica vocación de políticos y estadistas al servicio de Panamá. El presidente Martín Torrijos intenta identificarlos y apoyarlos. En vez de hablar negativamente de todos los funcionarios electos o nombrados, debiéramos defenderlos y aplaudirlos así cuando lo amerite. Estoy convencido que en Panamá hay muchos funcionarios capaces y honrados que no merecen que los incluyamos en las críticas mordaces que hacemos, sino que por lo contrario debiéramos defenderlos y aplaudirlos por su gestión en nuestro favor. Rubén Arosemena V. es una de estas personas que de buen político está pasando a hombre de Estado al servicio de los panameños.
ariyan@sinfo.net
Esta tarea de diferenciación se nos hace más difícil. El político no es un hombre que se define por el mero hecho de lidiar con el poder público para obtenerlo, mantenerlo y ejercerlo, sino que es el hombre o mujer que trata de hacer posible lo necesario en el ámbito del poder público. Por lo "posible" se entiende en este contexto, el acondicionamiento de nuestra acción por la materialidad que ella requiere y por las técnicas que ella emplea. Mientras que por lo "necesario" se entiende las metas y valores que le imprimimos a nuestra actuación.
Normalmente la acción política implica una tensión entre la dimensión de materialidad y de técnicas, por una parte, y la de metas y valores por la otra. Sin esta tensión podríamos terminar con una política totalmente subordinada a las condiciones materiales y tecnológicas existentes. Sería una política incapaz por definición de hacerle frente a la urgente necesidad de promover cambios con sentido humano. Si por lo contrario, la política sólo toma en cuenta las metas y valores que se proponen, podríamos terminar con una política totalmente utópica que escaparía a toda realización concreta. El político, en este caso, se convertiría en un profeta, desligado de cualquiera práctica concreta y dejaría a la población tan frustrada como la deja alguien que se presenta como el contrario del profeta a saber, el cínico que en realidad es la otra cara de la moneda. El político requiere mantener la vinculación entre lo que es posible y lo que es necesario para no caer ni en la real politik, ni en el utopismo.
Por su parte, el estadista se distingue del buen político, no porque no viva a su manera la tensión antes mencionada, sino porque la vive de dos modos que le son propios. Primero, el estadista a diferencia incluso del buen político, abarca la realidad de la "polis"; es decir, de la sociedad política en su conjunto, mientras que el buen político tiende a concentrarse en un aspecto de la realidad de la "polis". De allí que Aristóteles al analizar la política la consideró como un arte "arquitectónico" es decir, que no se queda en la consideración de un tema de la sociedad política por construir, sino que tiene presente en todo momento la totalidad de ésta, y tiene por tarea asegurar la unidad de la sociedad a la que sirve, asegurándose que cada componente encuentre su lugar apropiado. Por ello él es responsable por la cohesión del todo socio-político. Segundo, el estadista tiene que estar dispuesto, si fuera necesario, a pagar el más alto precio que ningún otro contribuyente a la sociedad política es decir, tiene que estar dispuesto a sacrificar su propia aspiración a asumir la dirección más alta de dicha sociedad.
Si evaluamos el comportamiento político de Rubén Arosemena Valdés caemos en cuenta que estamos ante alguien que no sólo es un buen político, sino que también está en proceso de transformarse en uno de los pocos estadistas con los que cuenta Panamá. Su experiencia política no puede ser más comprensiva tanto de la vida partidaria como de la vida nacional. Él ha ocupado cargos a todos los niveles partidarios, desde líder de la juventud del Partido, miembro de la Comisión Política, Secretario General y Presidente del Partido. Los que conocemos la realidad de la democracia, sabemos que la misma no puede funcionar sin Partidos Políticos que encaucen las principales corrientes de la ideologías políticas que se dan en el país. Hay personas que al criticar a los partidos suponen que la democracia puede existir sin ellos y que además en los primeros tiempos de la República, ésta logró la casi desaparición de los partidos tradicionales. Nada más falso de una doble falsedad: en las primeras década de la república resurgieron los partidos políticos, y además que su modo de funcionar adolecía de todas y cada unas de las carencias de la que ahora adolecen los partidos y me atrevería a decir que eran peores organizaciones a las que ahora tenemos.
Quienes aspiran a un cargo de primera línea en la estructura política del Estado panameño, difícilmente podrían cumplir con su cometido si no tuvieran experiencia en la vida política de un partido, donde se aprende a negociar, a servir, a liderar a un grupo de personas sin perder de vista lo que une y separa a estas personas. Rubén Arosemena ha tenido una amplísima experiencia dentro del Partido Demócrata Cristiano y allí aprendió las reglas de convivencia de la democracia. Debo mencionar dos actos que revelan su madurez como político de partido: Cuando el Partido Demócrata Cristiana, ahora nombrado Partido Popular, pasó por la peor de sus crisis internas, Rubén Arosemena asumió el liderazgo del partido y éste volvió a ser una fuerza política a considerar. Además, cuando en 1999 el partido consideró que las fuerzas políticas tradicionales estaban volviendo a encumbrarse en el país, tomó la decisión de tratar de abrir un nuevo camino hacia el futuro para Panamá. Entonces rehusamos la oferta del arnulfismo, a pesar de que se sobreentendía que Rubén Arosemena, sería el candidato a Segundo Vicepresidente de Mireya Moscoso.
