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Rubén Blades y la cultura panameña


Es lamentable las circunstancias que llevaron a la señora Lorena Castillo, secretaria ejecutiva de la Comisión del Centenario, a asumir la responsabilidad de la exclusión del más famoso artista y cantautor nacional e internacional, Rubén Blades, de participar, como era de esperarse, en las festividades oficiales del Centenario de la República. Ninguna de las personalidades invitadas especiales por el Ejecutivo tienen ni revisten la importancia para los panameños y panameñas como lo informa la figura de Rubén Blades.
Lo incómodo para la señora Castillo (independientemente de quién haya emanado la orden dada), es que, históricamente, su actitud quedará sellada como un estigma antipatriótico que jamás olvidarán las presentes y futuras generaciones, hasta los próximos 100 años de República. Lo ocurrido debe servir como ejemplo aleccionador a la juventud panameña (hombres y mujeres) en su comportamiento como funcionarios públicos o del sector privado. No siempre es prudente acatar órdenes superiores, especialmente cuando son injustas y no se ajustan a la verdad.
A propósito del valor de la verdad, aconsejamos con José Ingenieros, lo que de la verdad dice: "La verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los pequeños motines se fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones se hacen con doctrinas de pensadores. Todos los que han pretendido eternizar una injusticia, en cualquier tiempo y lugar, han temido menos a los conspiradores políticos que a los heraldos de la verdad, porque está, pensada, hablada, escrita, contagiada, produce en los pueblos cambios más profundos que la violencia. Ella -siempre perseguida, siempre invencible- es el más eficaz instrumento de redención moral que se ha conocido en la historia de la humanidad". ¡Y Rubén Blades es un auténtico revolucionario panameño! ¡Es un revolucionario de la cultura, dentro y fuera del país!
Ya entrando en firme el Siglo XXI, y a pesar de las convulsiones políticas que sacuden la conciencia ciudadana, no faltan calidades espirituales indispensables para un resurgimiento colectivo en Panamá. En las masas populares hay vetas de nobleza moral que pueden ser inteligentemente cultivadas por generaciones libres de toda tutela; perduran las mejores virtudes caballerescas que la hidalguía española dejó como herencia al continente; hay un profundo sentimiento nacionalista y un apego a la tierra y una voluntad de trabajo que conmueven; vibra en el ánimo de las masas cierta sensibilidad que no ha logrado todavía su cabal expresión artística. Las poblaciones indígenas exhiben una infinita paciencia y una ingenua bondad que pueden ser convertidas en fértiles colaboradoras para cualquier programa de resurgimiento.
Todos esos finísimos elementos se hallan diseminados en las sociedades que pueblan las tierras panameñas. Pero no habrá cultura superior posible, no habrá resurgimiento espiritual de empuje, mientras no desaparezca la mezquindad politiquera, la actitud prevaleciente de iniquidad y mientras no se reconstruya la República. Tenemos los panameños (el país nacional y el país político), todos juntos, que acabar automáticamente con los caudillos todopoderosos, con las individualidades egoístas y voraces que ponen a su servicio la riqueza pública, con los gobernantes rústicos que carecen de inquietudes espirituales u gravitan torpemente hasta en las vidas privadas.
No habrá cultura superior posible mientras los órganos propios de elevación espiritual (la escuela, el magisterio, la imprenta, la universidad, etc.) no gocen de una efectiva autonomía que los ponga en condiciones de actuar en exclusivo servicio de la Nación panameña, sin humillaciones impuestas por los gobiernos, sin vejaciones provenientes de un capricho individual.
Y, para finalizar, hemos de enfatizar que la cultura nace en la espontaneidad, se nutre en la convivencia solidaria y se expresa en labor ascendente. Para ello necesita individualidades vigorosas (como el compatriota Rubén Blades), reunidas en sociedades libres y bajo un cielo son mallas. ¡Panamá, como otros países, también podría lograrlo!

101 años de Panamá América

 
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