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Ruido



La noticia del combate al ruido nos fue muy placentera y más aún haber advertido que en realidad se había comenzado a combatirlo. No obstante, no parece que se estuviera atacándolo conforme corresponde. Seguimos siendo tercermundistas y víctimas de una caterva de irresponsables, descarados y malvados que se empeñan en ensordecernos.
Al paso que vamos, no demoran ya en lograrlo.
Por si la Autoridad Nacional del Ambiente no lo sabe, le informamos que en otras latitudes donde hay gente civilizada, las autoridades, conscientes del daño que significa el ruido para la población, la protegen con ahínco. En Australia, no solo se prohíbe abusar de la bocina de los autos, sino que, para sus habitantes, es una ofensa que el conductor de otro lo presione con la suya. En Inglaterra, también es prohibido el uso del claxon innecesariamente. En Israel, es tan severo el castigo de quien escandaliza pitando en su auto, que se lo decomisan.
Hemos dicho antes, y lo repetimos ahora, que si el ruido excesivo puede causar dolor de cabeza, angustia, desvelos, alteración de los nervios, del ritmo y funcionamiento anormal del corazón y puede conducir a una total sordera, según afirman los médicos, quien lo produce debe ser perseguido y procesado por haber actuado contra la salud pública.

101 años de Panamá América

 
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