La experiencia política de Arosemena Valdés incluye tres períodos constitucionales de trabajo en la Asamblea Legislativa, el primer período como Legislador Suplente y Secretario General de la Asamblea y los dos otros períodos como Legislador Principal. En las últimas elecciones fue electo Segundo Vicepresidente de la República y reelecto Legislador Principal (cargo asumido por su Suplente Lcdo. Jorge Hernán Rubio). Llegó a ser Presidente de la Asamblea del 2000 al 2001 y se caracterizó por hacer transparente todas las finanzas de la Asamblea a través de Internet. En estas funciones tuvo que lidiar con aspectos administrativos de la Asamblea que son complejos y requieren de mucho tino político. Como Legislador se destacó con proyectos de Ley como los siguientes: por el cual se crearon los llamados Centros de Llamadas Telefónicas (Call Center), que han proporcionado cientos de puestos de trabajos y pueden proporcionar aún más; el proyecto sobre la transparencia de todas las agencias y gestiones gubernamentales que el pasado gobierno trató de anular por vía de su reglamentación y fue salvado por el actual gobierno; y el proyecto que hizo necesario que en todo restaurante se distinguiera el área de fumar del área de no fumar. Y se aumentó el impuesto sobre los cigarrillos para favorecer con dichos fondos al Oncológico.
Pocos panameños tienen la experiencia de diferentes aspectos del gobierno como la tiene el Vicepresidente Arosemena. Muy recientemente ha dado muestra de renovado desprendimiento al no presentarse como candidato a un nuevo período presidencial del Partido para poder cumplir a cabalidad con la responsabilidad administrativa que le ha encomendado el Presidente de la República, a saber la administración de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) que representa hoy por hoy una de las áreas de mayor rendimiento, futuro económico y oportunidades de trabajo para el país. En estas funciones administrativas encontró la desorganización y más aún el desastre institucional que caracterizó el gobierno precedente y emprendió su modernización.
Ha negociado con toda las compañías navieras que se sirven de los puertos de Panamá para obtener que aumenten sus inversiones sin ninguna reducción en lo que deben pagar al Estado Panameño a título de impuesto. Y contribuyó a la negociación mediante la cual el Ministerio de Comercio e Industria logró anular la prebenda que había otorgado el gobierno pasado a Panama Ports exonerándolo de pagar más de mil millones de dólares durante la duración del contrato.
Dado su papel en el Gabinete, por su cargo como Segundo Vicepresidente, ha logrado darles al sector marítimo del país las oportunidades de llevar los asuntos al conocimiento del Presidente Martín Torrijos y de todo el gabinete. El Gabinete, por ello, aprobó el establecimiento de una Universidad Marítima, para ofrecerle a todos lo panameños y panameñas más y mejores oportunidades de trabajo.
Recientemente, Arosemena cumplió con un encargo de máxima importancia para el Presidente y todo el país. En efecto, a él le fue encomendada la tarea de coordinar la representación del Gobierno de Panamá en la mesa redonda del Diálogo por las Reformas a la CSS. El país vivió días de intensa conmoción al iniciarse la discusión pública sobre la Ley 17 sobre dicha reforma. El Presidente tuvo la sabiduría y el coraje de suspender la aplicación de la Ley, aunque ésta ya había sido aprobada por la Asamblea y otorgó un plazo adicional de varias semanas para que las fuerzas políticas y sociales del país tuvieran otra oportunidad de encontrar fórmulas de entendimiento que fueran a la vez fórmulas de solución a la grave crisis que hubiera podido producir la quiebra de la CSS. En esta función el Vicepresidente Arosemena dio lo mejor de sí mismo en liderazgo, paciencia, creatividad y respeto por los diferentes participantes en el diálogo. Al cabo del período adicional que otorgó el Presidente de la República a la Comisión, se pudo entregar el nuevo proyecto de ley de la CSS, gracias en buena parte a miembros como el vicepresidente Arosemena, el ministro Reynaldo Rivera y su viceministro Edwin Salamín, el director de la CSS, René Luciani, y su equipo técnico, el ministro Ricauter Vásquez, los funcionarios Aníbal Culiolis y Marcel Salamín, monseñores Pablo Varela y José Ulloa, de la Iglesia Católica; y el obispo Pablo Morales de la Iglesia Metodista, por el Consejo Ecuménico; además de los representantes de (CoNATO), Xiomara Angulo, Felipe Joseph, Samuel Rivera, Marcos Allen y Mario González; y Manuel Virgilio Aizprúa, René Orillac y César Tribaldos, por parte del sector empresarial.
Muchas veces los panameños nos sentimos deprimidos y frustrados por lo que percibimos como la ineficiencia de la burocracia del Gobierno Nacional. No siempre tenemos la oportunidad de caer en cuenta que hay hombres y mujeres que tienen una auténtica vocación de políticos y estadistas al servicio de Panamá. El presidente Martín Torrijos intenta identificarlos y apoyarlos. En vez de hablar negativamente de todos los funcionarios electos o nombrados, debiéramos defenderlos y aplaudirlos así cuando lo amerite. Estoy convencido que en Panamá hay muchos funcionarios capaces y honrados que no merecen que los incluyamos en las críticas mordaces que hacemos, sino que por lo contrario debiéramos defenderlos y aplaudirlos por su gestión en nuestro favor. Rubén Arosemena V. es una de estas personas que de buen político está pasando a hombre de Estado al servicio de los panameños.
ariyan@sinfo.net